Ovación

Delfina Pignatiello, la nadadora prodigio a la que los Juegos se le tornaron una pesadilla

La atleta soñaba con su primera cita olímpica y hacia 2019 todo era color de rosa. Pero en 2020 la pandemia caló hondo: no pudo entrenar de la mejor manera y atravesó crisis profundas

Jueves 29 de Julio de 2021

Es probable que si a Delfina Pignatiello le propusieran el juego de poder elegir a qué momento de su carrera volver elegiría mediados de 2019. Por entonces, la nadadora de San Isidro hacía saltar la banca rompiendo récords en el prestigioso Circuito de Mare Nostrum, del que participó en las etapas de Mónaco y Barcelona y donde se midió al más alto nivel. Días después, pasando la mitad de ese año, se convirtió en triple campeona panamericana en Lima, aún no haciendo sus mejores marcas. Aquello, hoy, no puede ser. Aunque quizás sí sirva para agarrarse, para vislumbrarlo como un faro que se puede volver a alcanzar. Aquello también, entre tanto, permitió que Delfina sea una de las pocas nadadoras argentinas en conseguir marcas A para los Juegos Olímpicos. Y estos, los de Tokio 2020, eran su próxima gran estación. Sin embargo, lejos de configurarse como el sueño cumplido en el que prima el disfrute fue un sueño cumplido pero con mucho sufrimiento. Por un lado, porque la pandemia no le permitió entrenarse como demanda su nivel y por el otro (y más importante), porque vivió momentos muy duros con crisis profundas en las que "cómo salir" fue la gran pregunta. Delfina Pignatiello, a sus 21 años, acaba de despedirse de sus primeros Juegos Olímpicos.

Con desazón, lágrimas y mucha, mucha angustia. Así se va Delfina de Japón. No estuvo ni cerca de su versión mínima en la pileta. Aunque algo tiene claro, mientras algunos se animan a aventurar un retiro pos Tokio: "Incluso con lo terrible que es me dan más ganas de volver la próxima, con otra cabeza y otro entrenamiento (...) Esta es una carrera larga, no es ni un antes ni un después. No hay nada tan importante y tan terrible en la vida y quiero también aprender de eso", dijo instantes después de salir de la pileta donde corrió los 800 metros y salió última en su heat (8m44s85). Lo mismo le había pasado un par de días antes, en los 1.500, la prueba de fondo de estreno en Tokio 2020. La de 400, la primera que debía encarar, no la disputó. Las palabras y los gestos de Delfina, con esa tristeza final, dejan mucho por analizar.

Tantas esperanzas hay puestas sobre Delfina Pignatiello y su talento, que no fueron pocos los que barajaron su nombre en la previa de la elección de los abanderados argentinos de parte del Comité Olímpico nacional, aún a sabiendas de que se trataba de su debut en la máxima cita del deporte mundial. Aunque quizás eso podría haberle significado aún más presión. Delfina Pignatiello, doble medallista en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires 2018, ya tiene como todo prodigio con buenos resultados prematuros, demasiadas miradas encima suyo. Cuenta su familia que aprendió a nadar antes que a caminar. Y entonces un poco ahí empieza a entenderse parte de un perfil deportivo excepcional pero al que le queda mucho por recorrer. Explotó rápido Delfina Pignatiello con sus marcas juveniles en mundiales y citas internacionales. Tan rápido que llegó a Buenos Aires 2018 siendo una de las grandes figuras. Y aquí vale un recuerdo: la desbordante antesala que significaba cada día en que competía Delfina en Villa Soldati. Una verdadera locura con un estadio de miles de personas ovacionándola.

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No es fácil convivir con esa exposición. Ni para Delfina ni para nadie. Por eso, tras Buenos Aires 2018 tocó fondo con una depresión que ella misma contó en una nota antes de viajar a Tokio. No veía nada más allá adelante. Salió, con mucho cuidado y mucha ayuda, recuperó la felicidad que le implica tirarse al agua y la rompió en ese circuito europeo antes de ser de nuevo gran figura, pero ahora en los Juegos Panamericanos de Lima. Su mirada hacia Tokio, y también las del mundo externo, estaban cargadas de expectativas. Pero llegó la pandemia. Cuarentena obligatoria, piletas cerradas y ella nadando con una soga y elementos improvisados en la piletita de su casa. Paralelamente y ligado al anuncio de que los Juegos iban a ser pospuestos un año, otra vez el alrededor comenzó a desmoronarse. De nuevo ese horizonte incierto en lo deportivo la llevó a replantearse sentidos y otra vez, con muchos más cuidados y mucha más ayuda fue saliendo adelante. Mientras ella hacía sus procesos, duros y sumamente intensos, sus rivales directas ya estaban compitiendo desde hacía un tiempo largo.

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No iba a ser sencillo Tokio 2020 para Delfina Pignatiello incluso si el mundo no hubiera atravesado una pandemia. No lo fue, definitivamente con pandemia mediante. Le fue mal, realmente mal. Aunque ella dice que ya eligió y que esa elección es seguir adelante, seguir saliendo, como la reta la vida hace rato. Porque le dio el talento, pero también la otra parte. Alguna vez el fenomenal escritor estadounidense Truman Capote lo describió de esta manera: "Cuando Dios te da un don también te da un látigo. Y ese látigo es únicamente para autoflagelarse". Le valió para hablar de su don con la escritura. Vale, no forzadamente, para muchos otros. Ni que hablar para los atletas de alto rendimiento justamente en unos Juegos Olímpicos que además de por la pandemia quedarán en la historia porque sus máximas estrellas tiraron en la mesa dos invitaciones: hablar de presiones y hablar de salud mental.

Delfina Pignatiello, la nadadora prodigio que deslumbró en la pileta cada vez que se tiró en ella, no pudo hacerlo en Tokio. Está masticando no nadar como quiere, no nadar acorde a las expectativas. No está acostumbrada a perder. Pero tiene una certeza: puede hacerlo mejor de nuevo. Y París 2024, los próximos Juegos Olímpicos, sólo están a tres años.

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