Diego Maradona

"Estoy quebrado", afirmó el santafesino que cargó a Maradona sobre sus hombros en México 86

Devastado por la noticia, Roberto Cejas no sale de su asombro por la muerte del ídolo. Fue el protagonista de una foto histórica que recorrió el mundo

Miércoles 25 de Noviembre de 2020

Roberto Cejas es un santafesino que tiene una historia particular con Diego Maradona. Es el hombre que tiene una foto con el Diez que dio vuelta al mundo. Es una foto en que carga sobre sus hombros a un Maradona que sostiene entre sus manos la Copa del Mundo tras derrotar en la final a la selección alemana en la final del Mundial de México 86. Está devastado, no lo puede creer. Afectado por el fallecimiento del astro, confesó que "estoy muy quebrado, es difícil de hablar".

Fue protagonista principal de una foto histórica, emblemática. La foto en cuestión es con Roberto cargando sobre sus hombros a Diego Maradona en el Mundial 86 de México, luego de que el seleccionado argentino venciera en la final de ese torneo a Alemania por 3-2 y conquistara el segundo título de su historia.

"Es muy difícil hablar, no sé si voy a poder", afirma entre lágrimas y sollozos.

"Se cruzan muchas cosas, muchos recuerdos", dijo, antes de agregar: "son muchas situaciones que vivimos gracias a él".

Es imposible para Roberto no rememorar ese momento único, cuando tuvo la oportunidad de llevar en andas a Maradona para que levante la copa del mundo en el estadio Azteca de México. Eso ocurrió el 29 de junio de 1986.

"Fue la mano de Dios la que me puso ahí", afirmó en diálogo con el diario Uno de Santa Fe. "Tantas veces que lo conté y disfruté de todo ese momento. Esa alegría va a durar para siempre".

"Nos dejó algo maravilloso" subrayó Roberto, y añadió: "Hay que guardar silencio para él, dejar que descanse en paz y agradecerle por lo que nos dio".

La historia completa

En 2016, cuando se cumplieron 30 años de aquella victoria y campeonato mundial, Roberto contó con lujo de detalles cómo fue que ingresó a la cancha y terminó levantando al mejor jugador del mundo para que eleve y le muestre al mundo entero la copa más preciada.

"Todo nació como una broma en el trabajo y se terminó haciendo realidad. Cuando Argentina le gana en semifinales 2 a 0 a Bélgica, me pedí unos días de vacaciones y salí de Santa Fe, rumbo a México. Todos me decían que estaba loco, pero no los escuché. Le pedí algo de plata a mi viejo y partí. Allá me estaban esperando unos amigos que trabajaban conmigo en la Lotería de Santa Fe", contó.

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"Cuando llegué a México no tenía entradas ni nada. Pero en esa época era todo muy distinto. Además, en México, vos podías arreglar cualquier cosa. El día de la final fuimos a la cancha, al imponente Estadio Azteca. Éramos siete y teníamos solo cuatro entradas. Hablamos con uno de los boleteros de la cancha, le tiramos unos pesos y pasamos por los controles previos, medios escondidos. Una vez dentro de la cancha terminamos detrás del arco donde Argentina atacó en el primer tiempo y donde José Luis Brown convirtió el primer gol del partido de cabeza", narró emocionado el santafesino.

Según relata Roberto, mientras transcurría el partido final entre Argentina y Alemania, él ya estaba pensando en la posibilidad de ingresar a la cancha con sus amigos, idea que terminó de plasmar cuando llegó el pitazo final del árbitro que coronó a la Argentina con el segundo campeonato mundial de su historia.

"No era nada fácil entrar al campo de juego. Había una fosa de tres metros alrededor de toda la cancha con un alambrado en forma horizontal, cubriendo casi media fosa, con la particularidad de que en el fondo de la misma no había agua, sino que estaba lleno de policías con una especie de palos largos para impedir que nadie invada el terreno de juego", explicó Cejas.

"Mientras todos estaban tratando de ingresar al campo de juego por atrás del arco, para impedir que nos peguen o nos agarre la policía, con Gustavo Ripke (otro santafesino que logró entrar a la cancha) nos fuimos hacia el córner donde había menos cantidad de uniformados. Ahí pegamos un salto monumental y nos metimos en la cancha", recordó Roberto entre risas, haciendo la salvedad de que si ese año hubiera estado tan "gordito" como hoy, no habría logrado semejante proeza.

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"Una vez dentro de la cancha, comencé a dar vueltas, a correr por todos lados, a saltar y abrazarme con todo el mundo. En ese momento los jugadores argentinos se estaban preparando para recibir la Copa en una especie de tribuna que estaba más arriba del terreno de juego. Como yo quería llamar la atención, con el objetivo de verme en el futuro en algún video o en alguna foto y poder reconocerme, me puse a saltar y a dar vueltas carneros en la mitad de la cancha con una peluca de argentina y con una bandera que le saqué a un mexicano, sin imaginarme que minutos después iba a tenerlo a Maradona en mis hombros".

"Una vez que los jugadores argentinos recibieron la Copa del Mundo, bajaron a la cancha a dar la vuelta olímpica. En ese momento buscamos con los muchachos que estaban ahí, hacer una ronda para que los jugadores festejen solos, porque la verdad es que nadie creía en esa selección antes del Mundial y lo ganaron de punta a punta, pese a todos los pronósticos, de manera magistral", recordó Roberto y según reseña el diario UNO.

"Una vez que llegamos al arco donde estábamos nosotros viendo el partido, observo que lo levantan a Pedro Pasculli. En ese instante que venía corriendo junto a un montón de personas, un jugador se frena delante mío. Ahí me doy cuenta que es Maradona, y como yo soy grandote físicamente, Diego me mira como pidiéndome por favor que lo levante. Es en ese momento que reacciono y meto mi cabeza entre sus piernas para levantarlo sobre mis hombros. En ese movimiento perdí la peluca que tenía en la cabeza, y por un momento, pensé en soltar a Maradona para volver a buscar la peluca. ¡Qué locura!"

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"Con Maradona sobre los hombros, seguimos corriendo alrededor de la cancha, con periodistas y reporteros gráficos por todos lados y con un calor y una humedad terrible. Recuerdo que yo no veía prácticamente nada y Diego me manejaba con las piernas orientándome hacia dónde ir. Él me decía que vayamos a festejar al vestuario y yo le pedía que me regale la camiseta o el pantalón, pero me respondió que ya tenía todo prometido. Igualmente le podría haber sacado un botín o una media, pero yo no lo quise ofender con mi actitud", aseguró el santafesino.

"Cuando lo bajé, me volvió a invitar al vestuario a festejar con todos los jugadores, pero yo estaba exhausto por el gran esfuerzo físico y por el terrible calor que hacía. Al instante de bajarlo a Diego, me lo encuentro corriendo con el torso desnudo a Oscar Garré. Le pedí que me regale el pantalón y sin dudarlo se lo sacó y me lo dio. Tanto la ropa que tenía puesta ese día, como el pantalón que me regaló Garré, los guardé en algún cajón y nunca más los encontré", contó Roberto, angustiado y casi sin consuelo.

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