Policiales

Mataron de un tiro a un remisero cuando estacionaba el auto frente a su casa

Miguel Angel Gómez, de 51 años, fue asesinado el sábado a la noche por dos personas que se le acercaron. Sus allegados no saben por qué pasó.

Lunes 20 de Enero de 2020

Apenas bajó del auto, a Miguel Angel Gómez lo llamaron por su nombre. El remisero de 51 años llegaba a su casa del barrio Latinoamérica el sábado a la noche cuando fue abordado por dos personas que le efectuaron un disparo en la cabeza y escaparon sin robarle nada. Tenía el celular y las llaves en la mano al caer sobre el pavimento de Amenábar al 2700, frente a la torre donde convivía con su madre. "Era una excelente persona. No pongan que fue un ajuste de cuentas porque no tenía vicios ni broncas. No sabemos por qué lo mataron y ojalá la Justicia lo descubra", dijeron amigos reunidos en la cuadra donde lo asesinaron, la misma donde solían conversar con él.

El crimen ocurrió a las 21 del sábado. El remisero vivía en el barrio que se alza 200 metros al sur de Ovidio Lagos y 27 de Febrero. Convivía con su madre en un departamento de una torre baja de cuatro pisos y rodeada por un sector parquizado con ventanas que dan a Amenábar al 2700, donde termina el complejo. La vereda de enfrente da paso a una hilera de casas bajas con árboles al frente y algunos comercios.

Dos a pie

Esa noche Gómez tenía previsto cenar con amigos y al llegar estacionó sobre la mano derecha su auto Volkswagen Surán con el que trabajaba como remisero de manera informal, ya que según sus conocidos no trabajaba en ninguna agencia. De acuerdo con los datos reunidos en la investigación a cargo del fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, en ese momento se le acercaron dos personas a pie y lo encararon al lado del auto.

Según consta en la pesquisa, un testigo escuchó que los desconocidos llamaron a Miguel por su nombre. Entre los vecinos consultados nadie escuchó una amenaza o una exigencia típica de un robo. Lo que siguió fue un solo disparo que ingresó directo a la cabeza del remisero. El plomo entró de frente y salió por detrás del cráneo. Gómez quedó tendido sobre el pavimento cerca del vehículo, casi en el medio de calle. Murió allí mismo.

Los atacantes escaparon, al parecer en un auto. Los investigadores presumen que podrían haber estado en la zona a la espera de que llegara la víctima, se acercaron caminando al verlo estacionar en la cuadra y luego escaparon en el mismo vehículo en que habían llegado. En el caso intervino el Gabinete Criminalístico de la policía, que ordenó el relevamiento de cámaras y comenzó a tomar testimonios, además de otras medidas "para dilucidar la motivación del hecho" que se mantenían "en reserva".

"No sabemos"

Un quiosco de la cuadra donde ocurrió el crimen era ayer a la tarde el punto de encuentro de vecinos, familiares y conocidos de Gómez, a la vez conmovidos y reticentes. "Era un loco laburante, vivía con la madre. Nosotros no sabemos qué pasó. Lo atacaron cuando terminaba de laburar", dijo uno de los pocos allegados dispuestos a hablar con este diario, en un clima de cierto recelo. "Vivía acá enfrente y trabajaba por su cuenta. De la nada vinieron y le pegaron un tiro. No le robaron ni nada", agregó.

Una mujer que dijo ser amiga de la víctima "desde hace 40 años" lo recordó como "un ser solidario que no tenía vicios ni broncas, lo más que tomaba es agua". Y fue tajante al recomendar "que no digan que fue un ajuste de cuentas" porque "se pudieron confundir de persona".

Según indicó, Gómez no trabajaba para una agencia sino que lo hacía por su cuenta. "No era remisero para cualquiera. Te llevaba porque te conocía. Era la persona más sana que existía sobre el planeta. Lo confundieron y se la dieron", consideró, en la misma vereda donde una cinta de vallado policial con la inscripción de "peligro" enmarca dos bloques de césped, a pocos metros de la escena del crimen.

En la misma línea, los testimonios reunidos en el legajo fiscal describían a la víctima como alguien sin conflictos. La hipótesis de robo en principio está descartada porque se constató que el remisero tenía las llaves de su casa y el celular en la mano. "No le faltó ninguna pertenencia: lo llamaron por su nombre, le dispararon y se fueron", resumió la mecánica del ataque una fuente de la pesquisa, donde se consignó que nadie en el barrio escuchó más de un sólo disparo.

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