Policiales

Buscó dos años a su padre hasta que le confirmaron que había muerto

Una prueba de ADN constató días atrás a quién pertenecían restos hallados en junio de 2017 en un descampado. Su hija reclama justicia.

Lunes 20 de Mayo de 2019

Sergio Ramos desapareció el 25 de febrero de 2017. Había sido internado unos días antes, el 12 de ese mes, luego de que un grupo de personas a quienes conocía entró a su casa de Barra al 3300 y lo golpeó. Del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez fue trasladado al Hospital Eva Perón, de donde se fue el 19 sin esperar el alta médica. Cuando sus hijas de un primer matrimonio lo fueron a buscar a la casa donde vivía con su familia no estaba. El hombre de 45 años nunca se había ausentado sin razón pero su mujer nada sabía de él. Las chicas lo buscaron en casa de amigos, en la de una mujer con la que solía verse, en hospitales, "por todos lados".

El 3 de junio de 2017 apareció un cadáver en un descampado de Cabín 9, en Pérez. Casi dos años pasaron hasta que el pasado miércoles 8 de mayo, y luego de un tardío análisis de ADN, al fin llegaron las pruebas finales: era Ramos. Pasaron más de 700 días desde el hallazgo hasta que el Estado le entregó a sus hijas los restos de su padre.

"Fue algo muy feo. En todo este tiempo en el que lo buscábamos él estaba muerto y sus huesos en la morgue. Yo reconocí el cuerpo, y por fotos, casi tres años después. Eran huesos y lo saqué por la ropa y la dentadura, le faltaban algunos dientes. No sé por qué tardaron tanto, podría haberlo visto cuando lo encontraron y lo hubiera reconocido igual. Como vi las fotos podría haber visto el cuerpo y reconocerlo, sin tanto dolor", se lamenta Gisela, la hija mayor de Ramos, mientras no sale de la rara angustia de comprobar que el cuerpo hallado era el de su padre.

Tiempo atrás

El 12 de febrero de 2017 Sergio Ramos fue baleado y golpeado en su casa de Barra entre Uruguay y Deán Funes en un oscuro episodio. Lo internaron en el Clemente Alvarez (Heca) y unos días después lo trasladaron al Eva Perón, de donde se fue sin esperar el alta médica. "Creemos que tenía miedo de que lo dejaran sin su casa, que le robaran todo o que lo mataran", dijo meses después a este diario su hija Gisela.

Ella es la mayor de los tres hijos que tuvo Ramos en su primer matrimonio. "Tuvo dos matrimonios y los más chicos son de otra pareja", dijo Gisela cuando La Capital la le hizo una nota en junio de 2017 y aseguró estar "medio sola en esto" de buscar a su padre.

Por entonces confesaba que no quería hacer la denuncia policial porque se le iban a "reír en la cara", ya que no creía posible develar el misterio sobre el destino de su padre y las supuestas implicancias que algunos hombres de la policía provincial pudiesen tener en el hecho.

La joven contó entonces que su padre "no tenía un peso" mientras abría, con silencios y temores, una página casi increíble de desapariciones, violencia y cruces con el narcotráfico del barrio, ganancias, deudas de juego, autos y vidas para nada fastuosas.

Sergio vivía con Adriana T., de 43 años, y atendían un almacén en Barra al 3300. La relación entre ambos no era buena, tenían discusiones casi todos los días y peleas por infidelidades mutuas. En aquella oportunidad Gisela contó que "cuando la esposa se fue de vacaciones a Mar del Plata ese verano de 2017, él se enganchó con una piba que trabajaba en la granjita familiar. Y la esposa se enteró. Pero ella hacía un tiempo largo que se veía con un hombre que creo que es policía e iba muy seguido a la granjita. Le dicen Maxi o algo así".

La última tarde

"Mi papá y su pareja tenían muchas deudas y él me dijo una tarde que esta mujer vendía drogas. Todos lo saben en el barrio y mi papá no quería que lo hiciera", contó hace dos años.

El 15 de septiembre de 2016, cinco meses antes de la desaparición de Ramos, los diarios informaban que un joven había fallecido esa tarde en la zona de Rouillón y Biedma luego de un enfrentamiento a balazos con un agente de la ex Drogas Peligrosas. El hecho se desató cuando un efectivo de civil estaba a bordo de una moto Honda Tornado roja estacionada en Rouillón y Biedma. Entonces llegaron al lugar dos chicos con una pistola 9 milímetros que quisieron robarles la moto. Ante ello el policía reaccionó, se enfrentó con los ladrones y mató a Nicolás "Chino" Blanco.

Ya entonces la hija de Ramos se había referido a ese episodio con datos precisos: "El Chino vendía cocaína, era soldadito y mi papá me dijo que trabajaba para su mujer", contó en aquella nota. A partir de las charlas con su padre, la joven cree que entendió la trama y que la mujer de su padre quiso matarlo —como el propio Ramos se lo confesara una tarde entre mate y mate— porque él se oponía a su negocio narco. Fue la última tarde que lo vio.

En junio de 2017 un esqueleto cubierto por un short y una remera gris desgastada por el paso del tiempo fue hallado en un zanjón tapado por la maleza, en inmediaciones de avenida Belgrano al 100 de la ciudad de Pérez, una calle paralela a la ruta 33. Fue descubierto por dos vecinos que enseguida dieron aviso a la policía.

La primera hipótesis fue que podrían ser los restos de Valentín Reales, un chico de 15 años que había desaparecido en noviembre de 2016 de su casa de Cabín 9. Sin embargo los restos no coincidían con los de un adolescente, por lo cual se descartó. Más de 700 días después el examen de ADN concluyó que era Ramos.

Dos balazos

Es mayo de 2019 y Gisela se repone de los días de búsqueda. "En todo este tiempo —se lamenta— no me informaron nada. Mi padre tenía dos tiros, uno en la pelvis y el otro en la cabeza. Fue asesinado y a su pareja Adriana nunca la citaron a declarar por esta muerte. Cuando le allanaron la casa no encontraron nada de mi padre; ni ropa ni ninguna señal. Ella dijo que se había ido, pero era mentira. Cuando denunciamos la desaparición de mi papá y lo que pensábamos que había pasado, y que ahora ya sabemos, le servimos el caso en bandeja a Fiscalía. Pero nunca nos llamaron".

Por su parte el fiscal Luis Schiappa Pietra, que tomó la causa luego de que Gisela denunciara la desaparición y supuesta muerte de su padre, se lamentó del tiempo pasado tanto en la demora de la denuncia como en los resultados y la tardanza del examen de ADN. "Tomamos la causa seis meses después, es muy difícil lograr prueba una vez transcurrido tanto tiempo. Y el ADN, salvo excepciones, suele tener demoras. Ella nos dio las descripciones y cuando apareció el cuerpo nos manejamos como si fuera el de Ramos, aunque no lo sabíamos hasta las pruebas del ADN", dijo el fiscal.

El fiscal se refiere, entre otros, a un allanamiento que realizado en octubre de 2017 por fuerzas federales en la casa y almacén de Barra al 3300 mientras buscaban a Ramos. Encontraron que en el lugar vendían drogas y había un templo umbanda en el que un perro adiestrado detectó manchas de sangre. Los pesquisas se llevaron demorada a la ex pareja de Ramos y propietaria del local. Incautaron medio kilo de cocaína, 68 mil pesos y 100 dólares, veinte celulares, handys, siete videocámaras, balas 9 milímetros, una cuchilla, una espada tipo katana y un Chevrolet Astra.

"En la parte de adelante de la casa allanada funciona un precario almacén que no condice con las siete cámaras de filmación que tiene en la entrada. En el interior se retiraron muestras de tierra y también muestras de sangre halladas", describió un vocero de la pesquisa luego de aquel allanamiento y recordó que el 30 de agosto de 2016 Adriana T. había denunciado a dos desconocidos en moto que balearon el negocio.

"Sigo buscando justicia por el crimen. Le pregunto a Dios por que es tan duro esto, que me dé fuerza para seguir. Voy a llevar a mi padre siempre en mi memoria y en el corazón y voy a seguir luchando hasta que se haga justicia y paguen los que le hicieron tanto daño. Le pude dar un entierro digno y hoy me toca decir que acá sólo existe la justicia divina y Dios les va a hacer pagar el sufrimiento de mi papá", escribió Gisela en su cuenta de una red social.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});