Policiales

Inspector municipal fue imputado de matar a su pareja tras quemarla

La mujer de 41 años sufrió quemaduras gravísimas, quedó en estado crítico y antes de morir agonizó durante quince días, entre noviembre y diciembre de 2014.

Miércoles 15 de Julio de 2015

Un empleado de la Municipalidad de Rosario de 51 años quedó acusado de homicidio doblemente calificado por el vínculo, porque la víctima era su pareja y por estar enmarcado en un claro caso de violencia de género, luego de rociarla con un elemento combustible y prenderla fuego. La mujer de 41 años sufrió quemaduras gravísimas, quedó en estado crítico y antes de morir agonizó durante quince días, entre noviembre y diciembre de 2014.

El hecho nunca trascendió hasta que hace unos días el imputado fue detenido tras un minucioso trabajo de la fiscalía que reunió sólidas evidencias para acusarlo. En ese marco, una jueza consideró que la autoría del crimen tiene "holgado sustento" con vistas "a un juicio seguro con probabilidad pena efectiva" y ordenó su prisión preventiva.

Golpes. Fueron muchas discusiones, sometimientos, malos tratos y golpes que recibió Carmen Ramona Sisa. Tantos que ya tenía varios bolsos preparados con sus prendas para escapar de ese infierno. Pero un día antes de su cumpleaños, el 27 de noviembre de 2014, protagonizó el último y trágico capítulo de la turbulenta historia que la ligaba a Emilio Gabriel U., un empleado municipal alistado en Control Urbano con categoría de inspector que había conocido un año atrás y con quien compartía techo en una vivienda de Entre Ríos al 4000.

La mujer tenía tres hijos mayores de su matrimonio anterior y se ganaba la vida como moza y ayudante de cocina en un bar de Mitre y 3 de Febrero. Precisamente, sus compañeros de trabajo habían advertido que desde que estaba en pareja con U. Carmen no era la misma; su semblante había cambiado, se la veía triste, con la mirada perdida, perturbada. El tiene una causa penal abierta por violencia doméstica contra su ex mujer y es hermano de un policía provincial (ver aparte).

Intención. Según la pormenorizada acusación que hizo el fiscal de Homicidios Miguel Moreno en una audiencia que duró dos horas, el día de la agresión el inspector municipal roció con sustancia combustible y prendió fuego a Carmen en toda la parte superior del cuerpo "con intención de darle muerte".

Después el propio U. trasladó a la mujer al Hospital Roque Sáenz Peña. Según el acta policial la paciente ingresó a las 23.15 acompañada por su pareja, que argumentó que ella se había autoinfligido el daño al rociarse con alcohol. "Todo fue porque la mujer quería mudarse por los constantes malos tratos físicos y psíquicos que sufría", describió el fiscal.

Al día siguiente, el 28 de noviembre, U. se presentó a trabajar como si nada a las 6 de la mañana en el Hospital Carrasco, donde estaba asignado como custodio. Allí se hizo atender por una médica que le diagnosticó quemaduras en el brazo derecho con evolución de 12 horas, y donde dijo que había sido quemado con alcohol.

Una vecina aportaría luego que vio a U. parar un patrullero policial en el cual llevó a su pareja al hospital y no en un auto particular. Moreno remarcó la irregularidad, ya que ante el supuesto accidente desconoció protocolos de emergencia como esperar la ambulancia del Sies, algo que debía conocer por su condición de funcionario municipal.

Por la gravedad del cuadro Carmen fue derivada a las pocas horas al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Allí estuvo internada durante dos semanas con graves lesiones en tórax, brazos, parte de su cara y dorso de las manos, con quemaduras tipo A y AB. Tras agonizar varios días, falleció el 12 de diciembre de 2014 por una infección generalizada con complicación en vías respiratorias. Nunca pudo contar qué pasó ese día porque siempre estuvo inconsciente.

Evidencias. Las evidencias para llegar a la conclusión de que U. atacó a su mujer y no fue ella quien quiso autoflagelarse, como se trató hacer creer en un primer momento, se sustentaron en los resultados científicos de los informes médicos forenses, autopsia, pericias de bomberos y el testimonio coincidente de los hijos de la víctima, compañeros de trabajo y vecinos. Más de 15 testigos ilustraron los avatares de una relación marcada por la violencia.

La autopsia determinó que la mujer sufrió heridas típicas de un ataque con un material combustible, con "signos fehacientes de muerte violenta, quemaduras extensas y en su mayoría profundas, afectadas entre un 40 y 50 por ciento".

"Observo lesiones compatibles con el mecanismo de que una persona rocía a otra con una sustancia inflamable y le prende fuego", indica informe oficial que constata que las quemaduras en el dorso de las manos de la víctima demuestran un mecanismo típico de defensa para cubrirse la cara de las llamas.

Para los médicos Carmen no quiso hacerse daño. Probaron que de haber sido así, en esos patrones de conducta generalmente se tiran líquidos inflamables de "alto contenido químico" como nafta o querosén, que chorrean de la cabeza hacia abajo, lo cual produce quemaduras de gran extensión corporal en la nuca, hombros, espalda, glúteos.

En este caso no fue así. La víctima no tenía daños en la parte posterior del cuerpo, sólo de frente, con el rostro salvado por sus manos, con quemaduras "de formas anchas, irregulares, como un mapa geográfico" en grados A, AB y B, típicas de haber sido "rociada con una sustancia solvente" (alcohol o desodorante) con carbonización de vello y cabello". A esa evidencia científica también se sumó la pericia de bomberos sobre prendas y distintos elementos hallados en la casa.

Episodios. Todos los testigos recordaron distintos episodios de sometimientos físicos y psicológicos a los que era sometida Carmen por su concubino, a quien apuntaron como alcohólico y con tendencia al consumo de estupefacientes. En ese sentido el fiscal enumeró el relato de al menos tres empleados del bar donde trabajaba Carmen.

"Al principio parecía que estaba bien, pero luego se fueron a vivir juntos y ella comenzó a venir golpeada. Me contó que Emilio le pegaba, entonces ella armaba los bolsos para irse pero no podía. Lo perdonaba porque él le hacía regalos", contó una compañera.

También dijo que el inspector le hacía permanentes escenas de celos. "La iba a buscar al trabajo porque creía que ella se iba a con otro. Siempre le hacía escenas de celos que terminaban con Carmen golpeada. Yo le decía que se separara porque se la notaba triste. El se drogaba y la empezaba a agredir, pero también tomaba. Una vez me contó que la quiso ahorcar”, dijo el testigo sobre la charlas que mantenía con la mujer fallecida.

   Otra compañera fue más elocuente. Contó que Carmen estaba tan controlada que ya ni contestaba los mensajes. Que él no la dejaba ver a los hijos y decía que sus compañeras de trabajo eran unas prostitutas. También relató que la ha visto en el bar con moretones en el brazo y marcas en el cuello. Me dijo que el día que la ahorcó fue porque no le gustó la comida y le tiró el plato. Tenía la mirada perdida, triste y hablaba poco”.

Descargo. A la hora de hacer su descargo, U. no aportó demasiadas precisiones. En un relato desordenado, dijo que todo comenzó porque habían discutido “en el centro”, pero nunca aportó detalles de la supuesta autoflagelación. Es más, dijo que la quiso ayudar al querer apagar el fuego con una frazada. Que ella nunca estuvo inconsciente, que “se puso crema y se cambió para ir al hospital”.

   Moreno pidió que se acuse al inspector como autor de homicidio doblemente calificado por el vínculo y por haber matado a una mujer ejerciendo violencia de género.

   En tal sentido el fiscal solicitó prisión preventiva para U. La jueza Marcela Canavesio hizo lugar, no sin antes advertir algunas cuestiones.

De género. “Tengo presente —sostuvo la jueza— que el contexto que rodea la comisión del hecho encuadra en violencia de género. La valoración de la evidencia, conforme la sana crítica, indican que se trata de hechos cometidos en la intimidad, fuera de la mirada de terceros. Pero se logra la reconstrucción histórica por indicios múltiples y concordantes”.

   Destacó “la evidencia científica” donde los médicos oficiales dan “adecuada razón a cada una de sus afirmaciones, en forma concordante, sobre que es imposible que esas heridas hayan sido autoinfligidas”. Y destacó que el acusado reconoció que ese día “sólo estaba él y su pareja en la vivienda”.

   Más aún, le cuestionó la convocatoria de un móvil policial para llevar a la mujer a un hospital, “actitud propia de alguien que quiso encubrir un hecho”.

   La magistrada advirtió que el grave delito que se le achaca al acusado prevé prisión perpetua. Por ello y por el daño causado, la peligrosidad probatoria y la gravísima entidad del hecho atribuido, le corresponde imponer la prisión preventiva sin plazos.

   A las graves evidencias que acumuló el fiscal resta agregar una pericia psiquiátrica de Emilio Gabriel U. y un informe del del Instituto de la Mujer de la Municipalidad de Rosario que aborda la problemática de la violencia de género.

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