Rafael Nadal fue arrolador ante Juan Pico Mónaco y logró el primer punto de la final de la Copa Davis para España al ganar por 3 a 0 en 2 horas 26 minutos.

Rafael Nadal fue arrolador ante Juan Pico Mónaco y logró el primer punto de la final de la Copa Davis para España al ganar por 3 a 0 en 2 horas 26 minutos.
El partido se puso en marcha a las 10.12 después de una emotiva ceremonia en la que David Nalbandian, símbolo del tenis albiceleste, se emocionó hasta las lágrimas al momento de la entonar el himno argentino en la presentación de la serie en el estadio La Cartuja de Sevilla. Justamente David hoy no será protagonista ya que Vázquez lo guarda para el dobles de mañana. El partido que se jugará hoy lo enfrentarán Juan Martín Del Potro y el local David Ferrer.
En los dos primeros sets Pico Mónaco trató de sobreponerse a la potencia de Rafa aunque sólo lo logró en el primer punto de cada set, después de manera idéntica Nadal ganó seis games consecutivos y en ambos sets se impuso por 6-1 en 1 hora y 43 minutos.
El tercer set arrancó igual que los anteriores con Mónaco defendiendo su saque y ganando el primer punto pero el mallorquín muestra su categoría en cada punto si bien Pico pudo quebrarle en el segundo game, Nadal se quedó con el punto y están 1-1. Luego cada uno retuvo su punto pero en el quinto game del set Nadal le quebró a Mónaco después de un juego muy esforzado y aventaja por 4-2. Pico tuvo que ser atendido por dolores en la rodilla y en la muñeca.
España aventaja 1-0 a la Argentina en la final de la Copa Davis gracias al arrasador triunfo de Rafael Nadal sobre Juan Mónaco por 6-1, 6-1 y 6-2.
Pico Mónaco no pudo ofrecer resistencia en ningún momento ante el número dos del mundo que jugó en gran nivel. Pico, número 26 del ranking no tuvo recursos ni tiros para desestabilizar al seis veces campeón de Roland Garros durante las dos horas y 26 minutos que duró el encuentro.
“Lo importante es que vamos 1-0. David está jugando muy bien, confiamos en que pongamos hoy el 2-0”, se esperanzó Nadal.
El argentino tuvo un primer juego prometedor, dominando con su derecha y colocando reveses a las líneas. Pero esos primeros tiros dieron también la pauta de lo que se vendría: Mónaco necesitó ocho minutos y decenas de tiros para defender su saque. Era imposible sostener ese nivel de exigencia y riesgo.
Así, Nadal hizo lo que viene haciendo desde hace años y tan buenos resultados le da: resistir hasta desalentar a su rival y entonces dominar el partido. Mónaco veía que tiros que ante otros rivales serían ganadores, o casi, eran devueltos una y otra vez con cierta suficiencia por el ex número uno del mundo.
Con una derecha paralela, Nadal quebró el saque de Mónaco para situarse 2-1.
El argentino se recuperó de tres pelotas de quiebre, pero una derecha a la red, repleta de impotencia, lo dejó enseguida 4-1 abajo. Iban 38 minutos de partido y apenas cinco juegos, toda una pauta del desgaste extremo del argentino en un partido desigual.
Con otra derecha en la red, Mónaco cedió su saque y el set para quedar 6-1 abajo en 48 minutos: seis juegos consecutivos de Nadal, que serían siete con el inicio del segundo parcial.
Las esperanzas de que algo cambiara no duraron mucho para el par de miles de hinchas argentinos en el estadio de La Cartuja.
Mónaco logró defender su saque para 1-1 y ganar, tras 53 minutos en blanco, por fin otra vez un juego. Pero con una derecha fuera Mónaco quedó 3-1 abajo, y enseguida 5-1.
Se llegaba al tercer set sin que Mónaco hubiera dispuesto de puntos de quiebre de servicio.
Cierto bajón en el nivel de Nadal y la decisión de Mónaco de luchar pese al duro panorama le dieron vida al tercer set, seguido desde el palco de honor por el rey de España.
Pero fue un espejismo. Mónaco se cayó en un punto, golpeándose la muñeca y la rodilla, y a partir de entonces Nadal volvió a poner la quinta marcha.
“El único momento en el que no he jugado bien ha sido en el comienzo del tercer set, tras ganar muy bien los dos primeros, me he puesto un poco nervioso”, admitió el español, que sumó su décimo noveno éxito consecutivo en la Davis.



Por Gonzalo Santamaría

