Central

Cocca sostiene el timón a partir de una goleada contundente

Otro resultado que no hubiera sido un triunfo hubiese sacado al entrenador del cargo, pero el equipo le respondió con una gran goleada frente a un insípido Godoy Cruz y lo mantuvo al frente del plantel.

Domingo 03 de Noviembre de 2019

Central soltó lastre, logró una bocanada de aire, se sacó presión. Hay cientos de figuras para poner en contexto lo que fue el triunfo de ayer ante Godoy Cruz en el que las formas, el juego o lo que fuera debían confluir en un solo punto de destino: el triunfo. Sólo de esa forma Arroyito podía recuperar esa calma que lentamente le fue soltando la mano y que en esta última semana directamente lo dejó huérfano, sin protección alguna. Porque una derrota o incluso un empate hubiese generado un cimbronazo deportivo y, si se quiere, institucional. Con cualquier otro resultado que no hubiera sido la victoria Diego Cocca daba un paso al costado y desde la dirigencia se hubiera activado la obligación ayer mismo de acelerar conversaciones con otros entrenadores para poner alguien al mando del equipo. Pero el fútbol tiene estas cosas. Por eso los malos presagios trocaron por alegría. No una alegría extrema, que entregue licencias ni permita relajaciones, pero alegría al fin. El equipo respondió y el entrenador sigue.

   Con el resultado puesto, es de una nimiedad tal reparar en el formato de partido que propuso Central justamente por lo que estaba en juego. Es que esa tiranía de la que muchas veces se habla y a la que Cocca se abrazó en La Plata permitía un solo modo de vida: sumar de a tres después de nueve fechas (siete empates y dos derrotas) para que el proyecto siguiera su curso sin necesidad de salir a la caza de un nuevo piloto de tormentas.

   Para lo que viene, los teléfonos seguirán abiertos porque Central parece haber entrado en un terreno en el que convivirá con el día a día, con el fecha a fecha, pero al menos en la tarde-noche logró lo que hacía un montón no conseguía, desde aquel encuentro en el Gigante frente a Talleres.

   Es tal la marca indeleble que puede aportar un resultado que el 5 a 2 final borró de un plumazo todos los temores que el canalla expuso por momentos, en los que, siempre en ventaja, caminó por la cornisa. Central fue siempre un equipo que corrió e intentó jugar con el freno de mano puesto. Recién a los 30’ del complemento, con el tremendo zapatazo de Rinaudo contra el palo derecho de Mehring que sirvió para el 4-2 parcial, los ánimos de distendieron por completo. Allí ya pocos pensaron que Godoy Cruz, ya con un jugador menos, pudiera lograr algo similar a lo que hizo Patronato (se lo empató al canalla) en esta misma cancha y con este mismo árbitro.

   El gol de Nahuel Molina estuvo casi de más (no porque Central no lo haya merecido). Con eso ya bastaba para archivar (no se sabe hasta cuándo) aquellas palabras del entrenador Diego Cocca en el estadio Ciudad de La Plata, donde puso en jaque su continuidad de acuerdo al resultado que obtuviera ayer frente a Godoy Cruz. En ese archivo también entran la conmoción institucional, la búsqueda de parte de los dirigentes de algunos posibles candidatos a calzarse el buzo canalla y hasta la apretada que el plantel recibió el viernes (antes del entrenamiento) de parte de la barra canalla. Todo eso sucedió en días de muchísima tensión, en la que el técnico buscó una respuesta inmediata y convincente de parte del equipo, algo que finalmente encontró. Es más, casi que queda relegada a un segundo plano esa imagen de un Central corriendo detrás de una zanahoria llamada permanencia, aunque ello no impida obviar que es por esa escasa capacidad para alejarse de la zona roja que la seguidilla de partidos sin triunfos había hecho tanta mella. Hoy encuentra algo de oxígeno también en ese sentido. “El técnico puede respirar y la gente se va contenta. Y hay oxígeno puro”, reconoció Fabián Rinaudo, autor del quinto tanto auriazul, precisamente hablando de “oxígeno”.

Una espera densa

La previa fue de vientos huracanados, de torbellinos importantes, de situaciones claras en la que era todo blanco o negro. Era triunfo o decepción. Era Cocca sí o Cocca no. Después de 90 minutos en los que, se insiste, estratégicamente Central dejó mucho que desear, el resultado lo fue todo. Posiblemente hubiese alcanzado con un angustiante 1-0 o cualquier otra diferencia por la mínima, pero lo que nunca estuvo en dudas es que, ayer más que nunca, Central dependía de un resultado. Cocca presionó, buscó apoyo y encontró respuestas de parte de un equipo que por ahora no cambia de conductor.

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