"Yo sabía que este hombre podía terminar así", repetía el mediodía de ayer un
vecino de barrio Jardín mientras contemplaba desde la vereda de enfrente la casa de Sánchez de
Loria al 900 donde horas antes habían asesinado a Alfredo Camaño, un jubilado de 85 años que fue
hallado asfixiado y maniatado. Según la policía el motivo del crimen fue el robo. De la casa, toda
revuelta, faltaban unos pocos pesos y algunas alhajas.
Camaño vivía solo en la casa de Sánchez de Loria 983, a la altura de Mendoza al
8100. Algunos vecinos contaron que hacía diez años que había llegado a la barriada de clase media
desde los Estados Unidos, donde había estado radicado durante unos 30 años. Cuando se afincó en el
barrio Jardín, el hombre ya se había separado de su esposa y estaba alejado de su único hijo, que
decidió iniciar una nueva vida en México.
La salud del jubilado estaba quebrantada, dijeron tanto las fuentes como los
vecinos. Sufría de diabetes y, al parecer, un derrame cerebral reciente lo había hecho trastabillar
algunas veces. Un vecino que se gana la vida como taxista contó que lo había visto en varias
ocasiones desplomarse al suelo mientras caminaba por avenida Mendoza.
El hallazgo. Quien vio por última vez a Camaño fue su mucama. Eso ocurrió el
sábado a las 21.30 cuando la mujer dejó la casa. Pero ayer a la mañana regresó para realizar los
quehaceres domésticos, alrededor de las 11.15. Entonces se encontró con la puerta del frente
entreabierta y supuso lo peor. Por eso decidió llamar a la policía antes de ingresar.
Una patrulla del Comando Radioeléctrico arribó a la casa y apenas entraron, los
agentes vieron el cuerpo sin vida de Camaño en el piso, en uno de los extremos de una habitación.
Estaba boca abajo, envuelto en frazadas y tenía las manos atadas atrás con trozos de sábanas. "Lo
sujetaron y lo taparon con frazadas hasta ahogarlo", explicó el jefe de Homicidios, Daniel
Leiva.
El cadáver, según el oficial, no presentaba golpes a simple vista, sólo algunas
marcas por el arrastre del cuerpo. Después, los uniformados recorrieron la vivienda y divisaron un
tremendo desorden en el dormitorio y en otros ambientes de la propiedad. Cajones revueltos y ropa
tirada por el piso completaban la escena.
Les abrió la puerta.Los pesquisas están convencidos de que Camaño le había
franqueado el paso a él o los autores del crimen porque la puerta principal de la vivienda no
estaba forzada pero sí abierta. La casa tiene dos ingresos a los que se llega después de atravesar
un patio delantero cubierto. Y a un costado, separado por una gruesa cadena, hay un jardín con dos
arbustos. A las 13 de ayer, una luz tenue asomaba en ese patio.
Después de recorrer la propiedad, los policías de Homicidios y de la
subcomisaría 22ª descubrieron que había desaparecido una cantidad no precisada de dinero y algunos
anillos y alhajas de Camaño. "El hombre no tenía ahorros en la casa y vivía con una jubilación
mínima", explicó un oficial que sigue de cerca la investigación del caso.
Ayer, algunos vecinos recordaron no sólo que la salud del jubilado asesinado era
frágil. También memoraron su vida ermitaña desde que llegó al barrio. "Con nosotros casi no
hablaba", comentó una mujer. Hasta anoche, la policía no tenía pistas que conduzcan a él o los
autores del crimen. Sólo tenían una certeza a partir del primer examen forense: a Camaño lo mataron
entre la noche del sábado y las primeras horas del domingo.