Unos de los policías que efectuó disparos en el incidente en que fueron asesinados dos jóvenes en Callao y Arijón el viernes pasado estuvo con carpeta médica por motivos psiquiátricos durante dos años y luego de cumplido ese lapso fue reintegrado a la fuerza en tareas de calle con restitución de su arma. No obstante, no habría sido quien realizó los tiros mortales contra las víctimas, en cuyos cuerpos se contabilizaron al menos doce impactos.
La información surge del seno del Ministerio de Seguridad y será oficiada al fiscal de Homicidios Dolosos Adrián Spelta, que tiene a cargo la investigación de la persecución que terminó con los homicidios de David Ezequiel Campos y Alejandro Emanuel Medina dentro de un Volkswagen Up gris el viernes poco antes del mediodía, en un caso que tiene todo el aspecto inicial de haber sido una ejecución sumaria. Es que según las pericias iniciales Campos recibió nueve impactos en su cuerpo mientras que Medina fue alcanzado por tres proyectiles. Asimismo todo indica que las armas que aparecieron en el auto se presumen plantadas por la policía para simular un enfrentamiento.
De los 19 policías que están identificados y bajo investigación preliminar hay por lo menos tres, en la pesquisa inicial en la que están pendientes la mayoría de las pericias relevantes, que ejecutaron disparos en la escena donde mataron a los jóvenes. El acta preventiva policial afirma que los efectivos dispararon como reacción a balazos procedentes del VW Up.
El que aparece más comprometido no es el policía que tuvo carpeta médica sino un policía de apellido B. que pertenece al Comando Radioeléctrico y con trayectoria de años en la fuerza. Este efectivo surge como quien, vaciando el cargador, efectuó los tiros de pistola calibre 9 milímetros que provocaron las muertes de Campos, que ocupaba el lugar del acompañante, y Medina, que iba como conductor.
A Campos la autopsia le detectó nueve orificios de entrada de bala en su cuerpo y cinco de salida. El que le causó la muerte fue un tiro en el pómulo que le atravesó la médula espinal. Medina, en tanto, recibió tres impactos. Ambos presentan los tiros en la zona lumbar, es decir por la espalda, como si se hubieran dado vuelta en sus asientos en el momento en que recibieron las ráfagas de balazos.
Uno de los policías que produjo disparos, según fuentes de la cartera de Seguridad, había participado años atrás en un tiroteo en Granadero Baigorria que terminó con una mujer policía asesinada. A raíz de la muerte de su compañera a este efectivo, de apellido E., le fue extendida una licencia por motivos psiquiátricos. Este sería el que manejaba la patrulla de la que se bajó el tirador principal.
Hay también un tercer policía que habría aparecido por un costado y al que, por lo que se presume, se le habría escapado un tiro precipitando así el brutal desenlace.
¿Un disparo accidental?
"En un contexto en el que están pendientes las pericias aún faltan explicaciones ajustadas. Pero una conjetura que surge es que ese disparo accidental pudo haber desencadenado la reacción del que terminó tirando. Lo que de ser así no implica ninguna justificación a esa conducta", indicó una fuente de la investigación.
El incidente que terminó en el doble asesinato de dos jóvenes trabajadores comenzó con un intento de detención del vehículo en un control en Gutiérrez y Grandoli que el conductor del VW Up evadió por razones aún no establecidas. Se inició entonces una persecución que duró 28 minutos, entre las 10.40 y las 11.08, hasta que el auto de los dos hombres llegó a Callao y Cazadores.
De acuerdo a las constancias de actas, al momento en que se inicia la persecución la Sección Motorizada irradió el código "Clave 5" que da cuenta de una situación de enfrentamiento lo que, según los investigadores, siempre logra efectos semejantes: orientar a las patrullas que están en la zona a concentrarse en el lugar de los hechos en la especial predisposición emocional que sugiere un tiroteo. En esa situación llegaron varias patrullas al lugar donde el VW de las víctimas ya se había detenido.
La medular cuestión a despejar es cómo fue que empezaron los disparos para lo que deben estar terminadas las pericias que el fiscal Spelta encargó al Gabinete Criminológico de la Policía Federal para que no fuera la misma fuerza provincial la que intervenga en las acciones preventivas. También se analizan los contenidos de las cámaras del 911. Fueron secuestradas las armas de puño de los 19 policías intervinientes, las armas largas que también portaban y los celulares. Se realizaron a todos dermotest con microscopio con barrido electrónico que determina sin margen de error quién efectuó disparos.
Ya está establecido que los tiradores no eran quienes venían en la persecución sino en patrullas llegadas con posterioridad. Los ejecutores les dispararon a las víctimas teniéndolos en frente y no desde atrás.
Fuentes del Poder Ejecutivo y del Ministerio Público de la Acusación dieron cuenta de que existen inconsistencias en las actas policiales.
Los consternados familiares de las víctimas declararon en la Fiscalía que se trató de un típico hecho de gatillo fácil, con armas plantadas a los jóvenes para simular un enfrentamiento inexistente, y preparan una marcha para exigir justicia el viernes 30 a las 18 en Arijón y Callao, lugar del incidente.