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"Tus sueños se cumplen cuando no bajás la guardia"

A un mes de recibirse de médico, Wenceslao "Wenchy" Moreno, de 22 años, quien nació con parálisis cerebral, habla de cómo lograr una sociedad más inclusiva, un deseo que él mismo demuestra que puede ser realidad.

Domingo 21 de Abril de 2019

En el último tiempo comenzó a cobrar importancia a nivel masivo el tema de las neurociencias y el cerebro como órgano fundamental del cuerpo humano. Libros, estudios, conferencistas pusieron el foco en los procesos complejos del sistema nervioso y sus miles de aspectos.

La ciencia avanza a pasos agigantados y cada día se descubren nuevas maneras de abordar sintomatologías que antes parecían ser terrenos inaccesibles para el hombre. Esta evolución, si bien trae consigo una gran cantidad de variables positivas, también deja de lado otros puntos considerables.

Profundizar en lo que siente cada persona parece ir por un carril distinto. De ahí la importancia de detenerse para conocer y escuchar.


Diagnóstico

"¿Alguien sabe que es la encefalopatía crónica no evolutiva?" Con ese interrogante Wenchy interpeló a un auditorio completo cuando lo invitaron hace poco a dar una charla. Y siguió preguntando: "¿Saben que son los movimientos anormales?"

El silencio se sintió en el aire. Como la mayoría de las veces en las que Wenchy sube a un colectivo y siente las miradas lacerantes de algunas personas o recibe un trato inadecuado en algunas de sus actividades cotidianas. O cuando profesores de la facultad le dijeron que debido a su "condición" no iba a poder ejercer la medicina.

Todo enmudece cuando se presenta un muro entre las personas. Pero algo cobra vida en el momento en el que esos muros se derriban para construir puentes.

Wenchy apoya la taza de café en la mesa. Sus brazos se mueven involuntariamente y explica de esa forma los movimientos poco habituales que causa la encefalopatía.

Cuando nació, durante el parto, se quedó sin oxígeno. Los pronósticos para aquel bebé no eran alentadores, sin embargo, su venida al mundo ya marcaría el pulso de muchos de los aspectos que hoy forjan su personalidad: el coraje, la confianza y las ganas de salir adelante incluso en los peores escenarios.

Producto de las secuelas de nacimiento, cuando tenía seis años, lo operaron de cadera y tuvo que aprender a caminar de nuevo con rehabilitaciones largas y muy dolorosas.

En paralelo, su vida transcurría como cualquier otro chico. Iba a la escuela pero no podía escribir, por lo tanto, debía hacer las actividades de manera oral.


Maestros

"La limitación que vos tenés, está en tu cabeza, en el resto no", dijo Fernando Mendoza, uno de los entrenadores de Wenchy en taekwondo.

En medio de las operaciones y miradas de infancia decidió empezar este arte marcial. El desafío no solo fue para él sino también para su entorno: "Todos sabíamos que iba a ser un proceso lento y dificultoso, pero yo confiaba que no sería imposible. Es una disciplina que exige flexibilidad, coordinación, justo todo lo que no tenía y lo fuimos perfeccionando", afirmó Wenchy.

Dentro de las anécdotas destaca lo que sucedió en un torneo regional en Rosario cuando él tenía 16 años. Se preparó todo el año para ese evento y casi llegando a la final se fisuró el cráneo. Ese hecho lo dejaba fuera de competencia pero finalmente, junto a sus entrenadores, pensaron opciones y pudo participar con un casco en la cabeza que protegía el área afectada.

Un golpe en la nariz, otro más y otro amenazaban con sacarlo. La sangre no paraba de caer y debieron taponar ambas fosas nasales. No obstante, la competencia no terminó ahí, aun respirando por la boca, pudo finalizar. "Nunca me gustó la idea de dejar las cosas a medias", confiesa. Esta visión fue lo que le permitió obtener su cinturón negro y comenzar a entrenar a ligas menores.


Que sea tu medicina

Toda una infancia rodeado de neurólogos, pediatras, neurokinesiólogos, fue permeando su curiosidad que se volvió a despertar con mayor fuerza en la adolescencia cuando debía decidir qué carrera estudiar.

Si bien en un principio quería ser biólogo, la iniciativa de su amigo lo hizo dudar cuando nombró la palabra mágica: medicina.

"Llegué a mi casa y empecé a buscar en internet, qué era eso de estudiar la carrera de medicina. Esa ciencia tan compleja fue lo que me enamoró y me di cuenta de que era lo que quería. Me lo planteé como un desafío que no se me iba a borrar hasta que pudiese concretarlo. Ahora estoy en una etapa que falta tan poco que no lo puedo creer", explica el joven, y lejos quedaron sus dudas.

El camino que emprendió era, al menos, una incógnita porque las dificultades motrices seguían: "solo podía subrayar los libros y leerlos una y otra vez"

Conociendo sus limitaciones se acercó a una cátedra para consultar qué herramientas había disponibles para adaptarse mejor. La respuesta del docente fue negativa y lo invitó a cambiar de carrera. "Olvidate que puedas trabajar con pacientes", "dedicate a laboratorio", fueron algunas de las afirmaciones que recibió en los primeros años de carrera. Lejos de motivar, esos enunciados fueron alimentando el miedo y dolían igual que las patadas de taekwondo. Más de una hicieron que caiga en la lona pero al igual que en la final del torneo, Wenchy se puso el casco y siguió adelante: "Con el apoyo de mi familia y grandes amigos no bajé los brazos. Yo ya había rendido bien todos los finales de primer año y me di cuenta que esos profesionales se habían equivocado".

Las prácticas médicas le dieron la confianza que faltaba ya que estaba la duda de cómo sería la atención a los pacientes: "Fue muy positivo pasar a esta instancia. Tenía miedo y sabía que había cosas que no iba a poder hacer y otras que sí. Nunca me choqué con nadie que me dijera nada, nunca sentí que tuviera una discapacidad. Pude hacer en un 90% las maniobras necesarias para atender a alguien, revisarlo y llegar a un diagnóstico".


Discurso

La mejor manera de comprender la vida de Wenchy es asociarlo, también, a otra de sus pasiones: escalar. Ni la encefalopatía, ni la operación de caderas fueron excusa. Buscó los medios apropiados y se fue varias veces a la montaña acompañado de amigos, su novia o la familia.

Tener la fortaleza para enfrentar macizos de piedra, el vértigo de las alturas, las raspaduras de las caídas es digno de aquellos que saben lo que hay en la cima. Cada centímetro que se sube, permite tener una visión más amplia del horizonte y descansar, por un rato, en el paisaje maravilloso que se abre ante los ojos.

"Hay que ser consciente de las limitaciones de uno pero no dejar que estás nos condicionen en lo que queremos hacer", sostiene.

El año pasado, cerca de la fecha de graduación, pensó en la posibilidad de postularse a dar el discurso de fin de año. Le preguntó a un amigo si le parecía probable, entendiendo que sus movimientos anormales quedarían mal ante un evento tan formal. Su entorno tomó la idea con gran recepción y al poco tiempo ganó la elección con más de la mitad de los votos.

"Debo confesar que cuando vi lo que era estar arriba dije que sencillo y no era así estoy nervioso (...) Todo lo vivido es muy difícil de expresar con palabras", dijo en el inicio del discurso de graduación de Medicina ante más de 2000 personas.


La última materia

El camino estuvo lleno de obstáculos y alegrías. En mayo rendirá Clínica Médica, su última materia y luego tiene como objetivo especializarse en neuropsiquiatría.

Su intención es estudiar en el Fleni en Buenos Aires, donde lo atendieron de chico y luego irse a formar al exterior.

También tiene pensado dar charlas, difundiendo su historia y alentar a otros a vencer sus propios límites.

Con sus jóvenes 22 años, su grandeza se impone como las montañas que escala. Tiene un carácter firme, una voluntad de hierro que endulza con su tono de voz y su mirada calma.

Antes de terminar la entrevista le pregunto: ¿Cuál es la clave para avanzar en la vida? "La perseverancia, la firmeza con la que uno se propone las metas, la resiliencia y en no bajar los brazos. Muchas veces el camino es lento y no se ven los resultados rápidos. Eso te baja esa fuerza para seguir adelante, te frustra, pero si te lo propones, si no bajás la guardia, al tiempo llega. Te juro que sucede".

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