Mi querida amiga, cuentan que una vez, un niño preguntó: "Papi, ¿cuánto ganas?", dijo el pequeño con voz tímida fijando sus expresivos ojos en su agotado padre que llegaba del trabajo. "No me molestes, hijo. ¿No ves que vengo muy cansado?".

Mi querida amiga, cuentan que una vez, un niño preguntó: "Papi, ¿cuánto ganas?", dijo el pequeño con voz tímida fijando sus expresivos ojos en su agotado padre que llegaba del trabajo. "No me molestes, hijo. ¿No ves que vengo muy cansado?".
"Pero, papi, decime, por favor ¿cuánto ganas?", insistió. "Doscientos pesos al día", respondió el hombre irritado con tal de quitárselo de encima. El niño lo tomó de su saco y le dijo: "¿Papi, me prestas cien pesos?" El padre montó en cólera y tratando con brusquedad al niño, le dijo: "Así que para eso querías saber cuánto gano. Andate rápido a dormir y no me estés molestando, muchacho aprovechado".
En silencio, con la cabeza baja para ocultar un sollozo, el pequeño se retiró. Ya había caído la noche cuando el padre se puso a reflexionar sobre lo ocurrido. El incidente lo hizo sentirse culpable, tal vez su hijo quería comprar algo. Había estado muy ocupado en el trabajo últimamente y no estaba muy al tanto de qué pasaba en su casa.
Para calmar su conciencia, y a pesar de estar muy avanzada la noche, se asomó a la habitación del pequeño, y le preguntó: "Hijo, ¿estás dormido?" El niño abrió sus soñolientos ojos a medias. "Aquí tienes el dinero que me pediste. ¿Para qué lo querías?"
Frotándose los ojos, su hijo metió su pequeña mano debajo de su almohada y saco varios billetes arrugados. "Es que quería completar, ¿me vendes un día de tu tiempo?", le respondió.
Mi querida amiga, debo confesarle algo: mientras recordaba esta narración que había leído hace mucho, unas lágrimas aparecieron sin pedir permiso.
Debo confesar que siento temor que algún día alguna de mis hijas me pregunte: "Papi, ¿cuánto ganas?"
Y ahora vamos a cocinar un delicioso postre para el otoño.
Budín de avellanas
Ingredientes:
Bata la manteca a punto pomada y agregue el azúcar sin dejar de batir. Perfume con la vainilla y añada los huevos uno a uno mientras continúa batiendo. Incorpore la harina tamizada junto con la fécula y el polvo para hornear. Una con el chocolate y las avellanas picadas.
Vuelque la preparación en una budinera enmantecada y espolvoreada con pan
rallado.
Cocine en horno precalentado, a temperatura moderada en la reja del centro por unos 60
minutos o hasta que el budín se desprenda de los bordes del molde. Espere unos minutos y desmolde
sobre una rejilla.
Si lo desea glasear pique 120 gramos de chocolate y colóquelo en una cacerolita junto a 4
cucharadas de leche.
Fúndalo a fuego suave y retire. Incorpore 1 cucharada de manteca para
darle brillo, bañe el budín y corone con las avellanas picadas groseramente. Puede reemplazar las
avellanas por nueces o almendras.


