La ilusión sigue en pie. En un partido con gusto a epopeya, Los Pumas se impusieron a Gales 29-17 en el Vélodrome de Marsella y se metió en las semifinales de la Copa del Mundo, agotando los elogios ya que el equipo supo sobreponerse a situaciones extremas y dio muestras de autoridad en los últimos veinte minutos, que es cuando se definen los partidos.
Temple, inteligencia, convicción y mucho corazón, recuperando su defensa y mucho de su juego, fueron los argumentos en los que Los Pumas se apoyaron para conseguir este triunfo histórico. Por tercera vez en su historia se metió en las semifinales de un Mundial.
No le resultó fácil, ya que desde los primeros minutos Gales salió a presionar al equipo argentino y obligó a Los Pumas a replegarse. Pero en esos primeros minutos de estudio, Los Pumas también mostraron que cuando se largaban a jugar, eran peligrosos. De hecho la primera chance de abrir el marcador fue para el conjunto albiceleste, cuando luego de una larga secuencia ofensiva, de muchos pases, derivó en un penal que a Boffelli se le fue ancho.
A partir de ahí se hizo un partido muy físico y sin tregua.
Se sabía que Gales es un equipo que gana desde la conducción, ya que maneja a la perfección los tiempos del partido y frente a los palos no perdonan, pero a diferencia de partidos anteriores, Gales sorprendió moviendo muchísimo la pelota. Cuando Gales tuvo la pelota, intentó mover la defensa argentina para poder jugar a sus espaldas y meterse como una cuña, agarrando a la mayoría de los argentinos a contrapierna. Todo el juego de Gales giró en torno a su apertura Dan Biggar, y fue él quien llegó al try para romper la paridad.
Por esos momentos, los errores argentinos en el manejo sobre todo por falta de concentranción empezaron a aparecer, como las imprecisiones, que también le hicieron perder varias chances. No obstante, el mayor problema fue la falla en los tackles, lo que le permitió a los galeses darle continuidad a su juego.
A la media hora de juego, el ritmo lo impuso el conjunto europeo, mientras que Argentina no lograba encontrar el equilibrio. Gales tenía todo controlado, o casi todo. Sobre el final del primer tiempo, dos penales de Emiliano Boffelli acercaron a Los Pumas en el marcador. Con un 10-6 favorable a Gales no estaba todo dicho.
En el comienzo del segundo tiempo, volvió a aparecer el Duende: Boffelli acortó las cifras con otro penal. Quedaban menos de cuarenta minutos para jugarse a todo o nada. Y allí apareció el enorme corazón de Los Pumas, ese que lo hizo distintos en las grandes batallas.
Con un nuevo penal de Boffelli, Argentina pasó por primera vez al frente. El tiempo se iba acortando y así empezaba otro partido.
Gales empezó a sentir el impacto físico, el desgaste de un partido muy friccionado. Sin embargo, en una jugada, a Los Pumas le cambió el panorama. En un ataque, la defensa se quedó dormida, situación muy bien aprovechada por el recién ingresado Tomos Williams, quien llegó al try para que el Dragón hechara fuego por la boca.Lejos de amilanarse, jugando muy juntos, sin apresurarse, con un gran pick and go, Los Pumas encontraron la llave de la victoria. Joel Sclavi apoyó, llegó a la igualdad y Boffelli con la conversión volvió a poner al seleccionado argentino en calidad de ganador.
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Los últimos minutos fueron para el infarto... hasta que apareció Nicolás Sánchez, quien interceptó un pase galés y se fue derechito al ingoal rival, y de palomita selló la victoria. Y si faltaba algo, para ponerle el moño a la noche de Marsella, el Centurión anotó un penal de antología para establecer el 29-17 final con el que Argentina era semifinalista.