El Central de las pretensiones fuertes de la previa derivó en el de mentón débil en el juego. El equipo que necesitaba ganar, pero sobre todo quería demostrar fortaleza, expuso fragilidad. Fue una noche lejos de los deseos la que vivió el canalla, que se quedó con las ganas de marcar mayor distancia con los que también luchan por la permanencia y que se distanció enormemente de la chance de acurrucarse en la zona alta de la tabla y aferrarse a las posiciones de Copa Libertadores. Mostró un claro retroceso. Más en el resultado que en el juego, porque las formas no distaron mucho de lo que fueron las anteriores producciones en este 2020.
Un primer cachetazo, tempranero por cierto, fue demasiado fuerte para un equipo con ambiciones. Es que esa palomita de gol de Lucero, tras la volada de Ledesma intentando despejar un gran tiro libre de Botta, exponía lo que ya era una floja puesta en escena, pero también la exposición de que Central no estaba en condiciones de dar mucho más. Lo confirmaron esos 15 minutos posteriores en los que Defensa y Justicia manejó el balón a gusto, aún sin generar demasiado peligro. Pero por momento fue floreo.
A esa altura Cocca ya advertía que la mano venía cambiada. Y bastó que Lucero, en offside, marcara el segundo para meter un golpe de timón (afuera Ojeda, adentro Pereyra, a los 35’, ver aparte). Pero nada fue para mejor. Porque si bien tuvo chances para descontar (un remate de Ruben, un zurdazo de Laso y un cabezazo a quemarropas de Ribas) el trámite fue de punta a apunta para un Defensa y Justicia que el segundo tiempo pareció sobrar el partido.
La posición de Pereyra, el desprendimiento de los laterales y algunas cosas más que ensayó Central sólo sirvieron para que el halcón descalabrara la defensa cada vez que se lo propuso. Brítez y Martínez por las puntas dieron todas las ventajas. Pero los volantes de Defensa se filtraban por ahí y también por el centro, donde Novaretti y Laso corrían para un lado y para el otro sin timón. Iban detrás de los rivales más que en busca de la pelota.
Ese fue el partido ordinario que jugó Central y del que sacó un enorme provecho Defensa. Es que el desconcierto fue individual y colectivo, sin el más mínimo atisbo de coraje para torcer la historia. Y por momentos hasta sin capacidad para frenar el desparpajo del local.
Un equipo que se va al vestuario dos goles abajo y que mete el primer tiro al arco a los 27’ del complemento, como lo fue el tirito de Pereyra en un tiro libre, no tiene demasiada explicación. O sí. Se explica a partir de la apatía futbolística de uno y del aprovechamiento de otro.
Central no venía jugando bien, pero se las ingeniaba para sumar. Lo de anoche se pareció mucho a aquella fatídica tarde en Avellaneda. Porque este Defensa le hizo tres pero pudieron ser unos cuantos más. Ayer, nada de nada. Apenas un par de situaciones (en su mayoría de pelota parada) que no alcanzaron para mostrar credenciales.
Porque si algo tuvo cierto el canalla anoche en Florencio Varela es que a la lucha por la permanencia no podrá sacársela de la cabeza por completo y que los objetivos superadores aún le quedan a una distancia considerable.
Por el momento, a Central le da para pelearla como viene haciendo y no mucho más.