Son increíbles, sugerentes, hermosos, extravagantes, persistentes, aterciopelados, pesados, agobiantes, los perfumes son los que más acercan, junto con la comida, ofrecen una paleta extensa y a veces indescifrable de fragancias que pueden disparar las más disímiles respuestas en la mente y en el cuerpo, por lo general relacionadas con el placer, algo perseguido hasta el hartazgo por estos días. Se destapa el frasco y casi de inmediato el ambiente se llena de sensaciones que transportan a distintos mundos asociados a formas y colores, porque los olores trascienden la mera excitación del sistema sensorial olfativo, casi siempre van asociados a otras cuestiones igual de etéreas pero más tangibles, y en cada quien desata percepciones únicas, íntimas, algo formidable si se tiene en cuenta que es un objeto de producción masiva. Patrick Süskind lo entendió cuando escribió "El perfumista". Porque la búsqueda de un aroma se acerca mucho a la alquimia y a todo el universo que la rodea.



























