La historia de una familia de Funes puede ser la de cualquier inmigrante que sale de su país en busca de un horizonte mejor. Tania Granado y Matías Atencio, junto a sus dos pequeños hijos, llegaron hace un año a la ciudad de Cali, Colombia. La intención era probar suerte y de paso conocer. Los planes no salían mal, de hecho el mayor de los chicos a empezó la escuela. Pero en noviembre de 2019 decidieron regresar a Argentina, fundamentalmente porque extrañaban los afectos. Lo cierto es que en plena marcha en ómnibus, la pandemia por el coronavirus los sorprendió en el frontera con Ecuador.
“Cuando comenzamos el viaje de vuelta a Argentina, la situación en Colombia era de normalidad. Pero cuando llegamos a Ecuador, ese país ya había cerrado sus fronteras y no pudimos pasar”, contó a La Capital Tania desde un hotel en Bogotá.
Desandar el camino e intentar un viaje en avión desde la capital de Colombia fue el inicio de una sucesión de malos momentos, los mismos que sufrieron miles de argentinos varados por el mundo al declararse la pandemia. Tania asegura que por ahora ella, su pareja y los niños están bien de salud. “Estamos sanos, sin síntomas de la enfermedad, pero estamos en situación extrema. No tenemos dinero para los cuatro tickets de avión y el efectivo que nos queda nos podrá durar una semana”, dice la mujer.
La familia está viviendo “de prestado” en un alojamiento de Bogotá donde recayeron hace una semana.
La historia de Tania y Matías comenzó hace un año aproximadamente. La pareja y los niños salieron de viaje desde Funes en colectivo con destino final Colombia. Inicialmente era una travesía para conocer otros lugares. “Decidimos quedarnos en Cali. Estuvimos todo el año pasado allí. No nos dimos una gran vida, pero tampoco nos faltó nada. Sobrevivimos fabricando y vendiendo artesanías, somos trabajadores independientes. Estábamos bien al punto que anotamos al nene más grande, que tenía 7 años, en la escuela”, cuenta Tania.
La cosa no iba tan mal, pero según dice la mujer, en noviembre pasado decidieron organizar el viaje de regreso a la Argentina. “Comenzamos a extrañar y ya no aguantábamos estar tan lejos, por eso nos propusimos volver como objetivo para 2020”, agrega Tania. Ya en diciembre, la pareja decidió iniciar trámites, pero sin desatender lo que en Cali es una buena temporada de trabajo. Decidieron pasar diciembre y ya en enero de 2020 hacer todo para volver. Tania admite que demoró poco más de un mes en obtener los certificados de escolaridad de su hijo. Una vez que resolvieron los últimos detalles, abordaron un micro que los debía llevar como primera gran escala del viaje hasta Quito, la capital de Ecuador.
La llegda a la frontera se produjo el 13 de marzo y allí recibieron las primeras malas noticias. Si bien con relación a la pandemia, la situación en Colombia era normal, en el vecino país ocurría todo lo contrario. Las fronteras estaban cerradas, no se podía pasar por medios terrestres. Entonces, y tras permanecer tres días en la zona fronteriza, la familia de Tania tuvo que dirigirse hacia Bogotá, donde podrían tener la chance de volver en avión a Argentina. “Ahí empieza la odisea de verdad. En ese momento no vendían tickets, sólo reprogramaban vuelos con gente que ya tenía sus pasajes”, recuerda Tania.
El domingo 22 de marzo, Aerolíneas Argentinas les comunicó que ponía tres vuelos extras con un costo de 505 dólares. “No los pudimos abonar, somos cuatro y las formas de pago eran de una, tres y nueve cuotas con tarjeta y no teníamos a quién pedirle. Eran 2 mil dólares. Estuvimos varados con un grupo de 120 argentinos adentro del aeropuerto. El día número 7, el gobierno de Colombia ordenó desalojar el aeropuerto. Entonces, la autoridad del aeropuerto nos trasladó a todos a un hotel que está en el mismo predio. En ese lugar deberíamos estar hasta el 9 de abril. Pero el 4 nos avisaron que no teníamos más hotel y que debíamos irnos el 6”.
>> Leer más: Un rosarino atrapado en el infierno de Guayaquil cuenta que la solidaridad lo ayudó a subsistir
Tania comenta que a esa altura, la embajada argentina les informó que el 8 de abril habría un vuelo. A ella le dijeron que estaba en una lista de prioridad porque tenía menores. Eso significaba que le reservaban cuatro lugares para que pudiera comprar antes que los demás.
“Cuando entré a comprar los tickets ya valían 600 dólares cada uno, con las mismas condiciones de pago. ¿A quién le pido 9 mil dólares? Es imposible. Nos quedamos varados, sin recursos para sostenernos. Nos tuvimos que ir del hotel otra vez. Finalmente, el miércoles 8 de abril salió el avión. Me comuniqué con la Embajada para informarles que no tengo cómo mantenerme. Se comunicaron y me pagaron tres noches de un hotel que es el que estoy ahora. Pero fueron esas tres noches. Pasó sábado, domingo, lunes, martes. Hoy se nos terminan los recursos. Seguimos en el mismo alojamiento gracias a la dueña, que es una divina y nos hace el gran favor de no cobrarnos nada, pero se nos acaba el dinero”.
>> Leer más: Una rosarina lleva veintiocho días atrapada en un crucero en medio del Pacífico
Tania agrega que cuatro jóvenes oriundas de Casilda y Santa Fe enfrentan una situación parecida. Se trata de las hermanas Violeta y Mora Gentile, varadas en Mocoa Putumayo; Guiliana Ferraretto, en Cartagena de Indias, y Florencia Inés Pretto, en Cali.
“Ademas hay aproximadamente 300 argentinos varados en todo Colombia, familias enteras, niños, embarazadas, adultos mayores y gente con medicación, que no están recibiendo asistencia ni ningun tipo de ayuda", redondeó con un dejo de desesperanza la mujer.