El punto duele. Central tenía el triunfo debajo el brazo. Pero Estudiantes no es que se lo arrebató. Conquistó el empate en base a lo que construyó a lo largo de la contienda. Y supo capitalizar la última bola de la noche porque jamás claudicó ante la adversidad. El canalla quedó mascando bronca. Impotencia. El 2 a 2 no le sentó bien desde el orgullo. Aunque fue lo más racional. Sumó prácticamente una nueva noche fría, ya que se pegó la vuelta desde La Plata acumulando tres presentaciones sin poder izar la bandera de la victoria.
Le pisó la cola al león y lo pagó. El equipo canalla terminó siendo presa de un empate con sabor a poco. Sobre todo porque el local logró empardarle a los 96 minutos y celebró el heroico punto frente a la áspera retirada auriazul.
La Kilyneta fue más de lo mismo. Hizo un primer tiempo malo pese a que había logrado dar el batacazo al abrir el marcador cuando el pincha lo cascoteaba de lo lindo. Esta versión canalla ratificó los yerros en el retroceso y la carencia de un patrón de juego pese a las bajas que tuvo por diversos motivos.
Claro que en el complemento se acomodó y le hizo partido al anfitrión. Incluso estuvo cerca de ganar la partida. Miraba la posibilidad de acercarse a la clasificación a las copas con cierta esperanza. Pero Estudiantes le dio un baño de realidad como también lo hicieron recientemente Talleres y Argentinos Juniors.
Central no levanta cabeza. Transita de manera irregular la Liga Profesional. El único responsable de la paridad en la ciudad de las diagonales fue el propio Central. O el entrenador canalla en realidad, ya que últimamente pone más énfasis en protestar que en intentar reordenar a la desalineada tropa. El DT les pone los pelos de punta hasta los rivales.
La Plata no les trajo la felicidad a los auriazules. Las fechas se consumen con sabor a poco. El sueño copero sigue siendo por ahora una quimera.
El hincha no se termina de acostumbrar a esta versión que comanda Cristian González. Es como que el anhelo de ver otra puesta en escena le gana a la realidad. Ya no se trata de una cuestión táctica. El problema sigue en la matriz. En la cabeza del grupo. El Kily es fusible de un tablero que está en constante cortocircuito.
La próxima cita será ante Patronato. Se verá en el Gigante, y otra vez bajo la firme mirada de los hinchas si el equipo logra hacer pie. El punto en La Plata no es para caerle con todo, pero tampoco para descorchar y celebrar como un triunfo.
Todavía hay muchas cuestiones por corregir. Demasiado por hacer. No parece una formación que transitó por 15 estaciones. Deja la sensación de ser un mero prototipo.
Restan 10 fechas para que se baje el telón del campeonato. Este Central no tiene mucha pinta de enderezarse. Al menos así lo viene ratificando en las últimas contiendas. Las piezas no terminan de amalgamarse. Juegue quien juegue. Ya no se trata de nombres propios, sino de cómo se ubican dentro del campo de juego. De cómo juegan.
La guillotina futbolera no entiende de razonamientos. El termómetro popular sigue elevando la temperatura de la impotencia en el popular barrio de Arroyito. A este Central no le está dando la nafta para mezclarse en el pelotón de los pugnan por un boleto a las competencias internacionales.
La imagen que dejó en La Plata fue la misma de otras tardes en diferentes rodeos. Este modelo extraña al capitán Emiliano Vecchio. También al defensor Gastón Avila. Un poco menos a Diego Zabala y a Lucas Gamba. No habrá que sorprenderse si algunos de ellos reaparecen ante Patronato en el Gigante y terminan asomando por el túnel frente a la ya imperiosa necesidad de volver a ganar un partido luego de tres partidos sin ganar . Sobre todo en Arroyito, donde los ánimos están caldeados desde hace rato.
17 años sin ganar con Estudiantes de visitante
No hay caso. Ser visitante de Estudiantes sigue siendo un karma para Central. En la remodelada cancha de 1 y 57 quedó a menos de un minuto de traerse los tres puntos. Algo que no consigue hace 17 largos años cuando aquel equipo que comandaba Miguel Ángel Russo le ganó en esa cancha 3 a 1 al pincha del doctor Carlos Bilardo, con los goles de Javier Cámpora, el Yerbatero Claudio González y el Oveja Leonardo Talamonti, quien aquella noche recibió un 10 por el cronista de Ovación porque jugó un partidazo. Pero desde aquel 10 de abril de 2004 el canalla visitó al león en 12 ocasiones (dos en 1 y 57, seis en el estadio Ciudad de La Plata y cuatro en cancha de Quilmes) y cosechó seis empates y seis derrotas.