Despuntaba el vicio en las carreras de Trial 4x4, a bordo de un Jeep que aún conserva. Pero a comienzos de año se decidió a cambiar, a buscar carreras con navegación. Nunca hubiera imaginado entonces que esa decisión cambiaría su vida y hoy se encuentre a las puertas de vivir “un Mundial”, como él lo llama. Fue en la primera carrera del Rally Cross Country Nacional que corrió en Tucumán con un cuatriciclo, cuando a Federico Gut se le abrió impensadamente la puerta de disputar nada menos que un Dakar, la competencia automovilística más dura del mundo. Como estar en el momento justo y en el lugar indicado, el piloto nacido en Rosario que vivió siempre en San Lorenzo tocó el cielo con las manos y el 1º de enero en el Obelisco cumplirá el sueño del pibe. Con un bonus: tendrá la alegría, y la responsabilidad también, de ser el único representante de todo el Gran Rosario. Y el objetivo será llegar a la meta el 15 de enero en el autódromo de Baradero.
“¿Cómo que no corre Otaño?”, le dijo sorprendido Gut a Ovación en su casa de barrio Sargento Cabral, en San Lorenzo. No sabía que a Patxi, el único rosarino que corrió los dos Dakar en la Argentina, le jugó una mala pasada un sponsor principal y debió desertar de la competencia. Fue en ese momento que supo que sería el único del Gran Rosario en competir en el Dakar.
“No te puedo creer que se bajó Otaño. Qué mala suerte. Toda la vida se dedicó a esto y corrió los otros dos Dakar. ¡Qué responsabilidad que me dejó! (risas)”, dijo ya tomando más conciencia de su representatividad. Pero enseguida quiso compartirla: “Ojo que está Pajarito Ademar Heguiabhere también. Es de Venado Tuerto (en realidad, de Chovet), tiene como cincuenta años y vuela en el cuatriciclo. Le hizo la asistencia a Santiago Hansen en el 2010 y ahora lo llamó el polaco Rafal Sonik para que lo acompañe, para que sea mochilero, es decir que vaya atrás suyo todo el tiempo. Los principales pilotos los tienen. Fijate que este año Marc Comá (ganador 2009) pudo seguir por eso”, relató en referencia a cuando el español cambió la rueda gracias a ese tipo de asistencia. Igual, Gut no zafó, ya que esa zona sur de Santa Fe no está en el radio del Gran Rosario.
¿Y cómo llegó Gut a esta gran oportunidad que lo tiene ansioso y sin dormir estos días? En Tucumán, ni bien terminó la primera competencia que corrió a bordo de un Yamaha Raptor 700 (similar al que ganó Marcos Patronelli el último Dakar), lo buscó Santiago Hansen, el piloto bonaerense que finalizó 12º este año con un Polaris oficial, y le propuso formar parte del equipo Polaris Argentina Racing Team, junto al también novato Sergio Cortez. Y no lo dudó un instante.
—¿Cuánto tardaste en decirle “sí”?
—Un minuto. Le dije que me aguante que venda el Raptor y ¡lo hice ahí mismo!. Se me acercó Tomás Maffei, que ganó en Mar del Plata con mi cuatri de entonces en la última del año, le gustó y yo le dije que no sabía si venderlo todo junto o separado. Al otro día me lo compró y enseguida adquirí mi primer Polaris a Hansen, porque él es el representante de la marca estadounidense en Pilar y Pinamar.
—Fue un sueño.
—Totalmente. Eso sí, esto uno no lo hace solo, sino con el apoyo total de amigos y de la familia. Todo el mundo aportó un poquito y hasta se hizo una cena en San Lorenzo, a la que fueron 750 personas. Salió todo bien, todo el mundo se enganchó con esto y la ciudad, la verdad, está convulsionada. El intendente y el de Puerto San Martín me dieron una mano grande, como muchas empresas de la zona. Es un sueño de siempre correr el Dakar, más con el privilegio de tenerlo en el país, pero cuando uno empieza a mirar los costos (ver aparte), hay que juntarlo.
—Es una locura el Dakar. Dos semanas casi sin descanso, con un calor agobiante y en terrenos difíciles.
—No hay ningún cuerdo en el Dakar, somos pocos (risas). Hablando en serio, tenés que tener una preparación física importante. A mí me entrenó Mariano Díaz, un PF de San Lorenzo que es triatlonista. Hice muchos fierros, corriendo, pedaleando, mucho spinning, que eso te abre la caja toráxica. Fumo un poco, pero me dijeron que en la altura me va a venir bien porque hay falta de oxígeno y el fumador está acostumbrado a eso. Hice sesiones de sauna para adaptarse al calor. Y te piden que tengas unos tres kilos de más, porque eso lo perdés seguro. En el desierto de Atacama está comprobado que el cuerpo pierde un litro de agua por hora. Pero ahí el calor no se siente tanto como acá por la humedad. Pero las naftas se hierven y las motos se paran.
—Tenés 37 años. No sos un pibe para una experiencia así.
—Pero fijate que no hay chicos en el Dakar. No hay casi gente joven (N. de la R.: Nicolás Mangiantini, de 22 años, será el más chico). Tenés que tener madurez para correr así.
—¿Qué cosas te sorprenderán?
—Nada me va a sorprender en cuanto a los terrenos. Puedo perder el rumbo, pero si me pasa trataré de buscar una huella, a otro competidor o ir a un lugar alto. Soy un piloto que está concentrado todo el tiempo y creo que la lucha mayor será contra el cansancio.
—¿Cuál va a ser tu estrategia?
—Mantener un ritmo parejo, para no romper nada. La idea es hacer un promedio de 80, 90 o 100 kph para llegar a todas las etapas sin sentir el cansancio de los de punta. Mi expectativa es llegar, eso es lo mínimo y si salimos anteúltimos no hay problema. Ultimo no me gustaría, pero estar en la meta sería grandioso por ser mi primer Dakar.
—Patronelli puede quedarse tranquilo entonces.
—Sí, no le voy a salir a correr (risas). Lo que quiero es llegar. El cuatri es muy noble, muy confiable, pero siempre están los imprevistos. Por eso voy a salir tranquilo. Si se puede acelerar un poco o recuperar puestos, lo voy a hacer.
—Obviamente, te ves llegando en Baradero.
—Me tengo una fe bárbara de que voy a llegar a Baradero.
—Después no te vas a quedar camino a Buenos Aires por la autopista.
—Nooo, perdé cuidado. Si me pasa algo le tiro un lazo al primer camión que pase para que me arrastre hasta allá (risas). El tema es no quedarse en Copiapó, ahí no te salva nadie. Es muy difícil llegar, si no fijate que el año pasado pilotos como Machacek (Joseph, ganador 2009) abandonaron. Pero sí es imposible correrlos a los de punta.
—Con el Dakar encima, ¿qué sensación te embarga?
—Un cagazo bárbaro (risas). La ansiedad ya es terrible. No veo la hora de largar. La verdad es que tuve que hacer muchas cosas y aún no terminé. Todo eso te cansa, más porque el laburo te absorbe también.
—¿Y qué es correr un Dakar?
—Esto es como jugar el Mundial. Ya les dije a mis amigos, después de esto cuelgo los guantes y el casco, y me dedico a comer asados. l






























