Pablo Leguizamón tenía 16 años y era hijo de un carnicero de barrio Ludueña. La
madrugada de ayer fue asesinado de catorce puntazos asestados por un criminal que demostró un hábil
manejo del arma blanca y que le propinó todas las heridas en el lado izquierdo del cuerpo, desde la
cintura al cráneo. El maleante, según los pesquisas, habría ingresado a la vivienda donde dormían
la víctima y su familia con fines de robo. Sin embargo no se llevó ni dinero ni objeto alguno. Y
eso es un punto aún oscuro y misterioso para la investigación. También lo es para los Leguizamón.
"No entendemos qué pasó, este tipo destruyó nuestra familia", relató Lucas, el hermano de 21 años
del chico asesinado.
En la vereda de la carnicería "La familia", de Provincias Unidas y Esquiú,
podían observarse ayer a la mañana todas las postales del dolor. Sentado en el umbral del comercio,
Lucas era contenido por vecinos y amigos. Unos metros más allá, tres chicas allegadas a la familia
lloraban en silencio con la mirada clavada en la nada que encarnaba el pavimento de la avenida.
Sobre Esquiú, un grupo de adolescentes de entre 15 y 16 años hacía guardia a su manera esperando la
hora de ir al velatorio. Ninguno de ellos desentonó a la hora de hablar de Pablito, el chico
acuchillado en un hecho que si bien es investigado por la policía como una tentativa de robo tiene
la mecánica de un crimen a sangre fría, de una venganza.
Nadie sabe por qué. "Cerrado por duelo. Los restos de Pablito serán velados en
cochería Oeste de San Lorenzo y Perú", decía el cartel pegado en la puerta de la carnicería de los
Leguizamón. Pablo era el más chico de seis hermanos de una familia que hace cuatro años llegó desde
la ciudad de Formosa en busca de un mejor porvenir en el negocio al que siempre se dedicaron. Y en
Rosario abrieron dos locales en Ludueña: uno en Provincias Unidas y Esquiú, donde residen en una
vivienda de planta alta; y el otro en Junín y Solís.
"Pablo era un buen chico. Ayudaba a mis viejos en la carnicería y estudiaba en
una secundaria de La Florida. Tenía su moto, sus amigos y no se metía con nadie", relató Lucas.
"Era un loco bueno, muy jodón. No tenía problemas con nadie. Nosotros salíamos todos los sábados a
bailes que hacemos en distintas casas porque no vamos a los boliches", bosquejó uno de los amigos,
de entre 15 y 16 años, que estaban en la esquina de la carnicería. "No era para que le hicieran
eso, no se merecía un final así", reflexionó otro pibe del grupo.
Ventanal roto. De acuerdo a lo que pudo reconstruirse a partir de testimonios,
en la vivienda ubicada sobre la carnicería de Provincias Unidas y Esquiú vivía Pablo junto a sus
padres y un primo llamado Ariel, de 18 años. Normalmente, los dos jóvenes dormían en una habitación
de la planta baja, mientras en la casa de alto estaban los mayores.
Pero algo rompió con la rutina el lunes por la noche y Pablo se quedó a dormir
en el comedor de la planta alta, a dos metros de un ventanal que da a un patio terraza y a unos
metros de la habitación de sus padres. Su primo, en tanto, bajó y durmió en su habitación de
siempre. Ese era el escenario en la casa aproximadamente a las 2 de la mañana cuando sucedió el
trágico hecho.
"Lo que contó mi mamá es que alguien rompió un vidrio del ventanal y sorprendió
a Pablo cuando dormía. Lo apuñaló y después se fue. No sabemos qué pasó o por qué", relató ahogado
por la angustia Lucas.
La secuencia que analizan los investigadores comenzó con la rotura del vidrio de
la planta alta. Cuando el maleante ingresó se topó con Pablo, que se incorporó al escuchar el
ruido. El agresor, que tenía un cuchillo de unos 15 centímetros de hoja, atacó al joven con furia y
destreza. El cuerpo tenía seis puntazos profundos de unos cuatro centímetros y ocho heridas corto
punzantes. Todas de la cintura hacia arriba, sobre el lado izquierdo. Al menos dos, en la cabeza y
la nuca.
Mientras Pablo se tambaleaba y su mamá encendía la luz para ver qué pasaba, el
maleante —vestido con buzo con capucha de color claro— huyó por donde entró: el vidrio
roto en el ventanal. En tanto, Pablito alcanzó a decir unas pocas palabras y se desvaneció. Los
gritos de la madre hicieron hilachas la calma de la madrugada. Ariel subió la escalera velozmente
mientras el papá de Pablo se asomó al patio y disparó tres veces con un revólver calibre 38 para
ver si alcanzaba al asesino. Luego llamaron al 911 y a una ambulancia del Sies. "La ambulancia
nunca llegó. A mi hermano lo metieron en un patrullero, y cuando llegaron al puente de Sorrento ya
estaba muerto", contó Lucas. "En el puente se interceptó a una ambulancia privada y el médico
diagnóstico que el muchacho había fallecido", indicó un vocero.
La secuencia de la fuga del matador continuó por el patio-terraza de la casa y
descolgándose sobre calle Esquiú, donde hay un taller mecánico. Luego, estiman los pesquisas,
habría huido en una bicicleta que lo aguardaba con un cómplice. No robó nada y arrojó el cuchillo
en la casa luego del hecho. El misterioso caso es investigado por la comisaría 12ª y la sección
Homicidios de la Jefatura bajo la tutela de la jueza María Luisa Pérez Vara.
Allanamiento
Anoche, pesquisas de la comisaría 12ª realizaban un allanamiento en una casa de
la zona noroeste de la ciudad en busca del presunto autor del crimen de Pablo Leguizamón. "Tenemos
un dato concreto que permitiría esclarecer el hecho y sus motivaciones", aseguró un vocero sin
querer profundizar sobre el tema.