Alguna vez dejaron de ser invisibles y atrajeron todas las cámaras del país. Pero en ese extremo más postergado de Empalme Graneros que se llama Los Pumitas, donde hace un mes los narcos asesinaron a un nene de 11 años, la violencia se respira desde hace décadas. Se vive sin asfalto, sin agua potable, sin colectivos, sin cloacas. Es decir, se sobrevive. Y en ese sitio donde florecen las necesidades básicas insatisfechas, el narco se hace fuerte. Tanto, que hasta una escuela cambia la puerta de ingreso para que los chicos no tengan que pasar delante de un búnker y la violencia entre bandas obliga a cerrar comedores y suspender el dictado de talleres de oficios con los que los pibes tal vez puedan pelearle de algún modo a la exclusión.




























