En cada una de las localidades donde funcionaron garitos clandestinos, la gente de esos lugares obviamente estaba al tanto. Nada pasa inadvertido en los pueblos y hasta incluso es comidilla de vecinas. "¿Viste lo que perdió el Lucho anoche? ¡Qué barbaridad, che!", podría ser tranquilamente un comentario extendido en tiempo y espacio en cualquiera de los distritos que alguna vez contó con esas "malditas" maquinitas que hacen "fundir a la gente".En varias ocasiones fueron las esposas, de los tenaces apostadores las que presionaron hasta el hartazgo a las autoridades policiales y hasta políticas con el argumento, casi siempre real de que "el esposo se la pasa en el bar o se está gastando toda la guita en esas máquinas malditas".




























