El jueves 3 de septiembre de 2020 Brandon Miguel Angel “Tartita” Soraire, de 20 años, se topó con la muerte. Fue en Cerrillos al 3900, en el barrio Vía Honda. Brandon caminaba junto a su pareja y el hijo de la mujer por el pasaje Cerrillos al 3900. Se metieron por uno de los pasillos de la cuadra y se cruzaron con otros dos jóvenes con los que al parecer la víctima habría tenido problemas desde hacía tiempo. Tras un áspero diálogo, Brandon se agarró a trompadas con uno de ellos. Cuando todo hacía pensar que ahí había terminado, a uno de los atacantes le acercaron un machete con el que corrieron a a Soraire hasta cazarlo. Entonces lo ajusticiaron a machetazos.
En proceso un abreviado, Facundo Agustín Lugo y Edgardo Facundo Albarado asumieron esta semana haber perseguido, golpeado y asesinado a Soraire. Lugo fue condenado a la pena única de 12 años de prisión mientras que Albarado recibió una pena unificada de 14 años, que incluyó otro hecho por abuso sexual simple. Los condenados tienen 21 años.
El tribunal integrado por Román Lanzón, Hebe Marcogliese y Paola Aguirre homologó el procedimiento abreviado presentado por el fiscal Alejandro Ferlazzo y los defensores de Lugo y Albarado. Ambos fueron detenidos un mes después del crimen, en octubre de 2020. Los condenaron como coautores del delito de homicidio simple. Albarado sumó al abreviado un hecho un hecho de abuso sexual simple con aprovechamiento de la inmadurez sexual de la víctima, por violar al menos tres veces a una chica de 13 años. En una audiencia preliminar que se llevó a cabo en noviembre de 2021 el fiscal Ferlazzo había solicitado para ambos una condena a 20 años de prisión.
El asesinato de Soraire ocurrió en Cerrillos al 3900, frente a la canchita en la que ya “casi nunca se juega a la pelota”, según semblantearon varios vecinos en distintas crónicas en este diario. La canchita es un emblema de un enorme asentamiento que se despliega en el rectángulo formado por bulevar Seguí, Avellaneda, Uriburu y Felipe Moré. Un barrio sumido en la pobreza, dominado por el narcomenudeo, impenetrable para el desconocido y bajo fuego por los conflictos callejeros. Un lugar al que los medios de comunicación se arriman sólo cuando pasó algo malo, aunque noticioso, y uno de los puntos más violentos del sudoeste rosarino.
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“¿Qué onda?”
El crimen de Tartita se dio en pleno confinamiento social y obligatorio ordenado por el gobierno nacional por el sostenido avance del coronavirus. De acuerdo con la reconstrucción fiscal que se realizó en las audiencias previas a la sentencia, la tarde de su muerte Soraire se cruzó con dos personas con las que tenía una vieja enemistad. Uno de los jóvenes le dijo a Brandon: “¿Qué onda «Tartita»? ¿Todo bien o todo mal?”. Soraire le contestó: “Todo bien, o como vos quieras”. Tras el encontronazo verbal la pareja siguió su camino. Dejaron al hijo de la joven en su casa y regresaron por el mismo pasillo, donde una vez más se cruzaron con los dos muchachos que volvieron a insistir para que Soraire picara: “¿Por qué me mirás así? ¿Tenés algún problema?”, le preguntaron.
Ante esa situación Brandon contestó que no tenía problemas. Pero no se amilanó y redobló la apuesta. “Como vos quieras, todo bien o todo mal”, les dijo. Entonces uno de los jóvenes que lo había interceptado se le puso de frente. La novia de la víctima les pidió que se fueran pero una provocación del contrincante hizo que Soraire volviese sobre sus pasos y se agarrara a piñas. En ese momento de una de las casillas del lugar salió el abuelo de Lugo con un machete y se lo dio a su nieto. Entonces los dos jóvenes comenzaron a correr a Brandon.
Lugo y Albarado empezaron a atacar a Soraire con machetazos, lo hirieron y lo hicieron caer. Sin embargo el muchacho logró reincorporarse y continuó corriendo para intentar entrar en la casa de un familiar. En la puerta volvieron a pegarle y Brandon cayó al piso, donde fue atacado nuevamente con el arma blanca. Incluso, según un testigo, uno de los agresores portaba un machete y el otro un arma blanca. Brandon fue herido en la cabeza, el pecho y el abdomen. Sus familiares lo llevaron al Hospital de Emergencias pero no logró sobrevivir. Tras la noticia de su muerte, allegados a Soraire prendieron fuego a la vivienda de uno de los atacantes. El abuelo de Lugo fue imputado como partícipe necesario del crimen.