Martín Franco es un exagente de inteligencia que se mueve como pez en el agua en los entresijos del poder y lo aprovecha para hacer dinero. "Soy un facilitador de negocios", se define a sí mismo y no le va nada mal, hasta que, dejándose llevar por su ambición, se asocia con el pastor Elián Ospina, el líder de la iglesia de la Sagrada Revelación, una orden religiosa sui generis que no puede ni quiere explicar sus fuentes de financiamiento. De ahí en más, la vida del "lobista" se convierte en una montaña rusa mortal.
Por qué hay que verla: La combinación "thriller político" y buenas actuaciones hace que "El lobista" resulte atrapante, tanto como la ambigüedad de su protagonista. Rodrigo de la Serna construye un Matías Franco irresistiblemente empático, que, pese a que es capaz de las peores atrocidades por dinero, resulta entrañable y, aunque no se merece el cielo ni mucho menos, tampoco el infierno. La historia crece a medida que se le complica la vida y el misterio, el nervio de la trama, juega con la duda de cuál será la suerte que correrá al final.
Lo que importa: La advertencia no es necesaria, sino indispensable. "El lobista" recurre a un viejo recurso de la ficción cuando juega peligrosamente con la realidad. Antes de comenzar pone una leyenda que, a modo de prólogo mundo, aclara: "Los hechos y/o personajes del siguiente programa son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia". En un país en el que los funcionarios del gobierno tiran bolsos repletos de dólares sobre el tapial de convento hace falta dejar bien en claro que lo que se cuenta es invención pura.
Entrelíneas: Lobistas hay acá, allá y en todas partes y hacen su trabajo con el mismo cinismo que Martín Franco, la misma sangre fría y el mismo desprecio por la honestidad, el compromiso y los valores que mueven a los que están en la política, la religión y hasta los negocios con convicción. En países en los que la corrupción lo infecta todo son un engranaje necesario para mover esa maquinaria que tritura pobres corazones y los convierte en lingotes de oro. Afortunadamente, no puede con todos, y esa es la materia con la que está hecha la esperanza.
Historia de fondo: La televisión argentina rara vez se anima a contar la realidad tal y como es, y cuando lo hace sus productos son muy logrados. Ideas del Sur se lució con "Okupas", Underground con "El marginal" y Pol-Ka con "El puntero". Al sacarse de encima la presión del minuto a minuto, se permite libertades a las que jamás se atrevería en el "prime time". Sus ficciones ganan profundidad; sus personajes, matices y el producto, calidad. Son la televisión que justifica -lava las culpas- la televisión basura. Pequeños oasis en el desierto.
Para que sepas: "El lobista" no sería lo que es si detrás de cámaras no hubiera estado Daniel Barone. Es un especialista en unitarios que tiene puesta la camiseta de Pol-Ka desde que dirigió "Poliladron". Adrián Suar le tiene una confianza ciega, y no es para menos, detrás de los títulos más exitosos y más prestigiosos de su productora, desde "Verdad consecuencia" hasta "El maestro", está su firma. El propio Rodrigo de la Serna, un actor que siempre se resistió a la televisión fácil, confesó que aceptó el papel solo para poder trabajar con él.
Alerta spoilers: "Hay dos cosas con las que todo el mundo sueña: volar y vivir sin trabajar, yo puedo hacer las dos cosas". El lobista no reniega de su trabajo sino todo lo contrario, se siente orgulloso de hacer lo que hace y como lo hace. Es así hasta que el corazón mete la cola y los sentimientos, que siempre creyó que tenía perfectamente controlados, lo confunden. Su antagonista, el padre Ospina, un villano despreciable en la piel de Darío Grandinetti, la tiene clara. Tiene una ayudita de un amigo -Luis Machín-, que le habla del más allá.
Bonus track: Los títulos de apertura rescatan un clásico de Riff, "Mala noche", con la viola salvaje de Pappo y el vozarrón más salvaje aún de Michel Peyronel, el baterista de la legendaria banda de heavy metal. El tema fue grabado para el disco "Que sea rock", lanzado en 1997 y que terminó siendo el último álbum del grupo, ya que el Capo moriría en febrero de 2005. Para el lanzamiento de la serie de Pol-Ka se grabó un videoclip, con Peyronel cantando en un contraluz en blanco y negro y pequeñas pastillas de "El lobista".