Una región atravesada por la producción
Las palabras de Cerra adquieren una dimensión particular en el sur santafesino, donde conviven actividades metalúrgicas, siderúrgicas, de maquinaria agrícola, línea blanca y numerosas pequeñas y medianas empresas.
Desde su experiencia profesional vinculada al mundo del trabajo, consideró que uno de los principales problemas es la ausencia de una estrategia sostenida que permita mejorar las condiciones de competitividad de la producción nacional. “No hay una política de Estado que empuje a las industrias a ser competitivas”, afirmó.
Y agregó un elemento que considera determinante: los tiempos necesarios para desarrollar una política industrial exceden largamente los períodos de una administración. “No hay país desarrollado que haya podido desarrollar su industria sin políticas de Estado a largo plazo, de 20 o 30 años”, remarcó.
En ese escenario también ubicó las dificultades que enfrentan las empresas argentinas para competir internacionalmente frente a grandes potencias industriales. Cerra mencionó específicamente los casos de China e India y sostuvo que esa competencia se produce entre estructuras económicas y laborales diferentes.
Para el abogado, el desafío consiste en alcanzar mayores niveles de competitividad sin reducir la discusión únicamente al costo del trabajo ni desconocer los derechos laborales construidos durante décadas.
El trabajo también está cambiando
El diagnóstico sobre la industria llevó inevitablemente a otro interrogante: qué está ocurriendo con el empleo y con las formas tradicionales de organización laboral.
Cerra reconoció que el escenario cambió profundamente. “El mundo laboral mutó. La representatividad sindical no es la misma de hace 50 años”, señaló.
Pero uno de los desafíos más importantes, sostuvo, estará en las nuevas modalidades de empleo generadas por los avances tecnológicos. La inteligencia artificial, la automatización y fundamentalmente las plataformas digitales están creando relaciones laborales que muchas veces no encuentran una respuesta adecuada dentro de las normas tradicionales.
Cerra evitó una interpretación lineal del fenómeno. “No podemos decir que el trabajo en plataformas es precarización absoluta”, planteó.
Para el docente universitario, la respuesta no pasa por desconocer esas nuevas modalidades sino por construir una legislación capaz de acompañarlas. El objetivo, sostuvo, debe ser “darle un marco legal para que sea trabajo digno”.
En ese punto aparece uno de los grandes interrogantes que atraviesa actualmente al derecho laboral: cómo incorporar nuevas tecnologías y formas de producción sin que la innovación implique necesariamente una pérdida de derechos.
Cerra también fue crítico respecto de algunos conceptos utilizados para presentar las modificaciones de la legislación laboral. “El ser humano debe ir diez pasos adelante”, expresó al referirse a la necesidad de anticipar jurídicamente las consecuencias de las transformaciones tecnológicas y productivas.
En ese marco cuestionó lo que denominó el “engaño burdo de la modernización laboral” y defendió una legislación que acompañe los cambios pero continúe generando derechos.
Su planteo parte de una premisa: modernizar las relaciones laborales no debería significar necesariamente eliminar protecciones existentes. Por el contrario, entiende que las nuevas modalidades productivas obligan a pensar instrumentos diferentes para realidades que hace algunas décadas directamente no existían.
“Hay una tolerancia inédita”
Otro de los aspectos que Cerra destacó fue un cambio que observa en el comportamiento de los propios trabajadores frente a situaciones económicas y laborales adversas.
“Notamos una pasividad social nunca vista”, afirmó.
Cerra sostuvo que lleva alrededor de dos décadas participando de negociaciones colectivas y que actualmente percibe niveles de tolerancia que no había observado anteriormente. “Hace 20 años que hago negociación colectiva y hoy hay una tolerancia inédita”, aseguró.
El abogado vinculó esa transformación con cambios más profundos en el funcionamiento y la representatividad de las organizaciones gremiales.
A su entender, el modelo sindical argentino tuvo históricamente una característica particular: la búsqueda de mecanismos de negociación entre capital y trabajo que permitieran mejorar las condiciones sociales de los trabajadores.
“El modelo sindical argentino era un ejemplo en el mundo, basado en el colaboracionismo de clase para el ascenso social”, sostuvo. Cerra consideró que ese esquema sufrió modificaciones importantes durante los últimos años y admitió que observa ese proceso “con mucho dolor”.
La educación pública como herramienta de movilidad
La conversación también permitió conocer una dimensión más personal del abogado y docente. Cerra se definió como “hijo de la educación pública” y vinculó directamente su trayectoria profesional con las posibilidades que encontró dentro del sistema educativo argentino.
Recordó que realizó especializaciones en Harvard y en la Universidad de Castilla-La Mancha, pero puso especialmente el acento en el camino que le permitió llegar hasta allí. “Llegué a Harvard gracias a la educación pública, desde el jardín hasta mi maestría”, expresó.
Para explicar la dimensión que tiene la educación en su historia familiar contó que sus padres no fueron profesionales: su padre terminó la escuela secundaria a los 70 años y su madre alcanzó sexto grado. Hoy, señaló, tiene una hija médica y un hijo abogado. “Eso es fruto de la educación pública”, afirmó.
Cerra calificó como “durísimo” el momento que atraviesa la universidad pública y utilizó una definición contundente para describir el papel que le asigna dentro de la sociedad argentina: “Es nuestra última barricada de defensa de soberanía”.
La docencia constituye, de esa manera, otro de los espacios desde donde observa las transformaciones laborales. El contacto con las nuevas generaciones también le permite advertir que la relación de los jóvenes con el empleo y con las organizaciones sindicales ya no responde necesariamente a los parámetros de décadas anteriores.
Newell’s, la otra pasión
La última parte de la entrevista permitió salir del ámbito estrictamente laboral para ingresar en otra de las facetas de Cerra: su participación como dirigente de Newell’s Old Boys. “Fue la decisión más difícil de mi vida”, reconoció sobre su incorporación a la vida dirigencial rojinegra.
Explicó que su vínculo con Newell’s tiene raíces familiares y describió las particulares exigencias que implica conducir una institución deportiva en una ciudad como Rosario. “Ser dirigente en Rosario es tremendo porque podés hacer todo bien, pero si el domingo la pelota pega en el palo y sale, no sirvió de nada”, graficó.
Cerra destacó además el trabajo que se está desarrollando con dirigentes jóvenes y particularmente la tarea vinculada al scouting y la búsqueda de talentos en la región. “Tenemos una comisión con chicos de 30 años que son los dirigentes del futuro y del presente”, destacó.
También dejó una reflexión sobre el lugar que ocupa Newell’s dentro de la sociedad rosarina al considerar que la institución tiene capacidad para atravesar pertenencias políticas y diferencias ideológicas: “Newell’s trasciende colores partidarios”.
Rosario como motor
Después de recorrer la industria, el trabajo, los sindicatos, la universidad y el fútbol, Cerra terminó regresando al punto de partida: Rosario y su región.
Pese al duro diagnóstico que realizó sobre la actualidad industrial, planteó una mirada hacia adelante basada en las capacidades productivas y humanas construidas históricamente en esta zona. “Rosario siempre demostró ser el motor de la región y del país”, afirmó.
Y frente al escenario que había descripto durante la entrevista, eligió cerrar con una expectativa: “Aspiro a tener esperanza en esas oportunidades a pesar del momento que estamos viviendo”.
La definición sintetiza las dos caras de su análisis. Por un lado, una advertencia severa sobre el presente de la industria y la necesidad de políticas de largo plazo. Por otro, la convicción de que Rosario y su cordón productivo todavía conservan capacidades suficientes para protagonizar una recuperación.
En una región cuya identidad económica y social se construyó durante décadas alrededor de las fábricas, los talleres, las pymes, el conocimiento y el trabajo, la discusión que propone Cerra va más allá de una coyuntura: qué modelo productivo tendrá la Argentina y qué lugar ocupará la industria dentro de él.