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"Es una pasión ser árbitro, pero es difícil de explicar"

El rosarino Sergio Pezzotta se retiró por un problema físico pero continúa vinculado a la actividad como un alto dirigente del Sadra. "Me hubiese gustado dirigir el clásico rosarino", afirmó.

Domingo 31 de Diciembre de 2017

¿Cuántos años de árbitro?

Arranqué en el 90. Ahí tuve la curiosidad de qué siente una persona en dirigir un partido importante. Julio del 90, cuando terminó el Mundial después de ese penal que cobró Codesal sobre la hora. Y lo que arrancó como curiosidad derivó en una pasión por dirigir y al final de ese año ya estaba como asistente en la Rosarina.


Es rara esa pasión por la cual todos te insultan.

Es difícil explicar la pasión del árbitro. El insulto es más para la ropa que para la persona en sí. Vale decir que originalmente intenté ser jugador, pero era malo. Me probé a los 16 y ya era grande. Además mi vida de niño no fue sencilla porque me crié con mis abuelos. Pero encontré en el arbitraje la forma de poder estar metido en el fútbol. Obviamente que en ese momento no pensaba en que iba a llegar al profesionalismo, porque no estaban dadas las condiciones, ya que en la década del 90 todos los árbitros eran de Buenos Aires. Tenías que vivir en Capital Federal o en un radio de 60 kilómetros para poder dirigir, por suerte eso se fue cambiando con la aparición del gremio (Sadra) y hoy estamos en otra realidad.


¿Ya estás retirado?

Sí, porque en marzo tuve otra cirugía de columna y ya tuve que parar. Digo otra porque ya había sido intervenido en 2014. Eso me permitió recuperarme en la época del Mundial, y todo 2015 y 2016 arbitré mucho, hubo meses en los que hice hasta seis partidos porque estaba bien física y mentalmente, y lo disfruté mucho. Es lo que hoy extraño, y mucho.


¿Los árbitros también padecen la crisis del retiro como muchos futbolistas?

Creo que va atado a un montón de cosas. Es difícil porque siempre dije que iba a prepararme para irme y la verdad que nunca te podés preparar para una decisión así. En mi caso encontré una continuidad dentro del gremio, porque me gusta gestionar, pero es difícil decir hasta acá llegué. Tal vez debí hacerlo al final de 2016 cuando me volví a desgarrar, que fue raro porque no era normal, ya que me desgarré en la mitad de la prueba física, cuando normalmente te sucede al principio o al final. Y ahí entendí que el problema otra vez venía de la espalda. Pero insisto que cuesta decir hasta acá llegué, por eso comprendo a los futbolistas a los que les resulta traumático.


Decís que te gusta gestionar en el gremio y la imagen del sindicalista también es objetada por la perpetuidad de muchos de sus dirigentes. Venís de una actividad que convive con la crítica y pasás a otra que también es cuestionada.

Sí, pero tiene que ver con lo que decís, la generalización es un problema de nuestra sociedad. Fijate que el Ministerio de Trabajo acaba de dar de baja a una cantidad de sindicatos que no cumplían con la legalidad y por esos dirigentes que no querían dar espacio a la participación democrática. En nuestro caso Guillermo Marconi ya hace unos años propuso preparar dirigentes para la renovación, algo que de hecho está sucediendo, para lo cual trabajamos con Hugo Rojas de Mar del Plata, entre otros, en la formación de nuevos cuadros. De hecho, nosotros somos parte de ese recambio.


Los futbolistas aportan para una jubilación que nunca van a cobrar. ¿Qué sucede con los árbitros?

Lo mismo. Porque dirigís hasta los 48 o 50 años, y si no tenés continuidad en otra actividad dependiente de la AFA, fuiste. Y vale aclarar que en la AFA no hay lugar para todos los árbitros que se retiran. Es difícil. Y si bien se percibe un buen ingreso cuando estás en actividad, lejos estás de tener tu vida resuelta, y es complicado encontrar la inserción en el ámbito laboral a los 48 o 50 años. Antes la AFA cuando te retirabas te daba como una indemnización que ayudaba para transitar esa búsqueda, por eso ahora se están estudiando opciones para resolver esto.


¿Cuál es la diferencia que tienen con el otro gremio, las tres A?

La elemental es que para ser afiliado a ese gremio tenés que vivir en Capital o alrededores hasta 60 kilómetros. El Sadra abrió el juego a todo el país. Y gracias a eso un cordobés o un misionero dirigieron en un Mundial. Un juez asistente de Rafaela fue al Mundial con Horacio Elizondo. Eso se logró federalizando el arbitraje. Y gracias a esto terminamos con otra gran injusticia que era lo que sucedía en las ligas regionales, donde antes las finales las dirigían árbitros que venían de Buenos Aires y cobraban fortunas, en cambio ahora todo lo dirigen árbitros del interior. Y esto porque firmamos un convenio colectivo entre la AFA y el Sadra que permite que el árbitro que dirigió a lo largo de cada torneo también pueda dirigir la final.


¿Es imposible pensar en que se unan ambos gremios?

Es que hay una gran diferencia, nosotros tenemos 11 mil afiliados y ellos sólo 700. Por lo que si debería haber una absorción sería que las tres A pasen al Sadra y no lo veo factible.


¿La cantidad también permite mejor calidad?

Y sí, porque en 11 mil podés buscar más que en 700. Es como en el ámbito de los futbolistas. Cuando nos preguntamos por qué salen tantos jugadores brasileños y es porque son más los que hacen a esa cultura futbolística.


Menos mal que dijiste cultura futbolística, porque sino los chinos por cantidad romperían con el ejemplo que diste.

Claro, si no serían campeones del mundo siempre.


¿La cantidad de árbitros desborda la capacidad de empleo?

No, porque lo primero que hacen es cumplir funciones en las diferentes ligas que hay en todo el país. Después se capacitan, hacen un curso a nivel nacional y tienen la posibilidad de seguir creciendo. Ojo, esto no es matemático, no es que tenés el diploma y ya llegaste a primera división. Hay etapas de superación. También ha habido casos que pasaron del Federal A a la B Nacional y luego no lograron mantenerse, y eso depende de las evaluaciones que realizan las autoridades del Colegio o de la Escuela de Arbitros.


¿Te hubiese gustado dirigir un clásico rosarino?

Por supuesto que sí y será una materia pendiente. Tuve la suerte de dirigir a los dos equipos de la ciudad, pero haberlo hecho en un clásico hubiese sido muy lindo. Es en el único lugar donde un árbitro no puede dirigir el clásico de su ciudad.


Qué lío hay con la sanción de las manos con la nueva norma.

La Fifa estableció que el 95 por ciento de las manos que se cometen son sancionables. Creo que al árbitro le hizo un favor porque le redujo la responsabilidad de interpretación. Las manos que no ocupan un espacio no se sancionan, es decir si detrás de la mano está el cuerpo no se cobra, porque la pelota hubiese pegado en el cuerpo, pero todas las demás ocupan un espacio. Ahora si el rival buscó patear para que la pelota le pegue en la mano ya es un campo de interpretación en el que no se debe entrar, porque la norma es clara. Por eso les digo a los árbitros que no cuestionen lo que les simplifica el laburo. Ya no depende de la interpretación sino de la aplicación de la regla.


Cuando se fue la camada de árbitros que integraste, es decir Elizondo, Baldassi, antes Martín, es como que se produjo un vacío de referentes. ¿Esto no le quitó calidad al arbitraje?

Lo que pasó fue que nuestra camada accedió joven a los niveles superiores, por ende salvo casos excepcionales que dejaron de dirigir, se mantuvo mucho tiempo en actividad esa camada y hubo poco espacio para promociones. Cuando nos fuimos prácticamente todos juntos, se tuvo que subir a muchos árbitros a la vez. Es decir, hubo un problema de no haber promocionado en forma gradual por una cuestión de espacio. Hoy esto tiende a revertirse, además la Fifa quiere árbitros jóvenes en el primer nivel.


¿Por qué quienes fueron referentes rosarinos del arbitraje no pueden estar en una misma mesa? Cuando digo referentes me refiero a vos, Claudio Martín, Samuel Laverni, Pablo Díaz.

Porque hemos elegido caminos diferentes y seguramente porque se ha privilegiado un rumbo personal a un trabajo colectivo. En mi caso sigo vinculado a través del Sadra porque considero que es desde adentro donde se deben producir los cambios, siempre me he manejado así, sin que esto implique una crítica hacia el resto, porque no hay cuestiones personales entre nosotros.


Elegiste una actividad gremial por encima de un cargo en Conmebol o en la conducción arbitral. ¿No te arrepentiste?

No, me arrepentiría si hubiera comprobado que trabajar para defender los derechos de los árbitros no valía la pena, y eso no sucede.


¿Cómo se dirige un partido cuando hay un problema familiar o cuando se sabe de antemano que cualquier error también afecta a la familia?

Tuve la suerte de que mi esposa me acompañó en todo, porque hemos pasado momentos muy lindos y otros muy complicados. También un árbitro debe prepararse psicológicamente para transitar momentos de mucha presión y estrés, y yo lo hice. Esta profesión, como el periodismo y tantas otras, te impide estar en momentos familiares irrepetibles. En mi caso sólo estuve en el nacimiento de mi primer hijo, Guido, pero en los de Bruno y Gina lamentablemente no estuve porque estaba dirigiendo. La clave es la comprensión de tu pareja con respecto a tu trabajo. Muchas veces pensé que algunos periodistas creían que uno vivía vestido de referí, pero no, yo llegaba a casa y guardaba la ropa de árbitro para ser padre, esposo, hijo, nieto y amigo. Y mi esposa siempre compartió todo.


Incluso la bronca hacia los periodistas.

Sí, seguro. En realidad la compartió a veces, las mujeres siempre son más pensantes.


Dicen que los sindicalistas deben defender a todos por igual. ¿Si hay un hecho de corrupción con un afiliado al Sadra cuál es tu posición?

La misma posición que adoptó el gremio cuando se comprobó debidamente el hecho: echarlo. En los últimos cinco años no tuvimos ningún caso, pero alguna vez se llegó a esa situación límite hace mucho tiempo.

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