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"En la prostitución vos nunca elegís"

Elena Moncada relató su dura historia de vida marcada por la opresión y el dolor. Por qué lucha hoy. Los cuestionamientos que recibe. Una luchadora que exige que se cumplan los derechos que protegen a las mujeres

Domingo 09 de Septiembre de 2018

Elena Moncada vivió más de 30 años parada en las esquinas sometida a los proxenetas. Lo describe con crudeza en su libro "Yo elijo contar mi historia", que está presentando en todo el país, y que también la trajo a Rosario. Con esfuerzo "titánico", relata que pudo salir de ese mundo y de las drogas. Hoy encabeza una ONG que lucha por los derechos de las mujeres y reclama políticas públicas para este colectivo.

   Ella es una de las tantas víctimas de la trata. A los 17 años empezó a prostituirse en las esquinas. En su libro cuenta, en un relato personal y conmovedor, cómo vive una trabajadora sexual, cómo a diario se viola a las mujeres, y resalta que cada vez son más jóvenes las chicas que se someten a la prostitución. "Somos la lacra de la sociedad, lo que nadie quiere mirar", asegura quien intenta dar visibilidad a circunstancias de vida que suelen ser sumamente dolorosas. Su libro ofrece una descripción reveladora y dura de un universo casi siempre oscuro y oculto.

   Sus palabras son francas y directas. Elena Moncada lucha por los derechos de las mujeres y acompaña a muchas de las que trabajan en la prostitución. Sale por las noches a recorrer las esquinas de Santa Fe, donde vive, para confortar a quienes están en la calle. Lo hace un poco sola porque si bien militó, luego se despegó del movimiento #NiUnaMenos. Dice que allí ahora el mayor objetivo es legalizar el aborto y ella no está dando esa pelea, sino otra: que las mujeres puedan tener otra opción ante la prostitución y que se dejen de ser vulnerados sus derechos más básicos.

   Después de 34 años de sometimiento, Elena levantó al cabeza y se propuso cambiar de vida. Pero no fue fácil. El camino que empezó a abrir de a poco, bastante en soledad, hoy recibe a cada vez más mujeres.

   El primer gran paso para hacer visible su lucha lo dio con este libro. Allí se desnuda. Cuenta los dolores de su infancia, su necesidad imperiosa de amor, el hambre que la obligó a trabajar, el engaño y la seducción de los proxenetas, el negocio de la prostitución siempre acompañado de la droga y el abuso. Y en ese marco, sus hijos, sus amores, y su nieto, aquel pequeño que provocó el gran cambio de su vida. Hace 10 años fundó la ONG Mujeres en Actividad, para que muchas puedan tener una vida digna.

   En una charla directa y franca, Elena confiesa los motivos por los que lucha en este colectivo femenino tan ocultado.

—¿Vos decís que la prostitución no es un trabajo ¿por qué?

—Soy abolicionista, no se puede llamar "trabajo" a la prostitución, porque no se lo recomendarías a tu hija. En la prostitución vos no sos dueña de tu cuerpo, vos no elegís, te eligen. A lo mejor alguna puede elegir, como Moria Casán, pero es porque tiene plata. El resto no lo elegimos nunca. Las mujeres caemos en la trampa del proxeneta. Te enamoran haciéndote creer que en algún momento podrías tener tu casa para no quedarte tirada en la calle toda tu vida. Y uno empieza a vivir para él, sin darte cuenta de que va a usarte para que trabajes con tu cuerpo y le lleves dinero. En la prostitución siempre hay un fiolo, un proxeneta y seguramente un policía que lo protege...

—¿Por dónde pasa tu lucha hoy?

—Peleo porque faltan políticas públicas. Necesitamos un cambio social que deje de ver como trabajo a la prostitución. Eso es lo que quieren los que se aprovechan de las mujeres. ¿Por qué no se puede ofrecer una alternativa a las mujeres que tienen que mantener su familia y no tienen forma? Yo recorro todas las noches las calles de Santa Fe, y estoy con las chicas que están allí buscando un centavo. Es muy triste su situación. Intento aconsejarlas para que vayan al hospital cuando lo necesiten porque muchas están enfermas.

—¿Por qué decidiste escribir un libro contando tu vida?

—Conté mi historia para que otras mujeres se piensen como sujeta de derechos, para que los varones no consuman el cuerpo de las mujeres. Cuando recorro las calles me encuentro niñas de 12 años ejerciendo la prostitución y hasta las he visto de 8 años habilitadas. Esto sucede en nuestra provincia y es muy terrible, porque prostitución es violencia física, psicológica, sexual e institucional contra la mujer.

—¿A qué te dedicás con tu ONG?

—Con la ONG Mujeres en Actividad hacemos prevención de sida y enfermedades de transmisión sexual. Por la noche llevamos preservativos a las chicas que trabajan en la prostitución, las animamos a que se hagan el test de HIV y las acompañamos al hospital si es necesario. Muchas veces llevo chocolates o ropa y eso las pone muy contentas porque no están acostumbradas a que alguien se acuerden de que son alguien.

—Algunos te critican porque trabajás con la Iglesia...

—Sí, pero no me importa. En estas recorridas me acompañan curas de seis parroquias de Santa Fe, y ellos hacen una gran tarea de escucha. Además, me consiguen donaciones a través de Cáritas y por eso les puedo llevar ropa o alimentos. Ellos me pidieron venir porque querían estar cerca de las personas que la están pasando mal. No se trata de juzgar sino de ayudar. Eso es lo que yo hago.

—¿Qué le reclamás al Estado?

—A esta altura no quiero entregar más forros, ¿sabés por qué? Porque las mujeres me dicen: "No quiero estar más en la esquina, estoy indispuesta, tengo 40 grados de fiebre", y yo con un preservativo no lo puedo solucionar. Allí hace falta que el Estado les pueda ofrecer otra opción laboral. En la última recorrida que hice con este frío y lluvia, una compañera me dijo que se paraba en esa esquina desde los 12 años y tenía 39. No quería estar más allí, pero no sabía qué podía hacer para sostener a su familia. Falta compromiso social con este colectivo de mujeres.

—En las charlas que das por el país ¿también te van a escuchar hombres?

— ¡Por supuesto! Me encanta hablarles a los hombres. Les digo que no deben consumir cuerpos. Que si pueden, se imaginen que esa prostituta que ven en la calle puede ser su hija, su nieta, su esposa. Porque nos tenemos que dar cuenta de que los prostituyentes, mal llamado clientes, son papá, abuelo, tío, hermano, vecino, primo, y por eso ya hay que empezar a hacer algo desde el hogar. Es el patriarcado que no nos deja ver esta realidad de que son ellos los que no nos respetan.

—¿Cuál es tu próximo desafío?

—Escribir la segunda parte del libro, que es contar cómo se puede salir adelante y trabajar con dignidad y por los demás. Quiero que cuando la gente lea mi libro puedan entender que nadie elige estar en una esquina de noche. No quiero que la gente diga que son putas y que lo hacen porque les gusta la vida fácil. La gente tiene que entender que esas mujeres necesitan ayuda y que no lo eligen. Yo no lo elegí.

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