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El alucinante viaje de Santiago Solari de Renato al Real

Santiago Solari hizo sus primeros trazos en el fútbol en el club rosarino. Allí dio el puntapié inicial de una carrera extraordinaria como jugador que hoy lo ubica en el banco de suplentes de la poderosa Casa Blanca de Madrid.

Domingo 18 de Noviembre de 2018

Hay chicos que se crían exclusivamente en la escuela, otros jugando en la calle, varios pasan el tiempo libre en clubes y algunos no salen de su casa. Para el actual entrenador de Real Madrid, el rosarino Santiago Solari (42 años), el hábitat natural de su infancia y adolescencia fue especialmente la cancha de fútbol. Tal vez hasta haya aprendido a caminar dentro de un rectángulo de juego. Nacido en una familia hiperfutbolera y deportista, el Indiecito siempre tuvo la virtuosa pierna zurda adosada a una pelota y aprendió que jugar con la cabeza levantada podía llevarlo a un viaje alucinante por las rutas del mundo de la redonda. Ese chiquilín que dio sus primeros pases en Renato Cesarini hoy está sentado como técnico en el selecto banco de suplentes del Real Madrid de España. Llegar a la cima del fútbol siempre tiene un principio, un punto de partida, un kilómetro cero. Y Santiago se hizo camino al andar.

A la vera de la autopista Rosario-Buenos Aires está el campo de entrenamiento de Renato Cesarini. Más precisamente en la vecina localidad de Alvear. Allí, enmarcado por la imagen de camiones que avanzan lentos por la ruta, campos verdes de soja, chacras con hornos de barro y eucaliptos que buscan frenar el viento, están las canchas de fútbol, las mismas que hace varias décadas pisaba un Solari rápido como una flecha para correr, habilidoso para frenar con la zurda y precisó para hacer goles en los arcos pequeños de las canchas de siete jugadores. Fue el principio de la historia.

Santiago siempre fue amigo de la pelota. Para él trasladarla no era una misión compleja. Corría con el balón con la misma naturalidad que lo hace un león ya con la presa atrapada. De niño aprendió a jugar en equipo, a tocar de primera, a cabecear con los ojos abiertos y siempre tratando de ganar. Aunque tal vez, la mejor enseñanza de esa etapa formativa fue que el triunfo era hermoso, pero perder lejos estaba de ser el fin del mundo. Un traspié era una nueva posibilidad que le abría la puerta a la revancha. Y, además, el rival jamás era un enemigo, aunque tuviera otra camiseta, merecía el máximo respeto y al final había que estrecharle la mano más allá del resultado. Todos jugaban, no había suplentes ni titulares. Ni vencedores ni vencidos. Como debe ser en la infancia. Así aprendió a comportarse dentro de la cancha.

Claro que Santiago llegó al mundo con una pelota debajo del brazo, ya que es hijo de Eduardo Solari, ex jugador campeón con Rosario Central y también luego entrenador de los canallas y Vélez, entre otros clubes del país y el exterior. De allí la pasión innata que experimentó por el fútbol.

El Indiecito tuvo un paso inicial clave por Renato, el club que tiene la impronta formativa de un adelantado como su tío Jorge Raúl Solari, ex jugador de River y la selección argentina y ex entrenador de Newell's, Independiente y la selección de Arabia Saudita, entre otros equipos.

Tras esa primera etapa, casi lúdica, con formato de colegio deportivo en Renato, Santiago tuvo un paso por el fútbol infantil de Newell's. Y no tardó en regresar al club de su tío para volver a ponerse la camiseta de Renato en las inferiores de la liga rosarina, una verdadera cuna de cracks, en la que compiten instituciones enormes como Newell's y Central, pero también clubes muy humildes de barriadas periféricas. Allí había que jugar en canchas de tierra, con pibes a los que les alcanzaba para un solo botín y esta situación también le aportó al Indiecito enseñanzas de vida que con el correr de los años lejos de olvidarse se valoran por la pasión de esos rivales que hacían todo a pulmón.

Varias tardes, después de entrenar, el Indiecito seguía pateando la pelota y perfeccionado desbordes y centros en el campo de entrenamiento Almácigos, de su padre Eduardo, pegado a Renato.

Santiago jugó en la primera de Renato Cesarini y también con este club fue sparring de la selección de Arabia Saudita, que dirigía Jorge Solari y tenía como ayudante a su papá Eduardo, en el Mundial de Estados Unidos 1994. Allí el Indiecito ya asomaba como un pichón de crack. Zurda prodigiosa, velocidad para desbordar, centro a la carrera a la cabeza del nueve y también diagonales con remate al arco. Además, la táctica comenzó a correrle por la venas y fue el momento de soltar amarras al fútbol profesional.

El resto es historia conocida. Comenzó en River en el fútbol grande y como jugador pasó por Atlético de Madrid, Real Madrid, Inter de Milán, San Lorenzo, Atlante de México y Peñarol. Luego, como DT se inició en las juveniles de Real Madrid, siguió en el Castilla FC y en la actualidad fue ratificado como entrenador del equipo profesional de la Casa Blanca.

Un viaje alucinante desde la cantera rosarina hasta la cima del fútbol mundial. Desde las canchas soñadoras de Renato Cesarini hasta el poderoso Real Madrid. Santiago Solari y el puntapié inicial de una carrera extraordinaria, siempre con la pelota junto al pie y la inteligencia para levantar la cabeza, pensar y escribir su propio destino.

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