Los últimos avances confirman que una comunicación fluida con el niño que va a
nacer ayuda a construir un vínculo antes que nazca. La idea es incentivar las experiencias
sensoriales del feto, promoviendo el desarrollo órgánico y psíquico. Esta hipótesis es sostenida en
estudios neuroembrionales según los cuales el sistema nervioso en formación se ve muy favorecido
ante una estimulación apropiada, ganando un desarrollo rico y precoz. También se confirmaron los
efectos positivos en las áreas física y psicológica, y una rica interacción entre padres e
hijos.
El sentido del tacto se desarrolla primero. La primera señal de sensibilidad
aparece cerca de la séptima semana de vida, en la zona que rodea la boca. En el transcurso de las
dos semanas sucesivas, la zona sensible a las estimulaciones táctiles se va extendiendo
progresivamente al resto del rostro, a la palma de las manos y al tórax.
En el transcurso de la 11ª semana de gestación, la planta de los pies y el
aparato genital muestran una gran sensibilidad (en el adulto estas áreas sensibles presentan una
mayor cantidad de receptores sensoriales). Cuando el feto cumple las 12 semanas dicha sensibilidad
se extiende a toda la superficie del cuerpo.
Alrededor de los 5 meses de gestación, toda la epidermis y la mucosa reaccionan
plenamente a las estimulaciones táctiles. El tacto del feto madura y se desarrolla en el transcurso
de todo el embarazo, permitiéndole recibir información relativa a todo aquello que lo rodea. Los
minúsculos receptores cutáneos de los cuales está provisto le permiten distinguir la temperatura,
el dolor, la presión, las vibraciones y la estructura. Estos son de notable ayuda para la
percepción de su pequeño mundo privado de luz.
Aunque la madre no los percibe, los movimientos fetales comienzan a verificarse
en torno al segundo mes de embarazo. Su frecuencia de movimientos van acordes a la maduración
estructural y funcional del sistema nervioso del feto.
El objetivo es estimular el tacto y ayudarlo a explorar su pequeño universo. Es
de esta forma que el feto adquiere los primeros elementos de conocimiento. A través de la ecografía
se ha visto que cuando los músculos del pie exploran algo, reaccionan doblando los dedos y alzando
las rodillas.
Alrededor del quinto mes, período comienza a mover las piernas y los brazos con
más fuerza. Sus dedos son más ágiles y se mueven libremente; puede tocarse una mano con la otra;
acercarla al rostro; agarrarse el cordón umbilical; explorar sus pies y sus rodillas.
No es raro ver al futuro bebé chuparse el dedo gordo durante un examen
ecográfico. Se estima que el segundo trimestre es capaz de moverse hasta trescientas veces en un
día. Gracias a estas evoluciones motoras, su capacidad de percepción táctil crece progresivamente y
de esta forma descubre su universo acuático desarrollando fuerza y coordinación.
En el transcurso del sexto mes, está más sensible a las estimulaciones externas
y se mueve con la luz, el sonido o las presiones sobre el abdomen. Su percepción es tan aguda que
si la embarazada se acuesta sobre la cama en una posición que a él no le gusta, comenzará a moverse
para hacerla cambiar.
Poner la atención sobre estas pequeñas pero tan certeras señales permite conocer
al bebé antes de "verlo". Comunicarse con él le dará la seguridad de llegar a este nuevo mundo
siendo respetado y escuchado.
Después de nacer
Al momento de nacer el bebé tiene el sentido del tacto perfectamente
desarrollado. Su sensibildad se concentra sobre la estimulación cutánea y sobre todo con la boca
que establece el primer contacto con el mundo externo, en particular modo con la madre. Despúes de
nacer, el contacto epidérmico entre la madre y el hijo conforta al recién nacido y lo introduce en
un mundo cálido y seguro, en el nuevo mundo.
Estudios recientes afirman que las caricias favorecen al crecimiento físico,
psicomotor y afectivo, como también la maduración inmunológica del niño:
El neonato experimenta un desarrollo mental mayor y su sistema nervioso madura
con más rapidez.
Al pequeño se le transmite un sentimiento de confianza en el mundo.
Mediante las caricias se vivencian sensaciones de amor y placer.
La piel de la mamá le dará las "baterías" que lo ayudarán a estimular el propio
sistema inmunológico.
Los bebés prematuros tienen un mayor aumento de peso y una mayor actividad
motora.
La mamá aprende a descifrar las necesidades de su hijo, porque le entrega un
momento de atención exclusiva.
Al niño se lo incentiva a tener mayor seguridad en sí mismo y a desarrollar su
autonomía.
Lloran menos los niños que experimentan un contacto físico mayor.
María Paula Lo Celso
Educadora en masaje infantil
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