Opinión

Guaidó pasó otra prueba y sigue sumando puntos

La apuesta era alta, muy grande. No se sabía qué iba a pasar con Juan Guaidó una vez que ingresara a Venezuela.

Martes 05 de Marzo de 2019

La apuesta era alta, muy grande. No se sabía qué iba a pasar con Juan Guaidó una vez que ingresara a Venezuela. Se notaba en su video de 33 minutos publicado el domingo a la noche en las redes sociales. El tono del presidente interino no era festivo, ni mucho menos; era, al contrario, grave. Sus advertencias sobre cómo continuar si era detenido eran directas, explícitas. "Si el usurpador y sus cómplices se atreven a tratar de retenerme, hemos dejado una ruta clara, con instrucciones a seguir por nuestros aliados internacionales y hermanos del parlamento", indicó en Twitter.

Pero el régimen no se atrevió a tocarlo. La custodia de ocho diplomáticos, entre ellos el encargado de negocios de Argentina, ayudó mucho, sin dudas. Los funcionarios de Migraciones lo trataron como a cualquier otro ciudadano, pese a la amenaza/orden de Diosdado Cabello y al arbitrario dictamen del Tribunal Supremo que le había prohibido salir del país y que el joven líder venezolano había desconocido.

Ayer se rompió otro dique y se confirmó que "tocar" a Guaidó para el régimen es muy costoso, demasiado. El joven presidente encargado sumó capas de blindaje con su gira sudamericana, en la que fue recibido y saludado, muchas veces con honores de Estado, por seis presidentes, además del secretario general de la OEA.

Pero dejarlo libre también es costoso para la dictadura chavista. Por ahora, ante el dilema, los matones guardan sus armas. La masiva movilización ciudadana que se vio ayer —nuevamente— vale tanto como el blindaje diplomático de las grandes naciones de América. Ambos factores protegen al larguirucho ingeniero Guaidó de ser presa fácil de los asesinos de Maduro. Sin embargo, surge otro peligro: que, siguiendo la perversa tradición castrista, se trame un falso accidente para eliminar al hombre más popular de Venezuela. Los miles de funcionarios cubanos en Venezuela, que no son meros asesores, podrían haber colado esta idea siniestra en la la cúpula chavista. Un camión que se atraviesa en la ruta durante uno de los viajes del presidente interino, al estilo del crimen de Oswaldo Payá en el interior de Cuba, por ejemplo. O el de tantas otras muertes sospechosas urdidas por los servicios de estas dictaduras militares. Nada puede descartarse en los días y semanas que vienen. Y como advirtió ayer el senador estadounidense Marco Rubio, Maduro siempre puede hacerlo detener en medio de la noche, como ya hizo con Antonio Ledezma y tantos otros.

Pero por ahora Guaidó suma y sigue. A los venezolanos una banda de criminales les secuestró el país y la democracia, y de paso se los destruyó. Con el decisivo apoyo de muchos de afuera. De los que abundan, por ejemplo, en Argentina. Los autopercibidos "progresistas". Ahora, los venezolanos están en la durísima tarea de recuperar su país de las garras de los usurpadores. Pocas veces estuvo tan claro cuál es el lado correcto.

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