Policiales

Matan a un chico de un tiro y atribuyen el asesinato a los "transeros" del barrio

Gabriel Bustos tenía 19 años. Fue ultimado ayer al mediodía por un hombre que iba en una bicicleta y huyó en un auto que lo esperaba.

Jueves 18 de Octubre de 2018

Gabriel Gustavo Bustos tenía 19 años y era uno de los tantos chicos del barrio Santa Lucía que buscaba una oportunidad. Como una paradoja del destino participaba del plan "Boomerang de Sueños" que se impulsa desde el centro de salud para brindar a los vecinos herramientas de integración, socialización y la transformación de su realidad. Pero una bala que se le incrustó en el pecho le quitó la vida ayer a la mañana y lo privó definitivamente de moldear su destino.


Tras discutir con una persona, que estaría identificada y también reside en ese barrio del sudoeste rosarino, el chico fue asesinado en un territorio del que parece complejo arrancar los males que lo perturban hace años.

En bicicleta

Según los primeros datos aportados por testigos y fuentes oficiales todo se desencadenó a las 11 de ayer en Estudiante Aguilar al 7700, en inmediaciones de Riobamba y Donado. Allí, a metros de su casa, Gabriel se encontraba con un amigo cuando una persona se acercó, lo increpó y de inmediato sacó un arma y le disparó al pecho.

Mientras el tirador abandonaba una bicicleta en la que supuestamente se trasladaba y, según versiones, se subía a un auto de alta gama que estaba de apoyo para que huyera, Gabriel fue cargado por dos amigos que lo llevaron alzado agonizante al centro de Salud de Santa Lucía, referencia institucional del barrio. Quienes se toparon con el inesperado cuadro fueron dos médicos, dos enfermeros, un odontólogo y un administrativo, así como unos pocos pacientes en la sala de espera.

Conmoción y contención

Allí murió Gabriel, en el mismo espacio donde buscaba torcer su destino. "Era muy querido acá, activo y participaba en el plan Nueva Oportunidad. Estamos conmocionados, dolidos y movilizados. Ahora sólo pensamos en contener a familiares y amigos", dijo a este diario una referente del centro de salud (ver aparte).

Es que a las 14.10, cuando este diario llegó al lugar, el cuerpo de Gabriel todavía yacía inerte dentro de la dependencia donde murió a la espera de que el médico forense hiciera su trabajo y los trámites de rigor. En la vereda el clima no era el mejor. Vecinos embravecidos y apesadumbrados se arremolinaban junto a un pequeño árbol cuya copa protegía del sol al padre del chico asesinado y a sus familiares.

Devastado y abatido, Luis Bustos estaba sentado en una silla mientras sostenía su cabeza con ambas palmas de las manos y recibía el pésame de vecinos. Cada tanto desanudaba la garganta con tragos de agua. El hombre no tuvo medias tintas al contar los motivos del crimen.

"Una mañana unos vecinos que son transas se levantaron y nos culparon de que habíamos levantado de la calle un arma que se les había caído a ellos. Lo culparon a mi hijo, pero nada que ver. Lo que pasa que nosotros los denunciamos por narcos un montón de veces ante el fiscal Ponce (por Gustavo Ponce Ashad)", vociferó el hombre.

Trascartón arrojó su análisis de un barrio que no escapa a la lógica de otros enquistados en la periferia rosarina y que suma cadáveres. "Ya no se puede vivir más, estábamos planeando irnos a un pueblo. El que le disparó es amigo de los transas. Después de gatillar tiró la bicicleta y lo levantó un auto de alta gama. Ellos lo mandaron a matar. Mi hijo era a un chico buenísimo, no tenía ni tatuajes, tampoco antecedentes. No le deseo a nadie perder a un hijo", intercalaba mientras una mujer le acariciaba el cabello.

"Tierra de nadie"

Con una mezcla de indignación y estremecimiento, vecinos aprovechaban para canalizar críticas a la política de seguridad y describieron parte de la dinámica cotidiana con la que conviven. "Decile al ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro que venga a las 12 de la noche acá, es tierra de nadie. Que se deje de decir boludeces. Por los tiros y los robos los chicos no pueden jugar en la plaza, no podés esperar el colectivo. Está lleno de transeros".

La bronca les brotaba en un momento caliente. Una chica muy joven arrojo un diagnóstico sobre el pasado y presente de esa zona castigada por la violencia. "Hace 24 años que vivo acá, este barrio es una mierda", sentenció con cierta resignación en un escenario dominado por varios móviles policiales y vecinos.

Denuncia

Si bien los motivos del crimen son materia de la investigación del fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, un vecino arrojó una hipótesis inquietante: "Gabriel y el padre fueron a denunciar a los narcos a la subcomisaría 22ª y el jefe le pidió que identificaran los búnker, pero para recaudar, porque no hizo nada. Ahora mataron al chico. ¿Qué pensás? Está claro que lo asesinaron por eso, alguien lo marcó", sostuvo sobre las posibles causas del crimen.

Ayer había un sospechoso de unos 25 años identificado pero la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones (PDI) esperaba confirmarlo a través de algunas evidencias concretas, principalmente la declaración de testigos que lo vieron efectuar un solo tiro y sin mediar palabra contra Gabriel. En la zona donde ocurrió el hecho no hay cámaras de vigilancia a las que se pueda recurrir para reconstruir la mecánica del crimen.

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