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Hacia el fin del estigma

Temida y rechazada a lo largo de la historia, la lepra es una enfermedad muy poco contagiosa, que hoy se cura. Las manchas con pérdida de la sensibilidad deben motivar una rápida consulta. Lanzan una nueva Campaña de Educación sobre la enfermedad.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

Todo comienza con una o varias manchas, pero no son manchas cualquiera. Los expertos las llaman "manchas mudas" porque pueden estar en cualquier parte del cuerpo, ser muchas o pocas, grandes o pequeñas, enrojecidas o planas, más claras u oscuras que el resto de la piel pero siempre, siempre, con una característica común: la pérdida de sensibilidad. Si se pinchan esas manchas con un alfiler no se siente dolor. La piel está adormecida.


Ese síntoma debería llevar lo antes posible al dermatólogo. Es que puede indicar una enfermedad tan antigua como la historia del mundo, que hoy se cura con un tratamiento sencillo pero que aún da miedo, rechazo y genera estigma. Esa enfermedad se llama lepra.

Desde el 1º al 5º de octubre la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) inicia la 19º Campaña y Educación y Prevención de este mal que se diagnostica cada año en 300 a 400 personas en nuestro país.

Lo más importante —explica el doctor Jorge Tiscornia, ex presidente de la Sociedad Argentina de Leprología y coordinador de la campaña— es motivar la consulta precoz y dejar en claro dos cosas: la lepra hoy se cura y es de muy difícil contagio. Si una persona engripada va al trabajo contagiará al 20 o 30 por ciento de sus compañeros en un día. Esto, en el caso de la lepra, es imposible: sólo se transmite después de un contacto sostenido y prolongado, íntimo, y durante varios años.

La doctora Mónica Recarte integra el servicio de Dermatología del hospital Carrasco, que muchas décadas atrás albergó a pacientes cuando la enfermedad no tenía tratamiento curativo y se aislaba a los enfermos.

"Los leprosarios ya no existen —comenta la dermatóloga, que coordina la Campaña en Santa Fe—. Sí eran necesarios antes de la medicación. El punto de inflexión fue en 1982 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó un tratamiento que redujo drásticamente los nuevos casos y permitió por primera vez la curación".

Un problema importante, añade Tiscornia, es que suele demorar varios años en ser diagnosticada, en parte porque la gente no consulta y en parte porque no siempre los médicos piensan en la enfermedad. "La lepra anestesia porque daña los nervios", continúa el dermatólogo. "He tenido casos de pacientes que por falta de sensibilidad se queman o lastiman las manos o los pies y no se dan cuenta. Hay que llegar antes de eso". Es que la lepra avanzada puede causar daño permanente en manos, pies, ojos y rostro y también ceguera, parálisis, úlceras y amputaciones.

Cuestión de inmunidad

La lepra es más frecuente en adultos que en niños, aunque existen casos en la infancia. No es hereditaria. Si una embarazada tiene lepra, puede recibir tratamiento.

"En nuestro país es endémica", afirma la doctora Recarte. Hay áreas de Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe y provincias de la Mesopotamia donde existe más de 1 caso cada 10.000 habitantes, y en esas zonas es un problema de salud pública, aunque en promedio en el país no lo sea. En La Patagonia, por ejemplo, no hay casos autóctonos. La lepra sigue los corredores fluviales, áreas cálidas y húmedas. Algunas están más cerca de Brasil, que se disputa con la India ser el país donde está más extendida en el mundo".

En Capital Federal y Gran Buenos Aires reside el 30 por ciento de los nuevos casos que se suman cada año. "El bacilo que produce la enfermedad, Mycobacterium leprae o Bacilo de Hansen —explica el doctor Tiscornia—, vive en mejores condiciones a determinadas temperatura y humedad. En los países de Asia, cuando soplan los vientos monzones, húmedos y cálidos, el bacilo prolifera mucho más que en otros momentos del año entre los contactos de pacientes sin tratar".

¿Es una enfermedad de pobres? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "las condiciones de vivienda deficientes y el hacinamiento influyen de manera importante en el mantenimiento de la transmisión de la lepra".

Tiscornia y Recarte, sin embargo, puntualizan que el nivel socioeconómico no es un determinante, aunque factores como una nutrición deficiente influyen.

"En La Florida, uno de los barrios más residenciales de Rosario, tenemos casos", dice la doctora Recarte. Y el doctor Tiscornia menciona pacientes porteños de buen pasar, algunos con títulos profesionales.

"El contagio necesita de una predisposición personal, de una respuesta inmunitaria característica", asegura la médica. No es piel a piel, como podría creerse, sino a través de las vías aéreas a través de secreciones (tos, estornudos, etcétera).

"Con una sola toma de la terapia que combina dos o tres drogas, según el caso, el bacilo prácticamente desaparece", asegura Tiscornia, y aclara que hay opciones terapéuticas para todos los estadíos de la enfermedad.

El éxito depende de tomar al pie de la letra la medicación. "Es una toma supervisada cada 28 días, en el consultorio, y todos los días una o dos pastillas de 6 meses a un año. ¿Por qué supervisada? Para asegurarnos de que se cumpla, aclara la dermatóloga. ¿Y si faltan? los llamamos para que vengan". La medicación tiene cobertura estatal.

Tan importante como vencer la enfermedad biológicamente es ganarle al prejuicio y el rechazo. La princesa Diana, por ejemplo, encaró varias misiones visitando leprosarios en diferentes lugares del mundo para que las personas con esta enfermedad dejen de ser discriminadas. "El estigma perdura y eso es muy difícil de combatir. Por eso es importante insistir en que se cura y difícilmente se contagia", comenta la dermatóloga rosarina.


>>> José María Fernández

A pesar de haber nacido en Tucumán, el doctor José María Fernández (1902-1965) se sentía rosarino. Médico dermatólogo, comenzó muy joven en el Servicio de Leprología del hospital Carrasco, donde llegó a ser director interino.

Siempre combinó la atención de los pacientes con la investigación. Es considerado el leprólogo más importante de la Argentina. Su giro por los hospitales más importantes del mundo especializados en lepra lo llevó al encuentro con el japonés Kensude Mitsuda, Ambos son autores de dos importantes herramientas diagnósticas: las Reacciones de Fernández-Mitsuda que evalúan el comportamiento de la piel a las 48 horas y a los 21 días de inyectar sustancias que despiertan respuestas inmunes frente a la posible presencia de la lepra.

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