El vulgo acuñó, para ciertas personas que confían desmesuradamente en sus
poderes para redimir a la sociedad de los males, la palabra "mesianismo". Esta confianza desmedida,
que va acompañado del patológico alarde y la fatal soberbia, es en realidad una aberración. Se
aventurará quien escribe a decir algo a ese respecto, aunque sea un tema de orden psicológico y,
puntualmente, en torno de algunas actitudes de Carrió.
Como se recordará, hace ya cierto tiempo la entonces referente del Ari solía
presentarse públicamente, en programas de televisión y otros medios, portando una gran cruz y fue
de rigor, muchas veces, el Santo Rosario en su mano. Esta ostentación de los signos religiosos tuvo
lecturas y algunos recordaron, por entonces, que la humildad de Cristo enseñaba que la oración y la
religiosidad no debían ser mostradas a los cuatro vientos. Decían, por ejemplo, que Jesús enseñaba
no orar en las esquinas y que la relación con Dios era más eficaz y sincera en la soledad del
cuarto del hogar.
La señora Carrió parece haber reflexionado al respecto y dejó de lado esa pose
que le daba un aire de misticismo y el toque de persona "elegida" para salvar al grupo social. Lo
que no ha dejado de lado la dirigente de la Coalición Cívica, y es una pena, es ese tono de
mesianismo que aflora en cada una de sus intervenciones públicas. Y no sólo de mesianismo, sino de
unicato que se parece mucho al que ejerce el modelo K al que tanto ella critica. Un pensador decía
que tienen derecho a criticar aquellos que tienen corazón para ayudar. Es decir, no sirve la
crítica si ella no es mesurada, responsable y conlleva la virtud de construir. Carrió ha criticado
al oficialismo de manera cruda e inadecuada para la figura que ella representa (una líder que se
precia de saber conducir los destinos de una Nación, no puede incurrir en el grotesco de comparar,
como si estuviera en el bar de la esquina, a un ex presidente con el gordo Valor, aunque alguna
razón pudiera tener en su aseveración). Ha criticado incluso al mismo Cobos cuando el
vicepresidente le hizo sombra, crítica que ha abandonado hoy en razón de sus necesidades. A las
críticas, casi siempre ácidas hasta tener el poder de disolver la esperanza del ciudadano, casi
nunca Carrió las acompaña de propuestas o estas son bastante lavadas y generales. Podría decirse
que es opositora, pero nada más.
Lo último de Carrió, en materia de mesianismo, es afirmar que el destino del
gobernador Binner, de Reutemann y de la propia provincia de Santa Fe está en sus manos. En efecto,
hace pocos días ha dicho que si la Coalición Cívica no participa del Frente Progresista gana
Reutemann. Esto no es sólo una forma de presionar al gobernador, sino hasta de decir que sin ella
el futuro del socialismo aquí es negro.
Ese es un verdadero despropósito para una realidad política bien distinta a la
que plantea Carrió. En la provincia de Santa Fe se votarán santafesinos para cubrir vacantes en las
Cámaras de Diputados y de Senadores y hasta dónde se sabe, Carrió ni será candidata por Santa Fe ni
figurará en lista alguna de fórmula presidencial que pudiera significar la colección de votos a
favor del Frente Progresista. Por lo demás, si hay alguna provincia en donde la Coalición Cívica es
verdaderamente débil en materia política esa es precisamente Santa Fe, pues una gran parte del Ari
se fue con el nuevo partido Solidaridad e Igualdad (SI) y otro grupo fue para el sector que comanda
Tessio, todos con Binner. Los demás sectores que confluyen en la Coalición Cívica en el orden
nacional, brillan en Santa Fe por la ausencia de peso político. Excepción hecha, claro está, del
socialismo, que no necesita a Carrió para ganar una elección en su propia provincia.
Pero incluso se puede ir más allá, respecto de esa suerte de mesianismo de
Lilita. Se podría deducir de sus palabras que de ella pende la historia del propio peronismo o,
cuanto menos, del senador nacional Carlos Rutemann. Se desprende de sus dichos que si ella
participa en el Frente Progresista Reutemann pierde. La suerte del PJ no depende de la ausencia o
presencia de Carrió en el Frente Progresista, sino de la ausencia o presencia de nuevas figuras y
propuestas en un partido en el que algunos de sus dirigentes se empeñan, increíblemente, en una
remake que el electorado no está dispuesto a consumir. Para ser bien claro: la suerte de Reutemann,
si es candidato, dependerá de sus propuestas y de la gente que lo acompañe.
Hasta ahora los que han aparecido en la escena no aseguran una victoria.
Y la suerte del justicialismo dependerá, por supuesto, de las circunstancias
internas en el propio movimiento. Por ejemplo: en las últimas horas algunos chismes se han echado a
rodar. Uno de ellos que hay un acuerdo en ciernes entre Reutemann y Obeid (¡vaya estrategia!) para
formar listas que no contemplarían a Agustín Rossi entre los candidatos que serían de la partida.
¿Será verdad? Es prematuro hablar de tales cosas, pero de ser así el justicialismo tendría internas
y un gran desgaste.
De todos modos en algunas ciudades y localidades santafesinas habrá propuestas
individuales y una de ellas es Rosario. Las 62 Organizaciones Peronistas están en el proyecto de
armar listas propias para concejales "con personas nuevas, que estén consustanciadas con el
pensamiento justicialista y que piensen en la sociedad, y no en ver como se acomodan y nada más",
dijo un referente de ese sector. "Personas que no tengan que explicar su pasado", añadió. ¿Lo habrá
dicho por esos rostros de siempre que para lo único que sirven es para piantar votos?
Pero a propósito de Lilita, la realidad santafesina es otra. Por ejemplo,
Gustavo Gamboa, referente en Rosario del nuevo partido Solidaridad e Igualdad (SI) y perteneciente
al grupo de la diputada Alicia Gutiérrez, marcó diferencias con Carrió: confirmó el respaldo al
Frente Progresista en Santa Fe y la "adhesión a la gestión de Binner".
Ha comenzado el nuevo año, un año electoral. Muchas personas en el mundo y en
Santa Fe esperan la llegada del Mesías, ese que ponga un poco de orden en una sociedad
convulsionada en la que los más débiles e inocentes son humillados. Pero hay seguridad en cuanto a
que la "era mesiánica" no tendrá como protagonista a Lilita, a quien muchos le piden hoy que mesure
el don de la profecía y el poder de la salvación.