Diego Alejandro Celentano tenía 33 años y se ganaba la vida como taxista. El miércoles salió a la calle con el vehículo para "hacer un mango más" y así poder mantener a su familia, compuesta por su pareja, Cintia, y una nena de 4 años. En sus últimas horas del día recibió la notificación de un viaje a través de la empresa en la que prestaba servicios y aceptó tomarlo. Qué pasó después es lo que intentan establecer las investigaciones. Lo cierto es que encontraron su cuerpo con una bala en la cabeza, en la zona sur de la ciudad, cerca de las piletas del Saladillo. Fue una ejecución a corta distancia la que terminó con los sueños y proyectos que tenía por delante. Un crimen que replicó la misma mecánica del asesinato de un compañero el día previo. Dos taxistas asesinados en dos días con demasiados puntos de contacto entre los casos.























