Opinión

Las ideas de Belgrano que trascendieron su tiempo

20 de junio. El creador de la bandera se adelantó a su tiempo, no solo en su discurso sino en sus acciones: promovió la educación universal y a la mujer como sujeto de derecho.

Viernes 19 de Junio de 2020

Belgrano fue un adelantado a su tiempo. No sólo en su discurso, sino también en sus acciones; promovió la educación para todos los/as ciudadanos/as, destacando a la mujer como sujeto de derecho, y defendiendo una escuela gratuita y obligatoria, con una mirada innovadora. Tuvo una notable capacidad para acompañar cada crítica con una propuesta superadora. Insistía en que uno de los principales medios para mejorar las condiciones de vida de los sectores más postergados era crear escuelas gratuitas, política que debía incluir a las niñas, los desposeídos, los indios, los huérfanos y los pobres. Hizo un gran hincapié en los términos educación y economía. Consideraba que lo social se desprende de ambas y que son los dos grandes valores que hay que saber conocer muy bien para construir una Nación.

En las Memorias del Consulado, exponía insistentemente las ideas más avanzadas de la nueva economía política: fomentar la agricultura, animar la industria, proteger el comercio y crear escuelas formadoras de profesionales. Y, si bien tuvo algunos logros, como la creación de las escuelas de Náutica, Matemática y Geometría, no dejó de manifestar sus dificultades y frustraciones para cumplir con los objetivos de máxima de que se había propuesto.

En la Memoria de 1796 preconizaba la creación de una Escuela de Dibujo porque sería útil para las diversas ramas de las artes manuales. El teólogo, el ministro y el abogado, decía, necesitarían el conocimiento del dibujo, pues mientras a unos les facilitaría el estudio de la geografía y el manejo del mapa y compás, a los otros les serviría para comprender los "planos iconográficos y agrimensores, de las casas, terrenos y sembrados que presentan los litigantes en los pleitos". Los médicos tendrían mayor facilidad para estudiar detenidamente las partes del cuerpo humano que figuraban en las láminas de los tratados de anatomía y hasta las propias mujeres para el mejor desempeño de sus labores. La escuela incluía geometría, arquitectura, perspectiva y todas las demás especies de dibujo.

Valoró al maestro por su función social. "El maestro, en todos los actos públicos o patrios, tiene que estar al lado de la máxima autoridad y se lo debe de considerar un Padre de la Patria porque es el que enseña, es el que transmite los valores a los futuros ciudadanos", señaló:

Consideraba que el maestro procuraría, con su forma de ser, inspirar a sus alumnos amor al orden, sentimiento de honor, amor a la virtud y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que diga a profusión y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado. A su vez, recomendaba que a los niños no se les permitiera el lujo, aunque sus padres pudiesen y quisiesen costearlo.

Se molestaba ante el desinterés de a la clase dirigente porteña por el progreso del país y sus habitantes. Hay escritos de Belgrano que llaman la atención por su profunda sensibilidad social. En su Memoria consular de 1795, señalaba: "He visto con dolor, sin salir de esta capital, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria y desnudez".

Por el triunfo de la batalla Salta, en 1813, la Asamblea del año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro, quien quiso destinar ese monto para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en las que se enseñe a leer y a escribir. Escribió un Reglamento para el establecimiento de esas cuatro escuelas donde planteaba, entre otros puntos, un régimen de organización escolar, con doble turno.

En cuanto a la mujer, Belgrano decía que es la primera que debe tener un gran rol social y derecho a la educación, la consideraba como la primera persona que instruye a los chicos, que son el futuro de cualquier Nación. Incluso, consultó obras de humanistas españoles en las que se indicaba que las niñas debían aprender letras, a hilar y a labrar. Algunas de estas actividades están muy imbricadas a las características de la época; pero, más allá de eso, pensó a las mujeres como sujetos de derecho.

Cuando estuvo en Rosario, el rol de una mujer fue sumamente importante, como el de Catalina Echevarría de Vidal —hermana de su gran amigo, y presidente del Superior Tribunal de Justicia del gobierno patrio, el rosarino Vicente Anastasio Echevarría—, casada con uno de los hombres más acaudalados de la región. A través de Catalina se recuerda a las cientos de mujeres que durante esos días cooperaron con la causa de Belgrano, el aprovisionamiento de las tropas y la confección de las escarapelas y la bandera.

Si bien muchas escuelas han ido cambiando la mirada por sobre los próceres, es muy importante romper con la cristalización y retomar las historias individuales de estos héroes, pero enmarcadas en una historia colectiva, que le permita al niño o niña la construcción de ciudadanía y la valorización de la historia nacional, no como un cuento con meros datos, sino como procesos imbricados para valorar el presente.

La efeméride no es un contenido aislado en el cuaderno, o al menos no debería serlo; sino que tiene que ser parte de una construcción, donde se describa un acontecimiento, pero contextualizado y que cobre sentido para ese niño o niña en los primeros años de la escuela primaria. El acto escolar es un ritual necesario, es ver a toda la escuela trabajando en un proyecto en común, pero debe estar enmarcado en un proyecto más amplio. Quienes cursamos nuestros primeros años escolares hace unas décadas, recordamos a Belgrano, San Martín y Sarmiento de manera estereotipada. Sin embargo, es necesario mirar al prócer por fuera de la rigidez, y reflexionar, en la clase o el acto escolar, acerca de su vida como una instancia de aprendizaje.

Es un momento importante para pensarnos en comunidad, para construir nuevos significados y prácticas, en vez de replicar una cultura hegemónica que ritualiza y cristaliza en lugar de movilizar a pensarnos y situarnos como sujetos políticos y, en consecuencia, enseñar en ese sentido. Belgrano es una buena oportunidad.

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