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Hechos y omisiones en la educación sexual integral

El enfoque de género y de derechos no debe ausentarse de las aulas. Las resistencias y los avances en el ámbito educativo. ¿Por qué muchos se manejan como si no existiera una ley?

Domingo 04 de Marzo de 2018

El profesor Miguel Angel Santos Guerra suele contar la historia de un docente de química que cuando enseñaba siempre miraba sólo a los varones, y al terminar sus explicaciones dirigía la última mirada a las chicas y les preguntaba "¿Entendieron?".

A ese ejemplo lo comenta una y otra vez cuando habla de género y educación, y es bien gráfico. No es una anécdota al pasar. Es una imagen que se recrea y reproduce ligeramente en las aulas. Pero que también cada vez más cuestionan.

En la promoción de estos cambios tiene que ver la educación sexual integral (ESI) en las escuelas. La Argentina cuenta con una herramienta fantástica que es la ley de ESI 26.150, aprobada en 2006, de alcance nacional tanto para la enseñanza pública como privada, desde el mismo jardín de infantes hasta la instancia superior, donde se forman las educadoras y los educadores.

La ley es escueta, apenas unos diez capítulos. Sin embargo, es la ESI la que ganó un lugar de legitimidad social más allá de la norma. Esto lo apunta la decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Graciela Morgade, cuando afirma que "las experiencias en nuestro país con las leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario hicieron mucho más por la ESI que la ESI misma: legitimaron el enfoque de género y de derecho. Y después los procesos de Ni Una Menos, dolorosos procesos, la movilización popular en relación con los femicidios hicieron mucho".

Morgade participó de los debates que dieron lugar a los Lineamientos de la ESI para las escuelas. Un programa aprobado hace ya 10 años (en 2008) que oficia de guía de trabajo: qué temas tratar, cómo hacerlo, siempre desde una perspectiva de derechos.

El instrumento legal para enseñar está. No depende de las ganas, voluntad ni deseos de implementar esta enseñanza en las escuelas. No hay que pedir autorización a nadie para hacerlo, la ley lo habilita. En todo caso hay que cuestionar por qué tantos chicos y chicas aún son excluidos. La educación sexual integral puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

"Al ver cómo fue mi familia y la vida dura que llevé yo pensaba que a los 15 ó 16 años iba a quedar embarazada; que iba a repetir la historia de mi mamá que quedó a los 14. Para mí eso era una vida natural. Siempre le recriminé por qué no lo dejaba a mi papá, mientras muchos decían que no debía hacerlo porque no teníamos a dónde ir a parar con mis hermanos, que por lo menos «teníamos un techo». Mi papá le pegaba a mi mamá hasta cuando estaba embarazada, era drogadicto. Yo pensaba que mi vida iba a terminar así. Y sin embargo en la escuela me abrieron la mente, aprendí que no tenía por qué correr el mismo riesgo que mi mamá; nos enseñaron a usar la pastilla anticonceptiva, el preservativo a los varones, a valorarnos como mujer; que el dolor del golpe también pueden ser las palabras. Que un hombre te tiene que tratar con respeto y que podés decidir con quién formar tu familia. Todas esas cosas que en las familias no se hablan muchas veces por miedo a la violencia".

El testimonio lo ofreció Caren (22) para contar cómo la educación sexual ofrecida en su escuela le había cambiado la vida. Es la mayor de cuatro hermanos varones, la primera en terminar la secundaria en su familia.

A diferencia de esta joven, Victoria, alumna de un colegio religioso, reclamó en un foro de estudiantes secundarios que se supervisara la aplicación de la ESI en las aulas, en particular en las confesionales, y con razón: "No tenemos educación sexual integral, las clases las da la profesora de catequesis que resuelve las dudas en las horas donde también se charla de religión".

La no implementación de la ESI también pasa en las escuelas públicas. El argumento más escuchado pasa por la falta de capacitación, de materiales,dejando esta enseñanza a voluntad de quienes quieren y pueden encararla. Con el visto bueno oficial, claro.

Pero también hay experiencias pedagógicas que les hacen frente al "no sé cómo" o "no se puede" y piensan colectivamente cómo salir adelante. Una primaria del macrocentro rosarino estableció un protocolo basado en la ley de ESI que toda maestra y maestro deben conocer y aplicar.

Entre esas pautas considera la obligación de esta educación fundamentada en los derechos de niños, niñas y adolescentes, a recibirla y a contar con el auxilio necesario ante el maltrato o el abuso. También a vivir la orientación sexual sin sufrir ningún tipo de discriminación. Y reconocer que "educación sexual siempre hay. Aunque no sea explícita, aunque no dediquemos una clase al tema, siempre estamos educando sexualmente".

Las presiones para que la ESI no se dé en las escuelas son infinitas. Buena parte proviene de los sectores religiosos y conservadores (amplificadas por los medos hegemónicos), que la han desconocido y perseguido y que ahora cuando el necesario debate por la legalización del aborto gana terreno en el país, como manotazo de ahogado salen a considerar que "podría" ser importante su aplicación.

"La Conferencia Episcopal Argentina —reúne a todos los obispos del país— que preside monseñor Oscar Ojea, consideró que «la vida humana es un don» ante el posible tratamiento en el Congreso de un proyecto sobre la despenalización del aborto, y analizó que una alternativa ante esta problemática podría pasar por «establecer como prioritaria la educación sexual integral en la ciudadanía»" (Télam).

Santa Fe es parte de esta problemática que, con diferentes matices, se expresa en todo el territorio nacional.

Cuando se cumplieron los 10 años de aprobación de la ley de ESI, el diputado socialista Julio Garibaldi presentó un proyecto para que la provincia de Santa Fe tenga su propia norma en la materia. La iniciativa perdió estado parlamentario el año pasado. Las acusaciones apuntan al lobby ejercido por religiosos, en particular de pastores evangélicos, para que no se tratara.

Garibaldi lo niega. Dice que en la Legislatura se escuchan y tienen en cuenta todas las voces, y que el no tratamiento se debe a la decisión de incluir la ESI en el proyecto de ley de educación provincial que elabora Santa Fe. La idea es que en esa futura norma de educación haya un capítulo dedicado a la ESI, y en caso que "llegaran a quedar cuestiones no abordadas" se iría por la ley propia de ESI para Santa Fe. Es decir, se volvería a ingresar el proyecto en la Legislatura provincial.

¿Qué pasa hoy con la educación sexual integral en el país? Graciela Morgade resume esta realidad en el ajuste y en la ausencia del Estado para garantizarla. Habla de un "escandaloso desfinanciamiento" y en dejar librada esta enseñanza a lo que cada jurisdicción quiera hacer: "Al ser una política descentralizada, muchas veces las provincias siguen adelante con el programa de ESI, pero muchas veces no".

Morgade admite que en los últimos días, con el debate sobre la legalización del aborto, muchos sectores rescatan la ESI en las escuelas: "Coinciden en los beneficios de esta educación para no llegar al aborto, algo con lo que estamos de acuerdo. Pero la contradicción y el cinismo están en la baja presencia de este programa por el bajo presupuesto". Un desfinanciamiento —concluye— que se extiende a otros organismos clave en la problemática, como el Instituto de la Mujer, que no dispone de presupuesto para aplicar las políticas que hacen a la salud reproductiva de las mujeres.

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