"Abrí viejo de mierda", dijo Jorge C. que le dijeron los dos jóvenes que la noche del domingo intentaron ingresar en su casa de pasillo de Sorrento al 700. Según esa versión, el hombre de 69 años que, ya les había advertido a los intrusos que llamaría a la policía, extrajo una pistola por la ventana y realizó un único disparo tras el cual los hombres se escaparon corriendo. Dos horas después, al escuchar el revuelo en la vereda de su casa, se enteró de que uno de ellos —luego identificado como Nahuel Sebastián Aldana— había muerto y decidió contar lo ocurrido a la policía. En principio, a entender del fiscal Patricio Saldutti, el relato del jubilado coincide con indicios recabados en la escena que, en principio, encuadran el hecho en un homicidio en legítima defensa.
Cerca de la medianoche del domingo un móvil del Sies arribaba al lugar donde un joven yacía sobre el pavimento herido de gravedad. Los médicos constataron que había fallecido y que tenía un disparo de arma de fuego en el costado izquierdo del tórax. Luego fue identificado como Nahuel Sebastián Aldana, con domicilio en el asentamiento Los Pumitas del barrio Empalme Graneros.
Según se pudo reconstruir a partir de fuentes judiciales, a la escena arribaron varios móviles policiales e incluso familiares del joven muerto. El personal policial ya estaba realizando las primeras pericias cuando un hombre se asomó a la puerta de su casa de pasillo y le hizo señas a una mujer policía. La empleada se acercó y el vecino le contó que dos horas antes habían ingresado dos personas con intenciones de robo, que él había efectuado un disparo de arma de fuego y entonces los intrusos se escaparon a la carrera. En ese momento, según le dijo a la uniformada, no sabía qué había pasado con ellos.
El vecino, Jorge Omar C., permitió el ingreso de la policía a su casa, autorizó a los efectivos a requisar el lugar y les entregó una pistola Bersa calibre 22, un cargador y una caja con casi cien cartuchos. Luego fue trasladado a la comisaría 30ª de Superí al 2400, donde quedó demorado durante unas horas hasta que el fiscal ordenó su libertad.
Relato
Al ampliar su declaración Jorge C. comentó que él estaba durmiendo cuando escuchó ruidos y se asomó. Entonces, según su relato, vio que había al menos dos hombres que intentaban forzar una ventana de su casa, adentro del pasillo.
El hombre contó que les gritó para que se fueran y les dijo que iba a llamar a la policía. Entonces, según declaró, los jóvenes le gritaron “abrí viejo de mierda”. Eso motivó al dueño de casa a sacar su arma por la ventana y disparar. Agregó que entonces los presuntos ladrones se fueron corriendo y por eso él pensó que no los había impactado.
Para los investigadores la versión del vecino coincidió con la única vaina servida levantada en el pasillo debajo de la ventana por la que dijo haber sacado el arma para disparar. Además en el pasillo se encontraron gotas de sangre que dan a entender que, en principio, el joven asesinado estuvo en ese lugar y con intenciones de robo.
A partir de esos indicios que para el fiscal Saldutti otorgan veracidad al relato del homicida y califican el hecho como un crimen en legítima defensa se decidió que Jorge C. quedara en libertad aunque con una causa por la tenencia de arma de fuego de uso civil de la cual dijo tener papeles que al cierre de esta edición no había aportado.
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Sin embargo, indicaron fuentes de la Fiscalía Regional, la investigación continuará. En caso de que la pesquisa corrobore el relato del vecino la causa por homicidio será archivada por tratarse de un caso de legítima defensa. Pero si surgieran elementos que indiquen que la mecánica no fue cómo contó Jorge C., en tal caso podrían llegar a imputarlo y solicitar su prisión preventiva.