Newell’s necesitaba pasar de ronda en la Copa Argentina, como sea. A cualquier precio. No importaban las formas, solo la recompensa del pasaje posterior. Por el contexto de necesidades y de asuntos pendientes que arrastra el ciclo que conduce Mauricio Larriera tras un primer semestre competitivo donde marchó lejos de los objetivos trazados, y además por todas las obligaciones que sin ruborizarse les trasladó Deportivo Riestra, su rival de ocasión, con la decisión de usar en este pleito un conjunto repleto de suplentes y juveniles por no querer descuidar su lucha por permanecer en la Liga.
Por eso, el escueto 1-0 sobre el Malevo, con gol de Guillermo May, representó un triunfo de importancia vital, descontracturante, reanimador, que le permite alcanzar los octavos de final, donde se cruzará con Estudiantes de La Plata (actual campeón) o Central Córdoba de Santiago del Estero.
Este grito al menos lo deja hacer pie y levantar la cabeza para mirar con más confianza y serenidad un horizonte que venía asomando con nubarrones de incertidumbre, producto de deudas externas y por la agitación en el flanco interno tras las decisiones de apartar a Ramiro Macagno y Leonel Vangioni.
En ese marco, se comprende mejor el valor intrínseco de la victoria. Ese combustible apaciguador para un proceso que lo precisaba más que nunca. Tras perder el clásico y no poder dar pelea hasta el final en la Copa de la Liga, necesitaba seguir haciendo camino en este certamen, siempre esquivo para la suerte rojinegra.
Este boleto siempre le costó mucho a Newell’s. Es el tercer resultado positivo en nueve enfrentamientos en los segundos actos en la Copa Argentina. Solo había podido pasar en dos ocasiones anteriores: ante Defensores Unidos en 2018 y frente a Aldosivi en 2022. Así se puede dimensionar correctamente el logro, más allá de la baja estatura y los regalos del adversario de turno.
Ese marco de tensión influyó en el correr de los primeros minutos, que fueron de pierna fuerte y de estudio. Newell’s quería imponer condiciones, pero no se apuraba. A los 3’, un disparo frontal de Miljevic arriba del travesaño mostró el camino.
La Lepra arrancó con un 4-4-2, con Cacciabue por derecha y Tirado por izquierda, y con Miljevic de enlace, tratando de llevar peligro cerca del área adversaria. May se paró de nueve y Panchito se movió en sus adyacencias. Nada extraño en la propuesta inicial.
El conjunto rojinegro era el único que tenía intenciones de hacerse cargo de las demandas que imponía el duelo. Pero no apelaba a apretar el acelerador. A los 8’, Panchito provocó una falta en el borde del área con una corrida por derecha. La ejecución de Miljevic pasó cerca del caño izquierdo.
La cabeza de Miljevic y la pimienta de Panchito mostraban en ese tramo el camino. Aunque se fueron apagando de a poco. Y Riestra, por su parte, apostaba a las faltas recurrentes para que Newell’s no pueda tomar las riendas. Sobre los 15’, el pleito se tornaba monótono porque los dirigidos por Larriera no encontraban profundidad en sus movimientos de ataque.
A los 19’, un tremendo error de Méndez casi le regala la apertura a Riestra. Llegó justo Rodrigo Fernández a cortar y a apurar la definición. Newell’s parecía su propio enemigo.
A los 23’ llego el esperado gol, a través de May, tras un córner desde la derecha de Tirado y una desinteligencia en el área chica de Riestra. El uruguayo estuvo atento y facturó. Gol oportunista, bien de centrodelantero, que liberó muchísimo la empresa rojinegra.
Los rostros de los jugadores cambiaron y se notó en la cancha. Mientras, su rival seguía haciendo faltas al límites de las tarjetas.
En esos pasajes, en los últimos 15 de la primera etapa, la Lepra no pudo sumarle muchas más razones al marcador, pero la ventaja también jugaba a su favor. Y Hoyos se mostraba atento ante cada requerimiento de un Riestra que arrimó algo de riesgo con su delantero Méndez.
A los 43’ May tuvo el segundo en el area chica y se nubló. En ese encuadre, arribó el entretiempo, con un 1 a 0 que significaba un guiño de complicidad para el elenco rojinegro.
El complemento empezó con rasgos similares. Todo transcurría con freno de mano. Por un lado, porque Newell’s ya tenía la diferencia que buscaba. Y por otro, Riestra no tenía con qué rebelarse en esta pulseada de muy bajo vuelo.
A los 59’ Larriera buscó algo de juego, desparpajo y desequilibrio, mandando a la cancha a Banega y Aguirre por Miljevic y González. Al principio bajo el mismo esquema 4-4-2.
Con esas variantes, Newell’s mejoró su semblante, su determinación, pero no derivaba en chances de riesgo sobre el arco del Malevo. Era un mar de tibias insinuaciones. Con muy poca generación.
En ese marco de peligrosa letanía colectiva, Hoyos contenía lo poco que representaban las respuestas del Malevo.
En el cierre, el DT rojinegro hizo ingresar a Schor y el Colo Ramírez. Y cambió el dibujo, a un 4-3-3, para tratar de ahuyentar y llevar lo más lejos posible las fatalidades. Pero todo terminaba en fallas e imprecisiones.
Así, con el cuchillo entre los dientes y el corazón en la mano, sin brindar un gesto contundente de reacción, igualmente el triunfo vale como oro para este equipo con más pretensiones que herramientas de juego.
Este Newell’s no se podía permitir otra vacilación, un paso en falso, otro trago amargo, otra ingrata sorpresa ante un rival de poco relieve. Y más allá de una producción muy sepia, este pase de ronda le permite ir cicatrizando heridas al paso, volver a creer en sí mismo y en su cruzada, y estar mucho más cerca de sus ambiciones naturales.