Opinión

Dengue, la epidemia eclipsada

Contraste. En estos días el mundo entero habla del coronavirus de Wuhan, pero en la región la mayor amenaza sigue siendo el virus transmitido por el mosquito Aedes.

Miércoles 05 de Febrero de 2020

Por estos días, la actualidad está siendo atravesada por novedades en "tiempo real" sobre la epidemia causada por el nuevo coronavirus de Wuhan, caracterizada por notables avances en biotecnología que han permitido conocer el genoma del virus y difundirlo en la web a días de presentarse los primeros casos. Toda esta información ha permitido tomar medidas sin precedentes para tratar de detener el brote. Organismos locales e internacionales de salud pública establecieron aceleradamente pautas de alarma y trabajan incansablemente en su contención. Pero también nos afecta el dengue, enfermedad que pone en riesgo al 40 por ciento de la población mundial ocasionando, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 400 millones de infecciones, con 20.000 muertes por año a nivel mundial.

Malaria, dengue, paludismo, chikungunya, fiebre amarilla y zika son zoonosis transmitidas por mosquitos. Representan aproximadamente un 17 por ciento de todas las enfermedades infecciosas y se las considera ancestrales. Afectan a las poblaciones más pobres de zonas tropicales y subtropicales.

La OMS considera a sus mosquitos transmisores como "los insectos más nocivos que existen para el hombre".

El dengue era conocido por los chinos (265-420 dC) como "veneno de agua" por insectos voladores y la primera epidemia ocurrió simultáneamente en Asia, África y América del Norte desde 1780. Por aquellos tiempos el comercio por barcos a vela entre puertos tropicales fue trascendental para la expansión mundial. Hoy los aviones han desplazado a aquellas "goletas y bergantines", transformándose en los grandes aliados de la diseminación global de muchas enfermedades infecciosas.

Existen cuatro serotipos de virus del dengue y una persona puede infectarse con virus distintos hasta cuatro veces en su vida. Cada serotipo proporciona inmunidad específica, es decir para ese serotipo. Si se infecta con uno de los tipos de virus y luego contrae otra enfermedad por otro tipo habrá chances de que se presente una forma más severa de dengue.

El virus es transmitido por la picadura de mosquitos hembra del género Aedes, principalmente Aedes aegypti, que también transmite la fiebre amarilla, chikungunya y zika. Los mosquitos adquieren el virus picando a una persona infectada, al chupar la sangre el virus se incorpora en el insecto y luego de un período de incubación en éste, cuando pica a otra persona sana, inocula la sangre infectada que contiene en su intestino, perpetuando la enfermedad.

El Aedes pone sus huevos cerca de las viviendas, en ámbitos peridomiciliarios donde encuentra agua limpia estancada: en baldes, neumáticos, recipientes para los animales, macetas y floreros, que son verdaderos criaderos . Allí los huevos se convierten en larvas, pupas y mosquitos adultos. La altas temperaturas y mayores lluvias durante el verano explican la pululación del Aedes.

Hasta 1970 tan sólo nueve países habían sufrido epidemias importantes. Hoy es endémica en más de cien. La OMS lo considera uno de principales problemas de salud de la humanidad en términos de morbilidad y mortalidad y de gran afectación social y económica, estimando que la incidencia mundial está aumentando rápidamente. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) viene alertando sobre la proliferación del dengue en América: 2019 fue un año récord con tres millones de casos registrados. Entre los 30 países del mundo con mayor incidencia de dengue, el 60 por ciento pertenecen a América. Se anticipa una intensa actividad de esta enfermedad para 2020.

Los viajeros a regiones tropicales o subtropicales tienen riesgo incrementado de contraer dengue y deberían tomar precauciones especiales contra los mosquitos. Estas áreas incluyen partes de América y el Caribe, islas del Pacífico occidental, Australia, Asia y Oceanía, África y Oriente Medio.

Las razones que parecen explicar una excesiva expansión del dengue en las últimas décadas son el cambio climático global, extensiva infestación de mosquitos, déficit en el control del vector, urbanización no planificada (desorganizada), aumento de los viajes internacionales y deforestaciones.

El aumento de la densidad de población en áreas urbanas acarrea como consecuencia una "urbanización no planificada" que se caracteriza por viviendas precarias, sin adecuada gestión de residuos, con basurales a cielo abierto, acumulación de recipientes no biodegradables que sirven para criaderos y a veces falta de agua potable y cloacas, todos detonantes para la difusión de la enfermedad.

Si bien el mosquito al momento de picar y transmitir el dengue no diferencia condición socioeconómica, más del 70 por ciento de los países afectados por esta y otras enfermedades tropicales son de ingresos bajos o medios-bajos, lo cual refleja su distribución desigual en el mundo con damnificados sobre todo en las poblaciones más vulnerables. El dengue es citado por autoridades en el tema como un marcador de "inequidad social".

Ocasiona un cuadro febril similar a una gripe con intenso dolor en las articulaciones, que le valió el nombre fiebre rompe-huesos, pudiendo progresar de manera impredecible a una forma hemorrágica que amenace la vida. El dengue grave es considerado una emergencia médica y requiere internación inmediata. Si bien no hay un tratamiento específico, si se diagnostica pronto y proporciona asistencia médica adecuada, las tasas de mortalidad son muy bajas.

Existe ya una vacuna que ha comenzado a aplicarse en algunos países. No debe administrarse en personas que no hayan sido infectadas previamente por este virus. La vacuna aumenta el riesgo de dengue grave y hospitalización en las personas "sin exposición previa al virus", constituyendo esto un claro limitante para su aplicación universal.

Tal vez sea difícil alcanzar en un corto tiempo solución definitiva a la problemática mundial del dengue. Se debería contar universalmente con una efectiva vacuna accesible a todas las personas que la necesiten. Además, se requeriría de un riguroso control del medio ambiente. Las batallas libradas en salud pública, en donde intervienen la higiene, la participación del ecosistema, la exigencia de una fuerte participación a nivel comunicacional y educacional con la comunidad, suelen ser las más arduas. La expansión del dengue así lo demuestra.

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