"Conmigo no vas a joder más", se escuchó claramente en el patio de la pensión de
1º de Mayo 4652, en la zona sur de la ciudad. "Me mataste, loco; llamá una ambulancia", fue la
respuesta que llegó de inmediato. La mala relación que dos vecinos del lugar mantenían desde hacía
un tiempo explotó la noche del 24 de marzo de 2007 y terminó en una pelea y de inmediato en un
asesinato. Una puñalada en el abdomen acabó con la vida de Alejandro Ramón Zalazar y casi un año y
medio después el autor de aquella advertencia, Daniel Rodríguez, fue condenado a 9 años de prisión
por homicidio simple.
El fallo fue dictado en estos días por el juez de Sentencia Nº4 de los
Tribunales provinciales, Julio Kesuani, quien estableció que la acción de Rodríguez no fue casual
ni defensiva, y que al tomar a su víctima desarmada "no existió situación real de peligro inminente
y grave para el acusado". La resolución no está firme, ya que el abogado defensor del imputado, que
había pedido su absolución, presentó una apelación ante la Cámara Penal para que sea revisado.
Todo mal. Las cosas entre Zalazar y Rodríguez estuvieron mal desde el principio,
es decir desde que el ahora sentenciado llegó al conventillo de 1ª de Mayo al 4600, un mes antes
del violento episodio, para ocupar una pieza ubicada al lado de la que alquilaban Zalazar y su
mujer. El acusado, que en ese momento tenía 45 años, declaró durante el juicio que su vecino "era
prepotente" y que "siempre andaba matoneando a la gente". También que solía poner música a todo
volumen, especialmente de noche, lo que le impedía dormir tranquilo.
Rodríguez aseguró que en un par de oportunidades le pidió a Zalazar que
modificara su comportamiento. Pero, según sus dichos, recibió como respuesta insultos y hasta
amenazas. Además contó que el hombre ultimado andaba siempre "drogado" y que era "matón y
prepotente".
Advertencia. Aquel sábado de marzo de 2007, poco después de las 20, Rodríguez se
encontraba en el patio de la pensión. Según se pudo reconstruir durante el proceso judicial, lavaba
unos cubiertos y un plato de madera en la pileta existente en el lugar cuando llegó Zalazar. No
hubo testigos directos de la pelea. Vecinos de la pensión escucharon algunos gritos y la
advertencia que lanzó Rodríguez. "Vos estás acostumbrado a matonear a la gente, conmigo no te las
va llevar de arriba, no vas a joder", sonó claro y fuerte en el patio de la vecindad.
Rodríguez sostuvo en su testimonio que fue Zalazar el que se abalanzó con la
clara intención de golpearlo. "Yo tenía un cuchillo de cocina que estaba lavando en la pileta
cuando se me vino encima. No tuve intenciones de matarlo, sólo quise asustarlo", contó el acusado
ante el juez.
Linchamiento. Zalazar, al verse herido de gravedad, alcanzó a decir: "Me mataste
loco, llamá una ambulancia". Tuvo fuerzas para separarse de su agresor y salir a la calle. Pero se
desplomó en medio de la calzada. Lo llevaron en una ambulancia del Sies al Hospital de Emergenicas,
pero falleció en el camino. Un grupo de vecinos presenció esa escena y alcanzó a divisar al
agresor, por lo que decidieron hacer justicia por mano propia. Una lluvia de piedras, botellas y
otros objetos contundentes comenzó a caer sobre la pensión y la pieza de Rodríguez.
Asustado por la turba, el homicida intentó escapar por los techos, pero a los
pocos minutos fue detenido por la policía. El hombre no se resistió y entregó el cuchillo. Aseguró
que no intentó escapar sino salvarse de un linchamiento. "Me querían matar. Yo quería ir a la
comisaría".
El juez Kesuani, al momento de evaluar las pruebas y los testimonios, sostuvo
que la versión de Rodríguez en cuanto a que la puñalada fue accidental, no tenía sustento. "El
imputado se encontraba armado con un cuchillo de cocina al producirse el abalanzamiento mientras
que la víctima estaba desarmada, situación que lleva a pensar que no hubo una situación real de
peligro".