Diego Torres y Adrián El Gordo Apio, detenidos por su vinculación con el
homicidio de Roberto Pimpi Camino, declararon ayer a la mañana ante el juez que investiga el hecho
y después recuperaron la libertad. Sin embargo ambos seguirán vinculados a la causa imputados de
encubrimiento agravado. De esta manera, de las siete personas que fueron apresadas en el inicio de
semana, sólo dos siguen tras las rejas y a disposición del juzgado de Instrucción 9, a cargo de
Javier Beltramone. En tanto, el magistrado espera que la policía encuentre a Orlando Daniel El Toro
Gutiérrez, copropietario del bar frente al cual se perpetró el homicidio y por ahora prófugo en la
causa.
A pesar de que el juez Beltramone se ampara en el secreto de sumario para
mostrarse hermético en las declaraciones, distintas fuentes comentaron que tanto Torres como Apio
se mostraron dispuestos a hablar y responder todas las preguntas que el magistrado y el fiscal
Eduardo Valdes Tietjen le formularon. Incluso, se supo, "ambos ratificaron y ampliaron lo que ya
habían dicho en las informativas ante la policía".
El Gordo Apio, quien había hablado con LaCapital el miércoles, antes de
entregarse en Tribunales, "relató detalladamente su vínculo con Roberto Camino" y ratificó que "él
sabía que Pimpi había sido amenazado por un tal Japo (allegado al círculo íntimo de la víctima) por
una presunta deuda", sostuvieron allegados a la causa.
En ese sentido, el imputado recordó ante el juez que conoció a Camino hace unos
cinco años en la cancha y que desde entonces trabaron una amistad que se profundizó cuando, en
2007, se encargó de cuidarlo durante casi 50 noches en el sanatorio céntrico donde Pimpi fue
internado después de ser baleado a la salida de un bar de España y Santa Fe. Asimismo, reconoció
que la madrugada del viernes 19 de marzo estuvo junto a Camino en el bar Ezeiza, de Servando Bayo
1484, hasta el mismo momento del crimen.
Tras relatar que no pudo ayudar a su amigo baleado porque se descompensó a raíz
de su diabetes, Apio contó como lo hizo a este diario, que PImpi "estaba preocupado por las
amenazas que le había hecho Japo", con quien el miércoles anterior al crimen la víctima había
estado reunida y mantuvo una discusión que habría sellado su destino.
El más claro. En tanto, Diego Torres hizo "una de las declaraciones más claras"
que haya escuchado el juez, según dijeron sus allegados. "Se acordó de todo lo ocurrido la noche
del homicidio, con lujos de detalles". En ese sentido, el muchacho recordó haber conocido a Pimpi
en el paraavalanchas de Newell's cuando el ex barrabrava asesinado comandaba la barra brava y
"describió a Camino como un líder".
Al ser interrogado sobre lo ocurrido en el bar Ezeiza, Torres contó que "apenas
escuchó los disparos salió a la calle y corrió hacia calle Zeballos porque hacia allí le dijeron
que había huído el sicario, pero que no alcanzó a ver a nadie". Y que junto a otro joven al que
apodan Leo y un tercer hombre de quien no trascendió el nombre subieron a Pimpi al BMW de la
víctima para llevarlo al hospital. "Intentó conducir pero como el auto tiene caja automática no lo
pudo hacer y se pasó al asiento de atrás en el que estaba Camino", refirieron los voceros.
Torres también recordó que "cuando llegaron al hospital Carrasco (a siete
cuadras del bar) no los querían atender porque estaban de paro y que se enfrentó con un par de
enfermeros, les arrebató una camilla y la sacó a la calle para cargar a su amigo" para volver a
ingresar a la guardia y "exigir que lo atendieran" cuando ya no había nada que hacer por la vida de
Camino.
Lo que no trascendió es si Torres supo explicar qué pasó en el tiempo
transcurrido entre el ataque a Pimpi y su llegada al hospital, un período aún oscuro en el que
presuntamente alguien "lavó la escena y recogió algunos elementos de prueba".
Unos y otros.Al igual que Apio, Torres recuperó la libertad en las primeras
horas de la tarde de ayer aunque sigue vinculado a la causa bajo la imputación de encubrimiento
agravado. Quienes también están libres pero siguen bajo investigación, son el sargento Alejandro
Angelito Negro Urquiza, quien reconoció haber estado el bar Ezeiza hasta media hora antes del
crimen pero no ser el que convocó al lugar a Pimpi; y Natalia y Florencia, dos jóvenes que dijeron
estar junto a sus novios en el lugar y que salieron a la calle a fumar un cigarrillo minutos antes
de que Camino hiciera lo mismo, discutiera con unos hombres que lo acompañaban y apareciera el
sicario que le disparó los cinco tiros mortales.
Finalmente, quienes siguen detenidos e imputados de ser partícipes necesarios
del homicidio son Raúl Barrionuevo, policía exonerado y copropietario del bar Ezeiza; y Paola O.,
esposa de Orlando El Toro Gutiérrez, el otro dueño del boliche y prófugo de la causa.
En cuanto al devenir de la investigación, ayer un abogado ligado
profesionalmente a varios de los imputados, dijo a este diario que "a partir de todas las
declaraciones tomadas, que son pocas si se tiene en cuenta que en el bar había unas 30 personas y
sólo delcararon menos de 10, se van fortaleciendo dos o tres hipótesis en torno al crimen". Y
agregó que "todas esas hipótesis, en mayor o menor medida, tocan a la policía ya sea por acción u
omisión".