“Vos sos rati: no hagas nada y dame tu pistola”, fue la intimidación que recibió el
subcomisario Timoteo Aranda, subjefe de la comisaría 10ª, el domingo a la noche, de boca de uno de
los tres maleantes que irrumpieron en una parrilla del barrio Sarmiento mientras cenaba con su
esposa. El oficial no fue la única víctima del atraco. También a los 50 clientes que estaban en el
local los intrusos les robaron el efectivo y los teléfonos celulares que tenían encima.
El atraco ocurrió en la parrilla El Parral, un coqueto local situado en
el cruce de Sorrento y Mazza, enfrente del club Argentino. El negocio tiene un patio con mesas bajo
una pérgola cerrada con hojas de enredadera. Cerca de las 22 del domingo, el subcomisario Aranda
finalizó su trabajo en la seccional 10ª luego de concretar los últimos trámites de rutina, entre
ellos la requisa de los presos alojados en esa comisaría.
Aranda se encontró con su esposa y fueron al restaurante El Parral. Se
sentaron en una de las mesas. Entre los comensales estaba Piero Sommadossi, un comerciante de 44
años del rubro gastronómico. Lo acompañaba su esposa y sus dos hijas de 7 y 11 años.
A las 22.30, unos 50 clientes le entraban de lleno a sus platos cuando
tres hombres armados con revólveres llegaron al local. Sommadossi contó que los malhechores se
movieron con rapidez y movimientos bien coordinados. Uno de los ladrones se quedó en la puerta del
local oficiando de campana mientras que los otros dos ingresaron al local. Una vez adentro, uno de
los asaltantes, un muchacho de unos 27 años, se ubicó en el centro y su socio —un hombre de
unos 40 años— en uno de los extremos.
Entonces se dividieron las tareas previstas. El intruso más joven que
parecía “asustado” encañonaba a los parroquianos con un revólver mientras que el otro
maleante comenzó a barrer las mesas levantando las pertenencias de los clientes. “Tírense al
suelo, solamente queremos la plata”, exclamó el recién llegado. El subcomisario Aranda
también debió arrojarse al piso.






















