La Sala II de la Cámara Penal de la ciudad bonaerense de La Plata confirmó el procesamiento del rosarino Mario Roberto Segovia como líder de una asociación ilícita que dirigía desde la prisión donde purga condena por el tráfico de efedrina y que tenía como finalidad no sólo traficar estupefacientes sino también armas de guerra de uso prohibido y explosivos que acopiaban, fabricaban y armaban para su comercialización en distintos domicilios de esta ciudad.
La resolución lleva las firmas de los jueces Carlos Alberto Vallefin y Roberto Agustín Lemos Arias, quienes confirmaron el fallo de primera instancia dictado en septiembre del año pasado por el Juzgado Federal 2 de Lomas de Zamora y que alcanza además a Ezequiel Hernán Bergara, Gonzalo Rodrigo Ortega, Hernán Jesús Segovia, Matías Agustín Segovia (cuñado, hermano e hijo respectivamente del llamado “rey de la efedrina”) a todos los que se les trabaron embargos por sumas que van desde los 20 hasta los 40 millones de pesos.
De acuerdo al dictamen judicial, el “Clan Segovia” actuó al menos desde septiembre de 2016 y hasta sus detenciones en julio de 2021 y obtenía los materiales bélicos que ingresaban al país por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en piezas desarmadas mediante distintas encomiendas compradas a empresas en distintas partes del mundo. Luego, con las partes en su poder, fabricaban explosivos y armas de guerra de uso prohibido, particularmente fusiles AR15, y que llegaban a Rosario por vía terrestre, todo ello bajo la planificación y dirección de Mario Roberto Segovia desde el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza.
En ese marco, cuando se realizaron los allanamientos tras una investigación que se inició a partir de datos que quedaron en la memoria de una tablet que Segovia tenía a su disposición en el penal bonaerense, pudieron secuestrarse en una casa de Conscripto Carrasco al 4500 (uno de los domicilios de Hernán Segovia) tres trozos de trotyl (TNT) que pesaron 120 gramos y que es un explosivo apto para vulnerar vigas, paredes, muros perimetrales, elementos constructivos o vehículos. Además allí se encontraron tres trozos de cordón detonante de pentrita y ambos materiales fueron categorizados por los peritos de la causa como “alto explosivo de seguridad”. Entre lo secuestrado en esa finca también se contó un arma de fuego con su cargador y siete municiones, dos partes metálicas de un sistema de mira telescópica, una caja con veintiséis cartuchos calibre 12/70 antitumulto y proyectiles de otros calibres aptos para ser utilizados.
En otro domicilio usado por Hernán Segovia los investigadores secuestraron otras partes de miras telescópicas, una carabina semiautomática calibre 5.56 con su cargador y varias municiones.
>> Leer más: Procesaron al "Rey de la efedrina" por tráfico de explosivos y armas de fuego
Asimismo, en una casa de Álvarez Condarco al 400 bis donde residían Matías Segovia y Gonzalo Ortega se incautaron dos chalecos-mochilas antibalas, 96 iniciadores para artefactos pirotécnicos catalogados como de “venta controlada” por lo cual sólo pueden ser comercializados y utilizados por personas capacitadas e inscriptas para tal fin en la Administración Nacional de Materiales Controlados, baterías, plaquetas electrónicas, transistores y reguladores de voltaje. Además fueron secuestradas plaquetas para la producción de pulsos de temporización de alta precisión, circuitos integrados para la reducción de ruidos de señales y brindar estabilidad a otros dispositivos y circuitos decodificadores de señal de control remoto como así también un cargador para fusiles AR15/M4 calibre 5.56, cargadores de pistolas Glock y gran cantidad de material utilizado en electrónica y literatura centrada en la fabricación y manipulación de explosivos y armas.
Además de la acusación por la importación indebida de todo ese armamento, el clan fue acusado por el acceso ilegal a correos electrónicos cuyo dominio corresponde al gobierno de la provincia de Formosa que, haciéndose pasar por sus legítimos usuarios, utilizaban para hacer las transacciones internacionales de compra de los elementos secuestrados como un fusil semiautomático sin marca ni numeración calibre 5.56 que llegó al país por piezas separadas, silenciadores de armas de fuego, piezas de otras armas y municiones de distintos calibres, algo que hacían en forma habitual e ilegal con fines de comercialización.