Rusia 2018

Di María reveló por qué no jugó la final del Mundial de Brasil

El delantero de la selección argentina reveló los motivos de su ausencia con Alemania.

Lunes 25 de Junio de 2018

Angel Di María publicó una larga carta en el sitio The Players Tribune titulada "Bajo la lluvia, en el frío, de noche" en la que reveló los sucesos vinculados a la lesión sufrida el Mundial pasado e hizo un repaso por su vida y las dificultades que atravesó primero para ser futbolista y luego para consagrarse.

>> Leer más: Di María respondió a las críticas con un mensaje en Instagram


Di María le había respondido a las críticas que recibió por su bajo rendimiento en el partido debut en la Copa del Mundo. Lo hizo a través de su cuenta de Instagram y, entre otros conceptos, señaló: "Están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos. Los que hacen promesas. Los que imploran mirando al cielo. Los que creen en supersticiones. Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas. Los que siguen luchando cuando todo parece perdido".

A continuación, las frases más destacadas de la nueva publicación del delantero rosarino: 

-- Fuerza de voluntad: "La mañana de la final del Mundial 2014 yo estaba sentado en la camilla a punto de recibir una infiltración en la pierna. Me había desgarrado el muslo en los cuartos de final, pero con la ayuda de los antiinflamatorios ya podía correr sin sentir nada. Les dije a los preparadores estas palabras textuales: "Si me rompo, déjenme que me siga rompiendo. No me importa. Sólo quiero estar para jugar".

-- La decisión del jugador: "Y ahí estaba, poniéndome hielo en la pierna, cuando el médico Daniel Martínez entró al cuarto con un sobre en la mano y me dijo: 'Ángel, mirá, este papel viene del Real Madrid'. '¿Cómo? ¿Qué me estás diciendo?', le dije. Me contestó: 'Bueno, ellos dicen que no estás en condiciones de jugar. Y nos están forzando a que no te dejemos jugar hoy'. (...) Le pedí a Daniel que me diera la carta. Ni siquiera la abrí. Solamente la rompí en pedacitos y le dije: "Tirala. El único que decide acá, soy yo".

-- La final que no fue: "Sinceramente quería jugar ese día, incluso si se terminaba mi carrera. Pero tampoco quería hacerle las cosas más difíciles al equipo. Así que me desperté muy temprano y fui a ver a nuestro técnico, Alejandro Sabella. Teníamos una relación muy cercana, y si le llegaba a decir que quería jugar, seguramente él iba a sentir la presión de ponerme. Así que le dije honestamente, con una mano en el corazón, que él debía poner al jugador que él sintiera que tenía que poner. 'Si soy yo, soy yo. Si es otro, entonces será otro. Yo sólo quiero ganar la Copa. Si me llamás, voy a jugar hasta que me rompa', le dije. Y entonces me largué a llorar. No lo pude evitar. Ese momento me había sobrepasado, era normal".

-- Un pasado humilde: "Me acuerdo de que un día estábamos embolsando el carbón con mi papá, y hacía mucho frío y llovía. Estábamos abajo del techo de chapa. Era durísimo estar ahí. Después de un rato, yo me iba al colegio, que estaba más calentito. Pero mi papá se quedaba embolsando ahí todo el día, sin pausa. Porque si no lograba vender el carbón ese día, nosotros no teníamos nada para comer, así de simple. Y yo pensaba, y de verdad lo creía: Va a llegar un momento en que todo cambie para bien. Por eso, yo al fútbol le debo todo".

-- Un recuerdo inquietante: "Nunca me voy a olvidar cuando nos tocó jugar un partido de Libertadores en Colombia contra Nacional de Medellín. (...) En la pista había uno de esos aviones enormes de carga. ¿Viste esos que tienen una rampa atrás, en los que suben autos y container? Bueno, ése era nuestro avión. Un Hércules. Bajan la rampa y ahí los trabajadores empiezan a cargar colchones. Y los jugadores nos mirábamos entre nosotros como diciendo... ¿¡Qué!? (...) Nos tuvieron que dar esos protectores auditivos gigantescos que usan los militares para tapar el ruido. Nos subimos y había algunos asientos y los colchones para que nos sentáramos. Por 8 horas. Para un partido de Copa Libertadores. Cerraron la rampa y se puso todo negro. Y ahí estábamos nosotros, en los colchones, con los cosos estos sobre las orejas, casi sin poder escucharnos a nosotros mismos. Y el avión empieza a carretear, y nos empezamos a mover, y después en el despegue, nos vamos todos para atrás, y uno de los compañeros grita: "¡Nadie toque el botón rojo! ¡Si se abre esta puerta, nos vamos todos a la mierda!".

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