Buenos Aires.— Para los investigadores de los crímenes de Sebastián Forza,
Damián Ferrón y Leopoldo Bina ya no quedan dudas: el triple homicidio está relacionado con el
hallazgo de un laboratorio de drogas sintéticas que narcos mexicanos tenían en Ingeniero Maschwitz
y que se proveían de efedrina a través de las víctimas. En ese marco, el juez federal de
Zárate-Campana, Federico Faggionato Márquez, impulsó anoche seis allanamientos (cinco en el centro
porteño), entre ellos una escribanía en la que Forza hacía contratos de sus sociedades.
En tanto, ayer volvió a declarar la viuda de Forza, Solange Bellone,
quien reconoció ante el juez que su esposo conocía desde hace cinco años a Luis Tarzia, el
argentino detenido en la casaquinta de Maschwitz junto a 9 mexicanos. Y dijo que ella los vio
juntos en reuniones.
También declaró ante el juez un allegado a Forza, bajo identidad
reservada, quien reconoció a Tarzia en una foto, con lo cual queda demostrada la existencia de una
relación entre el argentino detenido junto a los narcos mexicanos y Forza.
La hipótesis más fuerte que manejan los investigadores es que
Forza actuaba como nexo con los mexicanos para conseguir efedrina, sustancia que era utilizada como
precursor de las drogas sintéticas. Incluso, se sospecha que la intención era que por sus
conocimientos en el rubro laboratorios los ayudara a comprar una droguería en quiebra para ponerla
en regla y utilizarla como pantalla para importar efedrina y llevarla a México, donde el uso de esa
sustancia fue prohibido.
Recambio. En cuanto al rol desempeñado por Manuel Poggi, el ex funcionario de la
municipalidad de General Rodríguez detenido en la causa de los narcos, el miércoles fue allanada la
fábrica de aceites para cueros F&S Group con la que el hombre tenía estrecha relación.
Ayer, el abogado de esa empresa, Roberto Babington, se presentó ante la
Justicia y dijo que entre diciembre y marzo exportó varios tambores de aceite a México y Belice, a
través de un despachante de aduanas y a instancias de un grupo de empresarios mexicanos para
abastecer a una empresa de su país. Pero otros envíos se hicieron sin intermediación del
despachante y la mercadería hizo una escala en el depósito que había alquilado Poggi. Allí, se
sospecha, se vaciaban los tambores de aceite y se ponía la efedrina.
El letrado sostuvo que los mexicanos tenían intenciones de instalar una
distribuidora de aceites en la Argentina para venderlos directamente a su país. Lo que para la
pesquisa era montar una ventana para elaborar y exportar la droga sintética. (Télam/DyN)

































