José Yudica

José Yudica, el señor del fútbol que cumple 85 años

El Piojo forjó desde Rosario una trayectoria respetable como futbolista y entrenador, alcanzando su máxima emoción deportiva cuando salió campeón con Newell's en la temporada 1987/88

Jueves 25 de Febrero de 2021

Este viernes 26 de febrero José Yudica cumple 85 años. Un señor del fútbol. Un rosarino que forjó un respeto desde el ejemplo. Por su proceder, por lo que jugó, por lo que dirigió y también por lo que ganó. Es el primer técnico de un selecto grupo en clasificarse campeón en tres clubes distintos en la competencia local. Otro es el Tolo Gallego, también de Newell's.

Claro que la historia de Yudica técnico alcanza una mayor dimensión porque sus conquistas en el fútbol argentino no fueron alcanzadas en Boca o River, ya que sus consagraciones se dieron en Quilmes en 1978, Argentinos Juniors durante 1985 y en Newell's durante la temporada 1987/88.

Además, este entrenador de comportamientos ejemplares colaboró y condujo para que San Lorenzo obtuviera el campeonato de la Primera B en 1982 y así devolverlo a la máxima categoría, tras desarrollar una campaña que rompió hasta ahí todas las marcas en cantidad de entradas vendidas en los distintos escenarios por los cuales pasó.

Pero este logro tenía un antecedente inmediato, ya que un año antes había alcanzado el mismo objetivo con Quilmes, uno de sus clubes preferidos, con el que ascendió junto a Nueva Chicago tras haber abandonado la primera en 1980.

Como jugador, el Piojo también fue un destacado puntero izquierdo que supo transitar por las canchas vistiendo las camisetas de Newell's, Boca, Vélez, Platense y Quilmes, entre las décadas del 50 y 60. Hizo 56 goles en 318 partidos.

Yudica comenzó a jugar de chico en Morning Star de Rosario, y a los 12 festejó su primer torneo infantil en una delantera que también incluía a Roberto Puppo, José Cerro, Eduardo Saladarrié y Rubén Farruggia.

Ya en el cierre de su carrera de futbolista, jugó en Deportivo Cali de Colombia (1968-1969) y luego volvió al país para actuar en el ascenso, en Talleres de Remedios de Escalada (ascendió a la Primera B en 1970) y San Telmo al año siguiente.

Pero el Piojo no sólo fue un señor dentro de la cancha sino también fuera de ella, donde también demostró su capacidad, más allá de que por su perfil bajo, comportamiento correcto y eludiendo las estridencias de las polémicas no ocupó las marquesinas del reconocimiento de la grey futbolística.

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Yudica edificó un estilo partiendo de un método de trabajo sin demagogia ni marketing. El primer impacto en su carrera como DT lo produjo en el modesto Altos Hornos Zapla de Jujuy. En el equipo de Palpalá realizó un trabajo sistemático ejemplar transformando a jugadores aficionados en semiprofesionales, con los que disputó un excelente campeonato Nacional 1974, en el que los jujeños quedaron muy cerca de la clasificación a la ronda final en la zona B ganada por el Talleres de Córdoba de Angel Labruna.

El segundo zarpazo en su trayectoria lo dio en Quilmes, al que tomó a principios del 78 con la intención de "salvarlo del descenso", tal como él mismo confesó tiempo atrás en la revista El Gráfico. A medida que fue avanzando ese Metropolitano, el elenco cervecero ganó confianza y se metió en la pelea directa del título, cabeza a cabeza con el Boca de Juan Carlos Lorenzo, que había ganado la Copa Intercontinental de ese año al Borussia Monchengladbach.

Y el destino quiso que el Piojo festeje en Rosario. Su lugar de origen. Quilmes llegó a la última fecha con un punto de ventaja y debía enfrentarse en el Gigante de Arroyito a Central. Mientras Boca se medía con Newell's en la Bombonera. El zapatazo del marplatense Jorge Gáspari decoró el 3-2 final que desató la algarabía de los más de 20 mil hinchas cerveceros que viajaron a la ciudad con la ilusión de coronarse campeones por primera vez en su historia.

Años más tarde, Yudica tomó el timón (en reemplazo de Roberto Saporiti) de un Argentinos Juniors que ya se perfilaba para ganar todo (había sido campeón en el Metropolitano 1984). "Muchachos, vamos a seguir igual. No cambiaremos nada porque este equipo funciona como un relojito", contó José Pepe Castro, destacado delantero de aquel equipo de La Paternal, que les dijo el Piojo una vez finalizado el primer entrenamiento.

Ese equipo del Bicho le ganó la final a Vélez 2-1 en la cancha de River y se adjudicó el Nacional 1985. Pero la conquista gloriosa se dio unos meses más tarde, con la obtención de la Copa Libertadores, en aquella recordada final contra América de Cali, en Paraguay.

Y Yudica llevó a Argentinos Juniors a Japón. En diciembre de ese mismo año protagonizó una épica definición de la Copa Intercontinental ante Juventus, en la que tras igualar en 2 no pudo en los penales (2-4) en Tokio.

Pero el destino de Yudica le tenía preparado un enorme premio sentimental. En la temporada 1987/88 le llegaría su mayor alegría personal. salir campeón con Newell's.

"Me sucedió lo que, quizás, no le sucede a nadie. Ser hincha del club, exjugador y, además, entrenador campeón. Es como una de esas películas que no se olvidan", reconoció conmovido Yudica, ya con el trofeo en sus manos.

Pero en el ambiente del fútbol también surcan las ingratitudes. Acompañada por la violencia. Que no repara en trayectorias ni comportamientos. Como la que vivió el Piojo en abril de 1992. Ocasión en la que fue increpado por los barrabravas de Argentinos, situación que impulsó a su hijo José, ayudante de campo en ese momento, a sacar un arma para intentar amedrentar a los atacantes y así poner a salvo a su padre. Indignado con razón, la moderada reflexión del Piojo fue: "Cuando tuve problemas, a mí nadie me defendió. Ni los dirigentes siquiera. Muchas veces son ellos los que mandan a este tipo de gente a amenazar", resaltó.

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