Apenas le sacaron las esposas, Jeremías Paulazzo se acodó en un escritorio en actitud alerta ante el trámite abreviado que iba a firmar. Eran 8 años de prisión por el resonante robo en banda a una joyería y otros dos golpes en viviendas del country Funes Hills. Todo parecía encaminado, pero su empecinamiento para que no le decomisen un auto que lleva secuestrado más de un año hizo naufragar el acuerdo. "Este trámite no puede prosperar", decretó el juez Carlos Leiva tras escuchar las protestas del acusado, que en vano intentó dar marcha atrás. "Quería zafar el auto, vamos a firmar", ofertó en el último minuto Paulazzo, pero ya había perdido.
Así se cayó el juicio abreviado que ayer presentaron los fiscales Juliana González y Nicolás Foppiani con la defensora pública Silvana Lamas. Paulazzo estaba dispuesto a firmar, e incluso quiso cerrar el acuerdo ya rechazado cuando los custodios lo retiraban esposado de la sala. Ahora las partes pueden intentar un nuevo abreviado o encaminar la causa a juicio.
Paulazzo, de 34 años, está preso en la Unidad 3 de Riccheri y Zeballos. En 2003 fue condenado a 10 años de prisión por el homicidio del comerciante Humberto Folch, cometido en 1999; y en 2008 sumó otra pena a 3 años y fue declarado reincidente. Tras ser detenido por el robo a la joyería, en junio de 2015 participó de una fuga masiva de la comisaría 24ª de Granadero Baigorria. Al mes fue detenido en un departamento de Moreno y Brown con otros dos hombres acusados del golpe en Funes Hills. Uno de esos hombres, el cordobés Ricardo Dimas Romero, firmó horas más tarde un abreviado a 5 años y medio de cárcel.
"Preste mucha atención", le dijo el juez al inicio de la audiencia, como se estila en estos trámites donde es vital el consentimiento del imputado para que el abreviado prospere. Paulazzo respondió con un informal "okey" y entonces los fiscales comenzaron a leer el acuerdo.
Los hechos
El primero de los episodios data del 25 de marzo de 2015, cuando tres asaltantes entraron a MG Joyas, de Maipú 1062, luego de trepar a un tinglado vecino y saltar a un patio interno.
La banda realizó un boquete en dos puertas y al entrar amenazó de muerte a dos empelados, un hombre y una mujer, a quienes encerraron atados y amordazados en el baño. Acopiaron más de 8 kilos en alhajas de oro y una cantidad similar de aros, pulseras y collares de plata y acero quirúrgico, además de mil pesos de la caja y dos mil pesos de los empleados. A los veinte minutos se disparó la alarma y entonces desataron al empleado para obligarlo a que la desactivara. Lo golpearon en una oreja y se fueron por la puerta en un Volkswagen Gol Trend blanco que los estaba esperando.
A los diez días Paulazzo fue detenido con otros tres hombres en una casa de Pujato al 7800 donde se encontró gran parte de las joyas robadas. Pero el 16 de junio de 2015 se evadió de la comisaría 24ª y al mes cayó por los robos en el barrio privado San Marino, ubicado en el complejo Funes Hills.
El sábado 25 de julio una banda de entre cinco y siete personas violentó el cerco perimetral del barrio privado y tras usar una ganzúa entró en dos casas donde las víctimas dormían. Llevaban pistolas y una ametralladora. En una vivienda robaron joyas, celulares y 4 mil pesos. En otra, 10 mil pesos y 20 mil dólares.
El auto no
El acuerdo que iba a cerrarse ayer le otorgaba 8 años de prisión por robo calificado con armas no halladas cometidos en poblado y en banda, evasión y privación ilegal de la libertad. Además imponía la retención de un Honda Civic del detenido que lleva más de un año secuestrado, a fin de afrontar gastos del proceso y resarcir a los damnificados.
"¿Sí o sí se tiene que entregar el auto?, exclamó Paulazzo. "Porque si bien no tengo un trabajo en blanco para justificar, yo lo compré en la calle de revoleo", agregó. El juez convocó entonces a las partes a su despacho y se aclaró que esa medida no era un decomiso, sino el pago de una multa de 90 mil pesos que impone la condena. Paulazzo insistió: "Tengo una esposa y un hijo de un año y medio que no tienen para comer, no tienen para venir a verme. Yo les quiero dejar el auto para que lo vendan o lo pongan de remís porque a mí me dejaron en Pampa y la vía. Si usted no me lo decomisa se lo voy a agradecer", volvió a la carga.
Entonces el juez dictaminó que el abreviado no podía prosperar: "No puede haber un acuerdo a medias tintas". Paulazzo aclaró que no estaba en desacuerdo con la pena y quiso recomponer la situación, pero ya era tarde.