Opinión

El color de la infancia

"El Mago de Oz" es mucho más que una película. Y para el afuera se ratifica a partir de la nota que está al lado de esta columna, en la que se confirma que se emitirá como serie de televisión.

Viernes 22 de Febrero de 2019

"El Mago de Oz" es mucho más que una película. Y para el afuera se ratifica a partir de la nota que está al lado de esta columna, en la que se confirma que se emitirá como serie de televisión. Pero adentro de cada uno que la pudo disfrutar en su infancia dejó una huella emotiva imposible de borrar.

Pasaron 80 años de aquel 1939, en que se estrenó ese memorable filme a las órdenes de Víctor Fleming, que no es otro que el mismo director de "Lo que el viento se llevó", amplia ganadora en la ceremonia de los Oscar de 1940. Cuesta imaginar que la historia de fantasía encabezada por Judy Garland competía además por la estatuilla con "La diligencia", de John Ford; "Cumbres borrascosas", de William Wyler y hasta "Mr. Smith Goes to Washington", de Frank Capra.

Es algo así como si a Barcelona le toca dirimir la Champions League contra la Juventus, Manchester City y Real Madrid. Así y todo "El Mago de Oz" ganó dos estatuillas, como banda sonido y canción original (si perdía "Somewere Over The Raimbow" ese día nacía el primer piquete a los Oscar), misma cantidad que "La diligencia", y hasta postergó a "Cumbres borrascosas" y al mismísimo filme del eterno Capra.

Pero más allá de comparaciones, estadísticas y tabla de posiciones vale rescatar "El Mago de Oz" como una película bisagra del cine destinado sólo para niños. Porque Dorothy, el personaje que inmortalizó Judy Garland, fue más allá de la imagen de la chica tierna e inocente ya que, al igual que El Hombre de Hojalata, El León Cobarde y El Espantapájaros, transmitían valores de solidaridad, de lucha por los ideales, de vencer los miedos, y todo desde una estética de alto vuelo mágico y poético.

Y no era poco para el universo infantil de antes ni de ahora. Además, el filme de Fleming supo aportar innovaciones tecnológicas en el pasaje del blanco y negro al technicolor, todo un desafío para la época. "El Mago de Oz" la vi en los 70 en mi tele blanco y negro de calle Iriondo, por lo que me enteré después del efecto revelador del color. Todavía, cada vez que la pesco en la tele, no puedo dejar de verla. Y hasta tengo el DVD o Netflix por si algún día se me ocurre visitarla una vez más. Es que Dorothy, El León Cobarde, El Hombre de Hojalata y El Espantapájaros siguen pintando mi infancia con nuevos colores.

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