El día había comenzado con alegría, ambición y hambre de gloria de ambos lados. Al levantarse, muchos eligieron su mejor ropa y se plantaron frente a la televisión o al lado de la radio para no perderse detalle alguno de lo que podía ser una jornada inolvidable. Más tarde, otros partieron hacia el estadio Heysel en Bruselas, lugar que albergaría con ilusión un encuentro tan esperado como el de aquella noche.
Lo que nadie sabía era que aquella luz de esperanza se transformaría en una pesadilla para los 60 mil espectadores de la final de la que solía ser la Copa de Europa y que ese día pasaría a ser una de las manchas más oscuras en la historia del fútbol mundial, llevándose consigo las vidas de 39 espectadores que acudieron a la cancha belga a ver el duelo entre los dos mejores equipos del continente.
Juventus contra Liverpool. La Vecchia Signora ante los Reds. Un día como hoy pero 36 años atrás, los equipos se preparaban para disputar el último partido de la competencia que actualmente se denomina Champions League. El equipo inglés iba con el objetivo de revalidar su título como campeón europeo, el cual había obtenido el año anterior y a sumar una "orejona" más a las 4 que ya tenía en su poder. Mientras tanto, los italianos, que venían de ganar la Recopa al Porto y la Supercopa de Europa a los mismos que esa noche enfrentaban, buscaban conquistar su primer trofeo de la competencia.
Hooligans en su máximo apogeo
Fue un miércoles cerca de las 19 horas que los aficionados comenzaron a concurrir al estadio que había sido inaugurado en 1930 y cuya capacidad estaba limitada a 58 mil personas. La seguridad del evento había recomendado llegar temprano ya que se había descubierto la venta de entradas falsificadas, por lo que cada tarjeta iba a ser escaneada de manera minuciosa.
Por aquella época, a los hinchas de clubes ingleses, más que nada a los barrabravas, ya se los había empezado a apodar "hooligans", término que abarca diferentes definiciones aunque todas tienen en común una idea: la violencia. La URSS, por ejemplo, describía al concepto como "cualquier conducta que deliberadamente viole el orden público y exprese faltas de respeto explícitas hacia los pilares de la sociedad". Hoy, sin embargo, la Real Academia Española (RAE) lo define como "hincha británico de comportamiento violento y agresivo".
Los Hooligans estaban en su período de mayores actuaciones y la ingesta de alcohol incrementaba su nivel de violencia, pues en cada partido en el que se hacían presentes, protagonizaban actos que terminaban con personas lastimadas. Lamentablemente, el encuentro entre Juventus y Liverpool en suelo belga no sólo fue uno más, sino que fue el que delimitó que la banda de ingleses había llegado a un límite cuando además de centenares de heridos, dejaron un saldo de 39 fallecidos.
El suceso más triste de la historia del fútbol
A sólo una hora del comienzo del partido, los espectadores esperaban que los jugadores salieran a la cancha entre cánticos y chicaneadas típicas de encuentros futboleros entre hinchadas. Sin embargo, los hooligans estaban decididos a llevar el enfrentamiento a otro nivel, y una vez dentro del Heysel y separados por una pequeña valla del sector Z, donde estaban ubicados público italiano y otros aficionados del deporte, procedieron a arrojar distintos objetos pesados, como piedras y hasta armas blancas, para dañar a los hinchas opuestos.
Sólo algunos oficiales de seguridad -muchos aún se encontraban afuera del estadio en el operativo de entrada- se hicieron presente para poder separar a las dos hinchadas que comenzaron a juntarse en el fondo por la ínfima separación que tenían los sectores. La violencia cada vez era más fuerte, así también como la presión que ejercían los barrabravas de Liverpool, incontrolables para la policía.
Heysel Stadium Disaster (May 29 1985)
Por su parte, los fanáticos italianos querían escapar pero no tenían salida, ya que las únicas dos puertas que había eran demasiado chicas para toda la gente que se había acumulado. Otra opción fue salir hacia el campo de juego trepando un muro de contención, algo que muchos eligieron por lo que comenzaron a correr hacia el lugar para salvarse. No obstante, la avalancha de personas no pudo evitarse y el paredón se derrumbó, generando así pilas de gente causando la asfixia en aquellos que quedaron contra el cemento.
Mientras la desesperación iba en aumento, afectados corrían hacia el sector de prensa con el único objetivo de avisar a sus familias que estaban vivos y relatar lo sucedido. Sin embargo, otros yacían en el suelo sin posibilidad de despedirse. Eran 32 italianos, 4 belgas, 2 franceses y 1 británico lo que dejaron el corazón en la tragedia de Heysel, falleciendo en el estadio o días más tarde en el hospital. Eran hombres, mujeres y niños, hasta padres e hijos los que se fueron, abandonando el sueño de ver a su equipo ganar una final en compañía.
La "orejona" se fue a Italia
A pesar del panorama que se estaba viviendo en las tribunas y dentro del campo de juego, los jugadores en el vestuario aguardaban una resolución con la idea de que, ante semejante acontecimiento, el partido finalmente iba a suspenderse. No obstante, desde la organización la UEFA decidió que el encuentro se dispute, ya que "no jugarse podría ser peor" y podría incrementar la furia de los presentes.
Desconcertados y después de que la gente abandonara el césped, ambos equipos salieron de los túneles y los capitanes Gaetano Scirea de Juventus y Phil Neal de Liverpool tomaron la posta, llamaron a la calma y aconsejaron no responder ante presiones del bando contrario. Y así, sin más que decir, el árbitro suizo André Daina dio el pitido inicial del partido y la pelota comenzó a rodar.
En los 90 minutos del encuentro no hubo situaciones relevantes excepto por un discutido penal que se le otorgó a la Vecchia Signora cuando a los 57' el francés Michel Platini recuperó la pelota y luego de un pase, desde los Reds le cometieron una falta al polaco Boniek fuera del área, aunque lo suficientemente cerca como para que Daina decidiera que el equipo italiano tenga una oportunidad desde el punto penal, la cual aprovechó. Fue el único gol del partido, pues el planteo técnico del equipo dirigido por Trapattoni no dejó que los ingleses se acerquen a su arco.
La victoria blanquinegra quedó opacada por la tragedia y el trofeo de la Copa de Europa le fue otorgado en el vestuario al plantel, que obtuvo la primera tras dos finales perdidas en 1973 y 1983. La justicia hizo lo suyo y el premio emparchó un poco la oscura herida que dejó lo sucedido. La UEFA, por su parte, resolvió una sanción para todos los equipos ingleses, a quienes se les prohibió participar de torneos europeos por 5 años, excepto a Liverpool que se decidieron 10, aunque luego se rebajó a 6.
Por último, el estadio que fue sede y le dio nombre a la llamada Tragedia de Heysel fue completamente remodelado unos años después y en 1995 se refundó como Estadio Rey Balduino, dejando en su entrada una placa en honor a los fallecidos y recordando el triste acontecimiento que marcó un antes y un después en la memoria del deporte más popular del globo, recordada aún 36 años más tarde.