Pandemia

La odisea de una mujer que quedó varada en Paraguay en plena pandemia de coronavirus

La mujer, de 75 años, se radicó hace 35 años en Rosario, viajó en marzo a ver a sus hermanas y ya no pudo regresar

Miércoles 12 de Agosto de 2020

A sus 75 años, Rosalina hace todos los años el viaje de por lo menos 16 horas que la separa de Carapeguá, una zona rural de Paraguay que está a 82 kilómetros de Asunción, donde viven sus hermanas. Con residencia en Rosario desde hace más de tres décadas, viaja sola hasta allí en colectivo para verlas. Este año hizo ese recorrido en febrero y nunca pudo volver a entrar al país por el cierre de las fronteras y el aislamiento social preventivo y obligatorio que comenzó a regir el 20 de marzo.

El problema es que allá cerraron antes”, señaló a La Capital Herminio Fernández, uno de sus hijos, que hasta llegó a viajar sin suerte un día entero en auto para buscarla. La preocupación de la familia no sólo se centra en el coronavirus, sino sobre todo “en el pedido constante de ella, que llorando ruega volver y que está con un cuadro de depresión que hace que ya ni le podamos hablar por teléfono”.

Desde que se instaló en la Argentina Rosalina viaja cada año a Paraguay a ver a sus hermanas. “Todas mujeres grandes”, cuentan sus hijos, que aclaran que su madre “estaba en perfecto estado de salud cuando viajó. Vive sola e incluso se fue sola en colectivo hasta Asunción, y allí hace un trasbordo de unas dos horas hasta la casa de la familia”, explican.

La fecha de retorno de Rosalina, ya jubilada en Argentina, era justamente en los días previos al 20 de marzo. Ante el cierre de las fronteras, que según indicó Herminio, “en Paraguay fue algunos días antes que en la Argentina, ya no pudo salir de allá, y después no podía tampoco ingresar acá”.

Si bien las primeras semanas “aguantó bastante”, desde hace ya un mes sus pedidos para volver a su casa, donde vive desde hace ya años, “son cada vez más desesperantes”.

“Ya no podemos ni siquiera hablar con ella. Sólo llora y pide volver. Sabemos que está cuidada, porque están sus hermanos y sobrinos, pero está deprimida y nos preocupa que ese cuadro se agrave”, agrega y hace escuchar los audios de los mensajes donde la mujer pide volver a su casa, y lo hace en guaraní, el idioma en el que habla con sus tres hijos y sus 15 nietos.

En estos cuatro meses, lejos de quedarse con los brazos cruzados, sus hijos intentaron más de una forma de lograr repatriarla.

De nada sirvieron todos los documentos que llevaban, incluso los impuestos de la casa donde Rosalina vive en la zona de España el 3600, para mostrar que su residencia estable está en la ciudad. Otro de sus hijos, Tito, contó que tampoco tuvieron suerte en el Consulado de Paraguay. “Ahí nos dijeron que ellos no pueden hacer hacer nada, que eso corresponde a la Argentina porque ella es residente acá, pero ella está lejos de Asunción”, detalla.

Contó que también fueron infructuosos los intentos con las reparticiones provinciales, donde si bien no están a cargo de las repatriaciones, sí tienen una oficina de colaboración que asiste en el proceso. “Nos dijeron que mejor la dejemos allá”, señala, y no deja de repetir la impotencia ante la falta de soluciones y el temor por su salud en todos sus aspectos.

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