"¿Por qué no me devuelven el celular?", reclamó enérgica Pierina M. cuando al
fin atendieron el teléfono que tres ladrones le habían sacado esa mañana tras inmovilizarla junto a
su esposo y su nieto, golpearlos y atarlos para sustraer dinero de su casa de Correa. "Señora,
detuvimos a los que se lo robaron", respondió al otro lado de la línea un policía que acababa de
apresar a dos hermanos por la tenencia de un revólver y, por obra de ese oportuno llamado,
descubrió que además estaban implicados en un asalto. A dos años de esa detención fruto del azar,
ahora los hermanos deberán cumplir 19 y 21 años de cárcel por la pena de aquel robo sumada a
condenas previas.
Esas son las penas unificadas que fijó la jueza de
Sentencia Carina Lurati al finalizar el juicio contra Néstor Edgardo Ordóñez, de 28 años y
sentenciado a 21 de cárcel, y su hermano menor Omar Adolfo, de 25, a quien le correspondieron en
total 19 años de encierro. Como los dos registraban condenas anteriores fueron declarados
reincidentes, lo que les impedirá acceder a la libertad condicional.
Seis años atrás uno de ellos, Adolfo, participó del fatal
asalto a un local del barrio La Florida en el que un hermano de ambos murió abatido al enfrentarse
con el hijo del dueño, mientras que un vecino fue herido de muerte cuando quiso impedir la fuga de
los ladrones (ver aparte).
Los dos hermanos ahora condenados fueron detenidos en el
barrio Empalme Graneros la tarde del 17 de septiembre de 2007. Los apresaron a dos cuadras de la
comisaría 20ª cuando los policías buscaban a los autores de un reciente robo a un repartidor. A
Néstor le secuestraron un revólver calibre 32 y a su hermano tres celulares y la réplica de un
arma.
Mala suerte.
Otras dos pruebas halladas en esa
casa terminaron de hundirlos: una huella digital de Adolfo quedó impresa en una botella de Seven Up
y una marca de pisada se correspondía con el calzado que llevaba Néstor al ser detenido.
El robo fue alrededor de las 10 de
ese día en una casa de Alberdi al 1200 de Correa. Los ladrones aprovecharon cuando el nieto de los
dueños entraba a un galpón situado en la parte trasera de la propiedad, donde el muchacho
trabajaba. Lo derribaron de un rodillazo en la cintura y lo llevaron a la vivienda donde estaba su
abuela, Pierina M. Allí ataron a ambos y les exigieron dinero.
En ese momento llegó a la casa el
abuelo, José L. Los ladrones lo tiraron al suelo y le pegaron un culatazo que le causó un corte en
la cabeza. "No te muevas, no grites y dame toda la plata. A nosotros nos dijeron que ustedes
vendieron cereal y que la plata estaba acá", dijo uno de los ladrones.
Las maleantes revolvieron toda la
casa. En esa furiosa búsqueda uno de ellos se lastimó un dedo y tuvieron que vendarlo. Luego
tomaron gaseosa de la botella donde quedó impreso el dedo medio de la mano derecha de Adolfo
Ordóñez. Para la jueza Lurati no quedó "ninguna duda" de la responsabilidad de los hermanos.
Tuvieron la mala fortuna de que en la seccional de Carrasco al
2500 sonó uno de los aparatos y atendió un policía. Era la dueña del celular, quien llamaba para
reclamar su devolución. Así quedaron imputados del asalto ocurrido esa mañana en una casa de
Correa, a 57 kilómetros de Rosario, de donde tres hombres armados se habían llevado un revólver 22,
una pistola 9 milímetros, 3 mil pesos, tres celulares y cadenas de oro, tras golpear a un
matrimonio mayor y su nieto.
Penas en serie.
Adolfo, en tanto, fue sentenciado a 8
años de prisión por el asalto de Correa. También en su caso la pena se sumó a otra anterior: una
condena a 11 años de cárcel del juzgado de Sentencia 5 por el fatal golpe en el que murieron su
hermano y un empleado de comercio.
El menor de los Ordóñez estaba
cumpliendo esa pena cuando se produjo el robo en Correa, ocurrido mientras gozaba de una salida
transitoria de la cárcel. Ahora le fijaron una pena única de 19 años de prisión y, al igual que su
hermano, fue declarado reincidente.
Así, a Néstor le impuso 10 años de prisión por el robo y la portación
ilegal del revólver que llevaba al ser detenido. Tuvo en cuenta "el daño causado a las víctimas,
los golpes y el temor infundido". Lo declaró reincidente por segunda vez: aún debe terminar de
pagar una condena unificada de 11 años de cárcel por delitos contra la propiedad. En total, purgará
21 años.
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