Nilda Alvarez nunca reaccionaba ante los golpes de su esposo. Pero el 9 de agosto de 2014 pasó algo distinto. A él no le gustó la música que estaban escuchando sus hijos y empezó a golpear en la cabeza al menor, de 15 años, pese a que tenía una placa en la cara por una operación reciente. "Basta Armandito que me lo vas a matar. Basta por favor que está operado", rogó la mujer, que intervino por primera vez en más de veinte años. Su hijo mayor se sumó en su defensa y todo terminó con la muerte a puñaladas de Armando Jesús Ferreyra, un operario de Acindar de 45 años.
En junio pasado madre e hijo fueron condenados a 12 años de prisión pero días atrás terminaron absueltos: un tribunal entendió que el caso no puede analizarse por fuera del contexto de violencia de género que marcó la historia familiar.
"Ha sido la desesperación por la convalecencia de Leandro lo que marcó una diferencia en quienes no habían reaccionado nunca", dijo en el fallo la jueza de la Cámara Penal Carina Lurati con el voto coincidente de Guillermo Llaudet. El tercer integrante del tribunal, Carlos Carbone, se abstuvo de emitir opinión.
Para los jueces el homicidio de Ferreyra no puede desligarse de lo que fue una vida signada por los golpes sufridos por su esposa y sus dos hijos. En ese marco, no advirtieron en el ataque una agresión planeada y conjunta, sino una reacción en legítima defensa que no merece reproche penal. Por eso Nilda, de 49 años, y su hijo mayor Armando Ramón, de 25, fueron absueltos con argumentos que se detallan en esta nota.
Furia
El crimen ocurrió en la casa familiar de San Luis 11 bis de Villa Constitución donde estaban el matrimonio, sus dos hijos y un amigo de los chicos que se retiró al comenzar la golpiza. Ese chico contó que el enojo de Ferreyra padre, apodado "Patalín", se desató porque su hijo menor se puso a tocar cumbia con el teclado. "Cómo vas a tocar eso si yo estuve toda la noche tocando chamamé", reclamó. "Ya te ponemos música en el pendrive, papi", contestaron los hijos, pero la respuesta no lo conformó.
Enfurecido, el hombre arrojó contra un sillón a su hijo menor, rompió cosas y golpeó contra los muebles al mayor. "Otra vez no, papi, ya somos grandes", le dijo el más chico llorando mientras era golpeado en la cabeza. El padre lo tomó fuerte del cuello y comenzó a golpear un cuchillo contra la mesa. Al escuchar los gritos intervino Nilda. "Vi que golpeaba con la cuchilla y pensé que lo apuñalaba a mi hijo. Lo agarró de los pelos y no lo soltaba. Le dije «basta Armando, me lo vas a matar, está operado, por favor»", contó la mujer en el juicio oral contra ella y su hijo mayor realizado en junio pasado en los tribunales de Villa Constitución.
En ese momento ella tomó de los pelos a su marido para que soltara a su hijo y lo golpeó en la cabeza con lo primero que encontró a mano, que fue una chaira. Entonces Ferreyra atacó a la mujer, que quedó con lesiones comprobadas, y le pegó un puñetazo en la boca. Según la reconstrucción de los hechos que realiza el fallo, fue entonces cuando Armando hijo intervino en defensa de su madre y agredió al padre con la misma cuchilla que éste había golpeado contra la mesa.
Como lo habían hecho otras veces ante episodios de golpizas —incluso descalzos y de madrugada— Nilda y sus hijos se fueron de la casa. En el piso del comedor quedó tendido Patalín, a quien policías del Comando Radioeléctrico encontraron con dos heridas de arma blanca en la zona derecha del tórax y la base del cuello, además de una lesión contuso cortante en la cabeza y un golpe en el pómulo derecho. Más tarde regresó Nilda y contó lo que había pasado.
Contexto
Para las defensas de madre e hijo, ese final empezó a gestarse más de veinte años atrás. Muchos testimonios dieron cuenta de que Patalín siempre fue violento con la mujer e hijos. Ella incluso había realizado denuncias, se había de su casa con sus hijos, había pedido ayuda y la Justicia había dispuesto una prohibición de acercamiento pero ninguna medida alcanzó.
En junio pasado el tribunal integrado por Mariel Minetti, Griselda Strologo y Jesús Rizzardi hizo lugar al pedido de la fiscal Valeria Pedrana y los condenaron a 12 años de prisión como coautores de homicidio calificado por el vínculo. Es decir, en función del contexto les dieron una pena atenuada para un delito que prevé prisión perpetua.
"De las 76 páginas del fallo sólo un párrafo hace mención a la situación de violencia", cuestionó a apelar el defensor oficial Facundo Principiano, asistido por Melisa Andreatta de la unidad de apoyo a juicios orales de la Defensa Pública. Para el equipo quedó demostrada la existencia de violencia de género dentro del ámbito conyugal, donde "se observan las características históricas de desigualdad de poder entre varones y mujeres y las características propias del ciclo de violencia en el que se encontraba inmersa Nilda desde hacía tiempo".
Ese "marco situacional" es el que, para los jueces de Cámara, no puede eludirse al analizar el caso. Fue esencial el testimonio del amigo de los chicos que antes de irse vio "una pelea iniciada por el padre contra el menor, luego continuada contra el mayor". Según ese relato, "la actitud de los hijos era defenderse, no atacar. Una situación de resignación propia del que se deja golpear aunque tenga más fuerza, por costumbre, para que termine rápido el problema. Incluso del que siendo más joven es capaz de llorar y decir «basta, papi»".
Reacciones
Para el tribunal estas son "situaciones propias de lo que hoy se trata en convenciones internacionales sobre violencia de género o violencia familiar a las que países como el nuestro han llegado demasiado tarde". Los jueces consideraron además que la declaración de Nilda Alvarez "fue descarnada. Cuenta sus errores. Cuenta sus culpas. Se culpa de haber enseñado a sus hijos a obedecer a su padre a costa de golpes". Entendieron que su reacción se explica porque su hijo más chico estaba muy vulnerable, a causa de una operación reciente, y ella reaccionó en su defensa ante el peligro que representaba para él sufrir golpes en la cabeza.
Los jueces concluyeron que fue Armando quien causó las heridas con el cuchillo a su padre, pero entendieron que "lo hizo para salvar la vida de su madre y su hermano ante la agresión brutal de su padre, con el medio que tuvo a su alcance. No puede hablarse de coautoría en ninguna de sus formas. Es un caso en el que la violencia de género ha marcado profundamente a los actores".
fallos. Nilda y su hijo fueron condenados en junio en Villa Constitución,. Días atrás la Cámara los absolvió.